[Historias] El teléfono fijo, una especie en extinción, y los reclamos de siempre

Escribe: Julio A. Benítez – benitezjulioalberto@gmail.com

El servicio telefónico en el país fue inaugurado en el año 1880, durante la presidencia del teniente general Julio Argentino Roca.

Desde entonces a, a la fecha, no hay duda que se han realizado esfuerzos plausibles para dotar a la población de dicho servicio imprescindible de comunicación y en relación a las de larga distancia es también mucho lo que se ha andado desde aquella primera vez, en que lo hiciera el doctor Bernardo de Irigoyen, desde Chivilcoy a Buenos Aires, en 1882.

Un interesante perfeccionamiento se ha producido en el transcurso de los últimos 50 años, tras la instalación de los primeros servicios automáticos experimentados en Córdoba, primero, y en Rosario, casi inmediatamente después.

También es forzoso reconocer el progreso que ha significado la instalación de modernas conmutadoras que se movilizan cada vez que se inicia el discado de un número telefónico.

Operadoras de la central telefónica en nuestra ciudad, años 70 (Villa María de Antaño).

Los reclamos

Pero el usuario reclama una mayor exactitud en el servicio que, justo es reconocer también, adolece de graves fallas, las que originan a veces, serios trastornos al abonado que continuamente se ve entorpecido en su deseo de rápidas y exitosas atenciones.

Conocemos las excusas que se dan por estos inconvenientes, mientras de aduce la imposibilidad de una mejor prestación de servicios, en primer lugar, porque las 182 centrales automáticas existentes en el país ya exigen ser reparadas, tras haber excedido su vida útil y que es necesario la renovación de equipos desgastados por excesivo uso y que hace falta el tendido de nuevas líneas.

También se aduce el descuido que existe en el mismo público para mantener en buenas condiciones los aparatos, y hasta daños intencionales que a veces se ocasionan, cuando sería de desear una colaboración que atenúe la magnitud de los inconvenientes que se producen.

Una pesadilla

Todo es perfectamente cierto y muy razonable, pero los teléfonos son una continua pesadilla para los usuarios, entonces algo hay que hacer para que el servicio sea de primer orden, en las actuales circunstancias, y los modernos y dinámicos tiempos que necesitan se adapten a las nuevas necesidades de las comunicaciones.

Si es necesario renovar todo, pues que se renueve, modernizarlo y ponerlo en condiciones de agilidad necesaria para adecuarlo a las exigencias del momento.

Fuente: Periódico Centenario Nº 4 – 14 de junio de 1967

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