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Dejar todo para recorrer el mundo: La aventura de dos familias de la región
Escribe: Germán Giacchero
Hay muchos argentinos que quieren irse del país. Pero, no están en plan de fuga, para buscar nuevos horizontes laborales, profesionales o simplemente una oxigenación mental en otro sitio que ofrezca algo más de lo que la patria celeste y blanca pareciera ofertarles.
El encierro global activado por la pandemia quizás hizo entrar en ebullición deseos postergados o ideas trasnochadas de recorrer otros lugares, encontrar variados destinos y vivir novedosas experiencias. Alguna vez consideradas imposibles o inalcanzables, pero que ahora están a un paso de hacerse realidad.
Ya no tanto en modo solitario, con una mochila al hombre y largas caminatas por rutas desconocidas. Más bien como un plan familiar, con altas dosis de adrenalina, pero con una cuidada organización, una hoja de ruta bien definida y los recursos bien contabilizados.
Miles de personas se hallan en modo trashumante por parajes, caminos y paisajes de Argentina. También por el resto de nuestro continente. Pero, a quienes hacen un culto de esta vida nómade se suman nuevos emprendedores, con sed de aventura, con ganas de “vivir” la vida.
Parece una redundancia, pero no lo es. Ni para los Alocco – Vasconi ni para los Ávalos – Molina. Son solo dos ejemplos de tantas familias que decidieron encarar cruzadas continentales para no solo disfrutar de los paisajes de las postales. También, respirarlos, sentirlos, vivirlos y hasta padecerlos. Porque eso quizás también forme parte del paquete turístico de ocasión, armado a gusto y placer personal. O, mejor dicho, familiar.

Aventura “alocada”
“Estamos más cuerdos que nunca, a pesar del apellido”, dice entre risas Gabriel Alocco. Es analista de sistemas y junto con su esposa, Jorgelina Vasconi, y sus hijos, Sebastián y Alessandro, viven en Justiniano Posse.
En un juego de palabras, la idea “aloccada”, es que en pocas semanas más dejarán su tierra para adentrarse en las profundidades de nuestra Argentina y el continente americano. El plan es simple: vender todas las pertenencias que se pueda, salvo la casa, y juntar ahorros para recorrer en un motorhome el sur argentino y luego el resto de América hasta llegar a México. Quizás, Alaska.

Las tierras aztecas también son el destino final del matrimonio de Río Tercero integrado por Maricel Molina y Pablo Ávalos. Tras 34 años de casados, la pareja que tiene familiares en Villa María, se animó a romper la rutina y también en un motorhome desandarán territorio patagónico hasta recibir el año nuevo en Ushuaia. Luego, harán lo propio con el resto de Latinoamérica.
“Esto es una aventura que hace muchos años venimos programando, vamos a arrancar, luego veremos en qué termina”, sostienen bañados por las expectativas y la ansiedad que el viaje les genera.
De Posse a Alaska
La primera semana de enero de 2022 está definida para que Gabriel y Jorgelina, junto con sus hijos de 6 y 12 años, emprendan viaje hacia el sur argentino en un motorhome Sprinter 413, la que será, según el plan, su casa rodante durante varios años.
“Creo que es una aventura que muchos sueñan y nosotros estamos intentando atrevernos a hacerla. No fue algo arrebatado, tiene algo de alocado, pero está planificado. La pandemia nos dio tiempo para madurarlo, tuvimos tiempo para escucharnos, para habilitar lo que sentíamos y pensar cómo queríamos vivir de aquí en más”, explica la familia de Justiniano Posse.
Primero, la procesión fue por dentro, hasta estar seguros del tremendo paso que iban a dar, sobre todo desde lo económico, que suele condicionar las decisiones humanas. “Luego, pudimos salir a comunicarlo, porque nosotros tenemos trabajo, estamos insertos en una sociedad, y hay que salir de la comodidad de tu hogar, los sueldos fijos, para buscar otra forma de vivir”, indican.
¿Está planificada la aventura para ser permanente o algo temporal?, es la pregunta. La respuesta es inmediata. “Los viajeros siempre dicen que cuando uno empieza el recorrido es difícil volver a la normalidad. Nuestro primer objetivo es llegar a México y estimamos que eso nos va a llevar una buena cantidad de años. Luego veremos”.
“Nosotros nos quedamos con nuestra casa en Justiniano Posse, vendemos todo, estamos dispuestos a ver qué nos trae esto. El camino nos va a mostrar hacia dónde, cuánto tiempo, saber si tenemos o no que volver a nuestras raíces”, agregan.
Los más pequeños también están convencidos. “Está buena la idea, pero da algo de miedo dejar a la familia y a los amigos. Pero, también queremos cumplir nuestros sueños de pasarla lindo y hacer nuestro viaje”, dicen casi a dúo.
“La clave es poder compartirlo en familia, porque nos dimos cuenta que uno siempre posterga para el momento ideal”, apuntan papá y mamá.
“Siempre decimos cuando los chicos crezcan, cuando nos jubilemos, pero nos gusta estar en familia y por eso decidimos hacer esto, todos estamos conformes y contentos. Estamos aprendiendo, a todos nos genera inseguridad, todo ese proceso interno que surge ante lo nuevo, pero estamos dispuestos a hacerlo”, aclaran con énfasis.
En principio, la idea es salir hacia el sur, territorio desconocido hasta ahora para ellos. “Nuestro primer objetivo es el sur. La idea es luego empezar a subir por la ruta 40, hacer Chile y los países limítrofes de nuestro lindo país y tomar curso hacia Centroamérica y llegar a México. Estamos en contacto con mucha gente viajera que nos dice que el camino te va mostrando qué rumbo seguir. Así que veremos”, concluyen.
De Río Tercero a México
Él tiene 60 años y ella 56. Pablo y Mónica son jubilados y también decidieron vender todo para transitar por Latinoamérica a bordo de “La caprichosa viajera”, la trafic alargada adaptada como motorhome con todas las comodidades para largas travesías. “Así, no dependemos de nada ni de nadie”.
“Por un problema de salud de él, decidimos comprar el motorhome y lanzarnos a la aventura. Mi marido tenía una empresa de parquizaciones, yo soy podóloga, pero dejamos todo”, remarca la mujer.
“Queremos ir al sur, a Ushuaia, al fin del mundo, que no lo conocemos, luego volver a estar con la familia y partir hacia México, donde tenemos a un hijo. Queremos empezar el año nuevo en la ciudad más austral”, anticipa. Y ya comenzaron el recorrido que se puede seguir por la página en Facebook,
“Las sensaciones son de incertidumbre y ansiedad, somos un matrimonio de 34 años, hacemos un buen equipo, ya estamos acostumbrados a estar juntos”, destaca él, que no puede conducir por un problema en la cadera, pero se encargará de la cocina y de otras labores en el trayecto latinoamericano.
“Sin tiempos, ni plazos”, manifiestan. Así será el viaje de sus vidas. “No es fácil porque hay que desprenderse de muchas cosas materiales y afectivas. Ahora nos vamos y no sabemos cuándo vamos a ver a nuestro nieto. Pero, son oportunidades de la vida, hay que aprovecharlas, porque no sabemos si vamos a poder hacerlo en otro momento”, finalizan entusiasmados.
No importa la edad, la composición familiar, la época del año, los temores de siempre, las sugerencias ajenas ni nada que pueda entorpecer el camino.
Allá irán. A recorrer el planeta, o al menos una buena parte. Dejan casi todo para poder hacerlo. Pero, volverán con mucho más de lo imaginado.
Pero esa, esa será otra historia.
(Fotos: Facebook y Puntal)



