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[Música e Historia] “El Arriero: las penas son de nosotros, las vaquitas son ajenas…”
Escribe: Leo Muñoz
Vaquerías
Aunque a algunos les pese, este es un país que se construyó con vacas y de a caballo. Desde la introducción del ganado vacuno en el Siglo XVI, su multiplicación fue acelerada, la abundancia de pastos y aguadas, los pocos grandes carnívoros en la fauna sudamericana y la pronta adaptación de las reses a este hábitat, facilitaron el fenómeno que grandes cantidades de cabezas de ganado pastaran sin dueño en las tierras del Río de la Plata.
Las “vaquerías” durante los siglos XVII y XVIII fue la principal actividad económica en la campaña, eran autorizaciones del Cabildo para sacrificar el ganado cimarrón y proveer de carne, cuero, grasa, cuernos, a las poblaciones y a los artesanos.
Miles de cueros se exportaban anualmente a España y al resto de las colonias, los animales estaban allí, a mano del que los tomara. Toneles de charqui y tasajo viajaban en bodegas de los barcos para alimentar su tripulación, especialmente a los esclavos traídos desde África.
El Arriero
Los enormes arreos de ganado bovino, equino y caballar que se desplazaban en nuestro territorio eran conducidos sabiamente por los “arrieros”, hombres conocedores de las mañas del oficio de dominar los animales, de las huellas y las aguadas, de las buenas y malas pasturas.
La geografía argentina en el llano como en la montaña, repetidamente fue recorrida por estos navegantes del gran mar verde, de pasos de montañas, de desiertos, de salinas. Conductores de riquezas ajenas, rumiantes de inmensas soledades, expuestos a las furias y bendiciones de la naturaleza, así como al ataque de ladrones de ganado, cuatreros indios y cuatreros gauchos.
En los Ejércitos de la Patria
La necesidad de alimentar a los soldados en tiempo de la Guerra de Independencia, y otras guerras del Siglo XIX, con carne vacuna como principal alimento, así como el cuidado del ganado caballar, necesitaba del oficio de los arrieros.
Las grandes fuerzas militares de la época eran habitualmente acompañadas por arreos de vacas, así como caballadas, bajo el cuidado de arrieros, baqueanos y algunos milicianos. El arriero gaucho no escapó a la mirada de Don Atahualpa Yupanqui, lo retrató en su justa dimensión con la letra de la canción que recordamos, poncho al viento.
“El Arriero” (Atahualpa Yupanqui)
En las arenas bailan los remolinos
El sol juega en el brillo del pedregal
Y prendido en la magia de los caminos
El arriero va, el arriero va.
Es bandera de niebla su poncho al viento
Lo saludan las flautas del pajonal
Y guapeando en la senda por esos cerros
El arriero va, el arriero va.
Las penas y las vaquitas
Se van par la misma senda
Las penas son de nosotros
Las vaquitas son ajenas.
Un degüello de soles muestra la tarde
Se han dormido las luces del pedregal
Y animando la tropa, dale que dale
El arriero va, el arriero va.
Amalaya la noche traiga recuerdos
Que hagan menos pesada la soledad
Como sombra en la sombra por esos cerros
El arriero va, el arriero va.

