[A 150 años] Celso Caballero, el último cautivo de los “indios” ranqueles (Audio)

A 150 años de su ingreso al mundo de las Pampas infinitas…

Escribe: Miguel Andreis

Mediodía tórrido y asfixiante en los agrestes campos de la estancia de “El Chato”, miles de hectáreas para pastoreo. Allí, en un zanjón, como buscando pelearle al sol se encontraba un pibe de 13 años.

Celso Caballero montaba un petiso rengo. Lento y blando de boca. Alcanzó a divisar a lo lejos un remolineo de polvo que se levantaba como acuchillando las pocas nubes.

El retumbar de los cascos de la caballada lo paralizó. Era un malón tal como se lo habían contado una y mil veces. Quiso esconderse, pero no hubo tiempo. El crenchudo que venía parado sobre el caballo divisó al petiso pastando y no hizo falta mucho para encontrar al pibe.

Lo cargaron al anca pegado al cuerpo engrasado y con torso desnudo de quien sería, en el viaje, una especie de tutor. No hubo palabras ni malos tratos. Melincué los esperaba.

Lo cargaron al anca pegado al cuerpo engrasado y con torso desnudo de quien sería, en el viaje, una especie de tutor. No hubo palabras ni malos tratos

Cada lancero llevaba tres o cuatro cabalgaduras. Sin bajarse de los mismos iban rotando los lomos para que el cansancio se repartiese entre bestia y hombre. Sobre los mismos, de pie, hacían sus necesidades…

Las placas en la tumba de Celso Caballero, en el cementerio de Ballesteros Sud.

Aquello ocurrió el 15 de noviembre de 1872. Se trató del último malón por estos pagos. De aquel hecho de cautividad pasaron 150 años. Celso regresa a Ballesteros Sud, el poblado donde vivía, a punto de cumplir los 40 años. Más tarde vendrá a vivir a Villa María y fallecerá ciego en 1938.

En ese mundo de tolderías y lanceros en una libertad plena donde la muerte acechaba a cada galope  

El pasado martes 15 de noviembre, dos de sus nietos, parientes y amantes de la historia se hicieron presentes en el camposanto de Ballesteros Sud, para conmemorar los 150 de su cautiverio, se puso en su tumba una bandera de la Federación de Ranqueles, una corona que nunca tuvo.

El abogado Carlos Caballero, nieto de Celso, en una alocución magistral transformó esa sumatoria de tumbas y cruces, en un mágico viaje, en el que trasladó a todos los presentes desandando el infortunio (o no) de Celso en ese mundo de tolderías y lanceros en una libertad plena donde la muerte acechaba a cada galope. 

El autor de la nota junto con quienes estuvieron en el homenaje a Caballero.

Una historia tan rica en vivencias, crueles y bellas…

Casi como un pincel en la mano pinta el desandar de un mocito que olvidó su niñez a cambio de una lanza y una cultura. Carlos Caballero como en un paso mágico le dio vida y dialecto desconocido para las huincas, nosotros, por unas horas, a su entrañable abuelo Celso… 

A continuación, los audios de la entrevista realizada en Radio Centro:   

También podés leer:

Compartir:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *