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[Historias] Don Carmelo, el heladero de todos los barrios
Escribe: Julio A. Benítez – benitezjulioalberto@gmail.com
Es inevitable, a medida que transcurren los años, ver cómo los almanaques y el espejo nos devuelven una imagen muy alejada de aquella niñez, cuando en plena siesta de verano, el sonido de una corneta parecía decirnos “Anda, pídele a mamá las veinte guitas para comprarte el helado… Se acerca Don Carmelo”.
Y mamá, de sus ahorros, sacaba los 20 para darnos el gusto. Algo más si éramos dos o tres hermanos… No, no era fácil, juntar 40, 60… A lo mejor papá no había cobrado…
Y para recordar lo que significó Don Carmelo, conversamos con don Juan Carlos Antonucci, quien narra esta historia, simple, muy simple, como fue la vida de su famoso y querido abuelo, que recorrió durante muchos años todos los barrios, con su carrito, que él fabricó, cargado con varios gustos de su artesanal producción.

Iniciando su relato, Juan Carlos dice:
“Carmelo, nacido en Génova, llegó a Villa María con su máquina, modelo 1890, fabricada por “Hojalatería G. Centola – Irala 1114 al 1120 – Génova” (Foto) y con la corneta, también de origen genovés.
Se radicó en calle Catamarca 1685 (enfrente, al 1688, vivía don Francisco Vaquero, ya fallecido). Carmelo fue padre de 10 hijos.
La máquina, que tenía dos faroles de bronce, uno de cada lado y otros accesorios, con el tiempo fueron desapareciendo.


Una caldera, como las del ferrocarril, que le permitía hacer sonar el silbato como las verdaderas locomotoras, toda una atracción; el público que no lo había escuchado, y el que ya lo conocía, también se arrimaba.
Fue todo un suceso, cuando, en invierno, tostaba maní y vendía jesuitas calentitas frente a la exconfitería “La Esperanza”.
Finalizando, Juan Carlos dice:
“Ahora, a esa famosa máquina, con la que tosté maní común y con chocolate durante 50 años en el centro de nuestra ciudad, la vendí, de lo que no termino de arrepentirme, pero continúo trabajando con un triciclo motorizado. A la “Duchessa Di Génova” se la puede ver en lo de don Daniel Larroque, calle San Juan”.
Helados en carrito
También conversamos con Víctor Antonucci, que vendía helados con un carrito fabricado por el mismo. “El caballo que lo tiraba ya sabía que cuando se arrimaban los chicos, debía parar. Para reiniciar el recorrido, Víctor le cantaba una canción… Arrancaba más rápido cuando escuchaba una cumbia”.