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[HISTORIAS] Mundial 86: El hombre que llevó a D10S en sus hombros [Video]
Roberto Cejas tuvo el privilegio de llevar en andas a Diego Maradona durante los festejos por la Copa del Mundo de México, en 1986. En una entrevista con C20 Noticias, rememoró aquella tarde inolvidable del 29 de junio.
Escribe: Germán Giacchero
“Fue maravilloso”.
El tipo ha contado mil veces la misma historia. A sus amigos, conocidos, vecinos, extraños, periodistas, a la TV, a los diarios, a las radios, a los portales de internet. Quizás hasta haya soñado con ella.
Pero no se cansa de repetirla.
Y no deja de remarcar lo maravilloso que ha sido estar ahí, en ese lugar, en el momento indicado, con el aporte del universo que confabuló para que fuera él quien llevara sobre sus hombros al mejor jugador del mundo, a Diego Maradona, a D10S, para dar la vuelta olímpica y celebrar el campeonato del mundo en México 86.

Hace pocos días, el 29 de junio, el calendario se encaprichó en recordar que pasaron 35 años de aquella gesta, hazaña o epopeya que le permitió a la selección argentina obtener su segunda copa del mundo y catapultar a Maradona hacia el Olimpo celestial del fútbol.
También pasaron tres décadas y media de una tarde calurosa y eternamente inolvidable para el tipo que sacó a pasear en andas a Maradó ante un Estadio Azteca arrodillado ante la magia de sus pies. Y a las manos de Dios que ahora acariciaban esa copa dorada como si no hubiera tesoro más preciado en el cosmos entero.
Pero, claro, él se había ganado el mote de “barrilete cósmico” y los astros estaban de su lado.
El tipo se sumó también a ese coro nada angelical de gritos desaforados convertidos en gargantas lastimadas, a ese tsunami de nervios de punta transformados en llantos de chicos, a esa alegría eterna cosechada gracias a una sinfonía de sangre, sudor y lágrimas, con alma de potrero, pero en el verde césped del templo del fútbol mundial.
El tipo es santafesino y se llama Roberto Cejas. Ahora, peina canas, pero la memoria pareciera no fallarle en nada. Y cuando se le pregunta, recuerda ese viaje desde Argentina a México para ver la final contra Alemania sin tener la entrada en mano.
Rememora las peripecias para conseguir un ticket que le permitiera ingresar al coloso azteca, y luego los desafíos para poder estar en la parte más baja de la platea, y más tarde cómo consiguió entrar al campo de juego, y cómo, casi por casualidad o designio divino, se topó de frente con Diego y sin mediar palabra lo alzó sobre sus hombros y lo llevó a festejar.
No pudo conseguir los botines maradonianos, porque “Pelusa” se los había prometido a Doña Tota, su mamá. “Bajame, bájame”, dice que le dijo Diego. No cruzaron mayores palabras, pero la sensación era inexplicable, única, divina.
Al otro día se descubrió en varias portadas de diarios. Pero, no pudo reencontrarse con el Diez hasta el mundial de Brasil en 2014. El programa “De Zurda”, donde participaba Diego, lo contactó para verse las caras nuevamente. Maradó había estado preguntando por él en una conversación informal.
De esa alegría pasó a la bronca y el dolor, como el que padecieron millones de argentinos tras la muerte de Maradona.
Pero, él será el tipo de la foto. El que llevó en andas a D10S, un dios pagano plagado de defectos, pero con hechizos en los botines, para celebrar coronados de gloria, a miles de kilómetros de distancia de donde un pueblo gritaba su desahogo con la magia del fútbol.
Y con su sinónimo más exquisito y eterno. Diego Armando Maradona.
Y el tipo estuvo allí.
Se llama Roberto Cejas. Y jamás podrá olvidar ese día.
Nosotros, tampoco.
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