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[Argentinadas] La vida es una pelota. Y la pelota es mundial…
Escribe: Raquel Baratelli
En tiempos mundialistas la vida se transforma, la esperanza de salir campeones y revivir los festejos que tiempo atrás se hicieron realidad convierte a la población en una especie de secta de energúmenos vestidos de celeste y blanco que practican las mil y una cábalas, que no hacen más que estudiar fixtures y calendarios, analizando y calculando próximos partidos y rivales que la selección “deberá derrotar”.
Por unos cuantos días, con la celeste en el corazón y el corazón puesto en Messi, el deseo de gol es todo; la mente argenta es abducida por la pelota, el vocabulario se sintetiza en la palabra Gol y la mirada se vuelve ojo de pez, todo es redondo.
En cada partido en el que la patria juega y “se juega” con cada integrante de la selección, la vida se detiene, un silencio sepulcral inunda las calles vacías…
En cada partido en el que la patria juega y “se juega” con cada integrante de la selección, la vida se detiene, un silencio sepulcral inunda las calles vacías, ni los perros ladran, de tanto en tanto un lamento salido de ultratumba, a veces un grito colectivo desmesurado, matizado con algún silbato; noventa minutos que prolongan una agonía racionalmente inexplicable.

En fin, cada partido, un parto, una neurótica espera por La Victoria, un ritual colectivo vital que se practica cada cuatro años frente a la pantalla en cada partido de la selección, congregando a fanáticos y a desentendidos del deporte, en torno a la pelota que gira en una cancha, al compás de los pies de los jugadores y de la mirada de los espectadores que empujan, saltan, gritan y sufren en las tribunas, en la oficina, en la escuela, en un bar o en casa.
Tras la decepción del primer partido, las ciudades argentas fueron una especie de escenario de “The walking dead” por un día, en el que a más de uno hasta se le piantó un lagrimón.
Tan cantada estaba la victoria, tanto ego entre nosotros, que perder sonó a derrota. Sin embargo, sabiendo que una batalla no hace a la guerra, la celeste volvió a encenderse a la espera del próximo partido; los muertos vivos resucitaron como el ave fénix, muchos reencarnados en técnicos profesionales del “fulbo” que dedicaron sus días a dar cátedra y explicar lo que se debe y no en el juego.
Así las cosas, chicos, durante estos tiempos mundialistas, pase lo que pase, todo en la vida argenta será una pelota…
Finalmente, en la segunda batalla la victoria llegó, los muertos vivos resucitaron del todo en un grito que fueron dos, despertando la esperanza de seguir en carrera; los relatores, devenidos en eufóricos poetas del éxito, quedaron afónicos y la celeste copó calles y balcones renovando las ansias de ganar la próxima y las que vengan después.
Así las cosas, chicos, durante estos tiempos mundialistas, pase lo que pase, todo en la vida argenta será una pelota… lo que venga después en la cancha de la vida, ya se verá.