Juan Ramón Álvarez, la historia del cadete honesto

Juan Ramón Álvarez se convirtió en un ejemplo de honestidad por estos días en la ciudad de Villa María al devolver 50 mil pesos que encontró tirados en la calle. Se sube a la moto a diario y recorre las calles de Villa María con todos los mandados que recibe en su trabajo como cadete. Desde El Regional Diario Digital pudimos hablar con él sobre su gesto, aunque de antemano dijo «no hice otra cosa que lo que corresponde».

Escribe: Gabriela Beck

Juan Ramón tiene 54 años y el miércoles 30 de junio, cerca del mediodía, mientras circulaba con su moto por calle San Juan al 1330, vio lo que parecía ser un fajo grande de plata tirado en la calle. Dudó unos instantes, pero sus ojos no mintieron. Al bajarse de su rodado, se agachó junto a una camioneta que estaba estacionada y efectivamente se trataba de un manojo compacto de billetes, que estaba sujetado por un papel, con un sello y una firma. En uno de los billetes estaba anotada la cifra de 50 mil pesos.

Una mujer que caminaba por allí, se acercó al ver la situación y el trabajador le dijo lo que acababa de encontrar. Ella también con total honestidad le dijo que no sabía de quién podía ser, y cuando se enteró que la idea de Juan Ramón era devolver el efectivo, ella sugirió dar aviso a la radio.

El sello del fajo indicaba que se había sacado del Banco de la Provincia de Córdoba y hacia allí se dirigió. Se entrevistó con dos efectivos policiales, le contó lo ocurrido e inmediatamente uno de ellos dio aviso de la situación.

En minutos, estaba aparentemente con el gerente del lugar, quien se mostraba un poco sorprendido también de que Juan Ramón estuviera devolviendo el fajo en cuestión. Allí le hicieron saber que lo que estaba haciendo no era una actitud que se vea a menudo. Miraron el sello y la firma que estaba en el monto de dinero y un cajero señaló que era él quien había dado el dinero. Allí lo dejó a resguardo mientras prometieron encontrar a su verdadero dueño, que en definitiva era lo que deseaba el cadete.

Por la tarde, lo llamaron y le dijeron que el verdadero dueño había sido encontrado y que se trataba de un jubilado. Se hicieron los contactos telefónicos pertinentes y el dueño del dinero quiso conocerlo personalmente.

El encuentro
Este jueves, pudo charlar con el hombre que había perdido el fajo de billetes, un hombre de unos 70 años, quien junto con su esposa, lo recibieron a Juan Ramón para agradecer tan noble y honesto gesto. Ahí le contó que el dinero estaba destinado a un pago, y que lo llevaba en el bolsillo de su chaleco cuando yendo en bicicleta se le cayó al piso. Cuando se percató de la situación, volvió a su casa y lloró abrazado a su esposa, sin imaginar siquiera que había un ángel salvador que le devolvería todo lo perdido.

Juan Ramón Álvarez tiene 4 hijos, dos varones y dos mujeres de entre 20 y 11 años, su esposa es docente en Ticino. Hace bastante tiempo trabaja de cadete. «Antes trabajaba para una empresa que se estaba construyendo pero cuando se terminó el trabajo y no pude lograr otro trabajo efectivo. A mi edad es muy difícil encontrar un trabajo en blanco. Me encantaría poder tener otro, no andar tanto en la calle, pero mientras tanto sigo con el que tengo, no soy de quedarme con los brazos cruzados».

Sin sorpresas

Para Leonardo Nara, uno de los dueños de la Cadetería «Daniel», lo realizado por Juan Ramón Álvarez no sorprendió. «Juan Ramón es así, es un tipo derecho, honesto. Acá lo conocemos muy bien y sabemos de todo lo bueno que es capaz de hacer y nos ha hecho muy buena publicidad», señaló a El Regional Diario Digital.

Por estos días, el servicio de cadetería pasa un buen momento en el marco de la pandemia; se está trabajando muy bien, según nos indicaron. Están recibiendo muchas llamadas a diario y durante los fines de semana por momentos están colapsados, especialmente con el delivery de comidas.

El honesto Juan Ramón Álvarez hecha a mano a unas simples pero profundas palabras: «hice lo que tenía que hacer, fui inculcado con buenos valores, no hice otra cosa que lo que me enseñaron mis viejos».

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