La investigación por los presuntos abusos sexuales infantiles denunciados en...Leer más
🔴 Desde el gremio @ate.villamaria remarcaron que la negociación salarial se encuentra...Leer más
El principal acusado por el femicidio de Agostina Vega fue...Leer más
Del 22 al 27 de junio habrá talleres, espacios de...Leer más
Imagen: mundoempresas.com.ar Un equipo de la Universidad Nacional de Villa...Leer más
La propuesta gratuita está destinada a estudiantes de nivel primario...Leer más
[Historias] ¿Sueño o delirio? La ciudad deportiva de Boca Juniors que naufragó para siempre
A principios de 1965, el gobierno democrático del doctor Arturo Illia, con su vicepresidente Carlos Perette (boquense de ley), le otorgó a Boca Juniors un sector en el Río de la Plata, adyacente a la Costanera Sur, para que, mediante relleno, se construyera una Ciudad Deportiva de 40 hectáreas. Fue un sueño, pero también un delirio. A continuación, te contamos la historia reflejada por la revista Siete Días a finales de la década de 1970.
Escribe: JULIO A. BENÍTEZ – benitezjulioalberto@gmail.com
El pujante y por momentos delirante presidente boquense, don Alberto J. Armando (conocido como el “Puma”), definió el proyecto con una frase: “Fe y Trabajo”.
Cuando el primer camión volcó el contenido de tierra y escombros, siendo estos devorados por el río, los presentes lo miraron con cara de “Armando está loco”. Pero la obra comenzó a crecer con prisa y sin pausa acompañada por el éxito deportivo del equipo de fútbol.
Primero pareció una idea descabellada e irrealizable. Era 1962, pero el germen de la iniciativa venía de antes, tenía ya como 20 años. Nació en 1947, cuando Alfredo López era presidente del club, solicitó a la Municipalidad nuevas tierras para que su club pudiera emprender una expansión social, pero la tentativa no prosperó.
A partir de allí, los sucesivos trámites continuados por Boca Juniors, compra del ex Parque Romano en 1952, intentos, en 1954, por lograr el área de Casa Amarilla, que tampoco lograron sacar al club de su clásica y estrecha residencia, “La Bombonera”.




Ante las reiteradas dificultades, sólo quedaba una alternativa: emigrar en busca de otros terrenos más amplios, aunque completamente alejados del lugar donde nació la institución.
Una noche de 1962, y casi accidentalmente, el desaparecido ingeniero José Luis del Pini, que paseaba por la costanera sur en compañía del presidente de Boca Juniors, lanzó una aventurada idea: esas 40 hectáreas de agua que se agitaban junto a la costa, podrían ser la base de la futura ciudad que Boca pugnaba por construir. Y lo fueron.
La idea toma forma
La mediación del exdiputado Reynaldo Elena logró, poco más tarde, que el Congreso Nacional sancionara la ley que otorgaba al Club Atlético Boca Juniors, un trozo del Río de la Plata, espacio comprendido entre la calle Humberto I, la Avenida Costanera y la línea de ribera.
Boca Juniors había llegado a los umbrales de la aventura, pero carecía de los medios económicos para emprenderla. Es en ese momento, cuando el apoyo de sus socios, simpatizantes y aficionados al deporte en general, se manifestó con una intensidad abrumadora: entre febrero de 1965 y noviembre de 1966, los Títulos Patrimoniales lanzados para financiar las obras, suministraron al club 2.500 millones de pesos m$n.
“La confianza del público fue increíble –confesó Armando– y lo increíble reside en que nuestra gente, que en materia deportiva ha sido defraudada tantas veces, haya respondido con una confianza absoluta. Curiosamente –afirma– hemos logrado más repercusión que la que oportunamente tuvo el Empréstito Patriótico de 1961”.
A casi un año del instante en que el primer camión volcó el material sobre el río, 70.000 camiones han transportado más de 300.000 metros cúbicos de tierra, rellenando y comenzado a definir, en parte, los límites de la futura ciudad.

“Una vez terminada, será algo así como Venecia en Argentina” aseguraba el doctor Mateo Pagés, de la comisión de Obras de Boca Juniors. La ambiciosa comparación estribaba en que se habían planeado 11 islas, con canales de navegación intermedias para embarcaciones deportivas.
Un megaproyecto
Para llevar a cabo dichos planes, ya se habían cercado más de 30 hectáreas de tierra. El volumen de hormigón armado empleado para montar el “table-estacado”, que sirve como muro de contención –de haberse construido hacia arriba– hubiera permitido erigir en 10 meses, una torre de 500 metros de altura, con 678 departamentos, para 3.500 personas.
Pero esta costa artificial se construyó hacia abajo, a 5 metros debajo del lecho del río y a 5 de la superficie, donde ya se había inaugurado un moderno sistema de iluminación que prolongaba el muro costanero, introduciéndolo a 2.200 metros dentro del río. Casi simultáneamente, una de las islas estaría totalmente parquizada y pavimentada, con 3.000 árboles, un morro de 9 metros, caminos interiores y una fuente.
“Para fines de 1967, la Ciudad Deportiva será una nítida y asombrosa realidad”, aseguraba el ingeniero Mateo Pagés, técnico que llevó a cabo una obra similar al levantar el vecino edificio de SEGBA, en tierras ganadas al río.
Para ese entonces, un gran estadio que albergará a 140.000 personas sentadas y un microestadio, para 30.000 espectadores, serán el campo de acción de la hinchada más estridente y popular del mundo. Pero el fútbol no será la exclusiva actividad que se desarrollará.
Los nuevos “Millonarios”
“Boca ha emprendido esta obra, para dejar de ser solamente un gran club de fútbol y transformarse en una institución socio deportiva de envergadura”, afirmaba Armando.
“Con esta finalidad, un amarradero para 500 embarcaciones, campos abiertos para cada tipo de deporte, una torre de 100 metros de altura, con comedor giratorio, salones y stands de exposiciones, confiterías, capilla y un vestuario para 7.200 personas serán distribuidos en las 11 islas y simultáneamente un servicio de colectivos propios permitirá el rápido desplazamiento interno”.

Por otra parte, y considerando la importante movilidad humana que se generará hacia esa zona de la Capital, la Municipalidad deberá encarar algunas obras demoradas, como la ampliación de la Avenida Madero y la terminación de la Autopista, que a través del Puente Madero une la Capital con la ciudad de La Plata. La trascendencia de la obra se observa en un detalle: hay más de 50 pedidos de líneas de colectivos para llegar a la ciudad.
Para fines de 1967, Boca se convertirá no sólo en el club con mayor número de socios –unos 200.000 –de todo el mundo (cada título representa la cuota de ingreso a la institución), sino, también, el más adinerado: la construcción de la Ciudad Deportiva, teniendo en cuenta el terreno ganado al río y su posterior valorización, capitalizarán a Boca en 13.000 millones de pesos m$n, pero “no por eso –dice Armando– despojaremos a River Plate del apodo de “millonarios”, en absoluto, simbólicamente ellos seguirán siéndolo. Nosotros, en cambio, adoptaremos el más humilde de “italianos enriquecidos”.
Servicios a la comunidad
Mientras las obras planeadas avanzaron a un ritmo acelerado, una posibilidad más fue barajada por los dirigentes boquense. De llegar a un acuerdo con YPF, la mayor embarcación nacional, actualmente de dicha flota, sería adquirida por Boca Juniors, 200 millones de pesos m$n., aproximadamente, para transformar sus máquinas en el grupo electrógeno que proveerá de luz a la ciudad –10.000 kilovatios– y convertir sus instalaciones en un exclusivo hotel flotante para deportistas.

1967 podía ser el año clave, no sólo para Boca Juniors, sino también para los restantes clubes del fútbol latinoamericano, ya que las fuertes recaudaciones que se producen con cada partido pueden ser utilizadas en obras para la comunidad. Sí el estímulo que representa la Ciudad Deportiva se multiplica a través de las muchas entidades nacionales, un mayor ámbito deportivo, puede suplir, en parte, el déficit que, a nivel popular, manifiesta el país.
Todas las posibilidades estriban en que las restantes instituciones deportivas argentinas aprovecharan la experiencia, que la Ciudad Deportiva activara la fibra más fecunda de todo club: volcarse hacia la comunidad.
Anuncios estrafalarios
Lo que no se decía al principio, comenzó a gestarse con el tiempo. Mientras avanzaba el relleno y la construcción de la confitería con pileta, canchas de tenis, piletas de natación, canchas de todos los deportes, anfiteatro, fuentes ornamentales, autocine, parque de diversiones, sectores de recreación y camping, el presidente se envalentonaba y anunciaba la construcción de una torre gigante con confitería giratoria en la cumbre (que debe ser la que finalmente se instaló en el Parque de la Ciudad) y un gran estadio para 150.000 personas en la isla 7 y que sería inaugurado el 25 de mayo de 1975 a las 11 horas.
Para financiar la obra se vendían Bonos o Títulos Pro-patrimoniales que daban categoría de Socio Patrimonial para el uso de las instalaciones.
El presidente, mientras tanto, hacía anuncios a veces estrafalarios, como que se iba a colocar la bandera de Boca en la Luna o que él recorrería las tribunas los días de partidos, vendiendo artículos y chucherías xeneizes para recaudar fondos y cuando Argentina fue designada organizadora del Mundial 78, el gran nuevo estadio sería la sede principal.

Una de las empresas constructores era Christiani & Nielsen y financiaba también el Banco Holándes Unido, del cual Armando era mandatario.
El decreto original aclaraba que, si no se completaban las obras, todo pasaría a poder de la Municipalidad de Buenos Aires.
Los éxitos deportivos locales seguían y el otro sueño de Armando, la Libertadores, que afianzaría al club a nivel mundial, no se concretaba. Mientras tanto, todo lo que no era para el estadio se va completando y funcionaba a pleno.
Piedra fundamental
En 1970, un militar fanático de Boca, el general Alejandro Agustín Lanusse, asumió el gobierno militar que ya venía de dos fracasos desde 1966 y apoyó el sueño de Armando, quien en una ceremonia hecha el 25 de mayo de 1972 colocó, en su presencia, la piedra fundamental del futuro gran estadio.
La obra sería financiada con series de rifas gigantes denominadas Cruzada de las Estrellas y Cruzada de Oro, más la venta de plateas en la nueva cancha.
Algunos pesimistas hablaban de la imposibilidad de construir semejante mole en terrenos flojos, recién ganados al río. Estábamos en 1972 y Armando todas las semanas iba contando a cuanto micrófono se le cruzara, la cantidad de pilotes colocados alrededor de la isla 7 para continuar la obra.
A nivel político, la presión de Perón desde España y su fiel pueblo argentino forzaron a Lanusse a dar una salida democrática para 1973, levantando 18 años de proscripción al viejo líder.
Entonces, Armando, de antigua militancia peronista, abandonó su pasado y apoyó al candidato de Lanusse, otro milico que sacó muy pocos votos, Ezequiel Martínez.

El aplastante triunfo fue del candidato puesto por Perón, el doctor Cámpora, que gobernó sólo unos meses hasta que, en otra elección, el General Perón llegaba a la presidencia. Esos momentos políticos fueron agitadísimos. Se giró rápidamente de la izquierda de Cámpora a la derecha del peronismo, con López Rega, de genio dominante.
El terrorismo ya había comenzado a tomar cada vez más coraje y jaqueaba al gobierno, había inseguridad social y por primera vez, luego de la muerte de Perón, se conoció la hiperinflación.
Todo este cóctel más algún problema personal no resuelto entre López Rega y Armando, le firmaron el certificado de defunción al gran estadio, que para ese entonces apenas contaba con una tribunita de 30 metros y 8 escalones en el solar de la isla 7.
El fin de un sueño
Algunos allegados contaron que el 25 de mayo de 1975 fue un día dramático para Armando. Con el transcurso del tiempo, la estructura de la Ciudad Deportiva fue decayendo, jugándole muy en contra la costumbre ridícula de los gobernantes de hacer dificultoso el acceso a las zonas, ribereñas, hecho notorio aún hoy en día en Buenos Aires, una ciudad de espaldas al río.
Falta de presupuesto y mantenimiento hicieron el proceso inverso rápidamente: yuyos, óxido, degradación y abandono.
Armando ahogaría muy rápido sus penas cuando el equipo de fútbol del “Toto” Lorenzo le dio sus alegrías pendientes: bicampeonato con final victoriosa frente a River, dos Libertadores y la Intercontinental.
Paralelamente, ya la Junta Militar de Videla en el poder, se construyeron las autopistas y el material de las demoliciones se volcó al río en la zona aledaña a la Ciudad Deportiva, eliminando de esa manera el fabuloso balneario de la Costanera Sur y convirtiéndose en otro atentado al Río de la Plata.
Con el tiempo esos cascotes darían lugar, naturalmente, a la formación de la hoy llamada Reserva Ecológica.

Permisos especiales
En 1979, el intendente de facto, militar Osvaldo Andrés Cacciatore, a pesar de que Boca Juniors había caído en incumplimiento, le amplió el plazo de ejecución de la obra y lo liberó de la obligación de construir el estadio.
En 1978, esta revista logró permiso para entrar y el panorama era una gran olla con aquella tribunita y el tétrico espectáculo alrededor, de yuyos muy altos, tapando topadoras abandonadas y docenas de perros vagabundos.
En 1982, Cacciatore dio por finalizadas las obras y le asignó a Boca la posesión definitiva, se habían rellenado 60 hectáreas, 20 más de lo previsto.
Se le alquiló la isla con la confitería a la Cámara de Comercio Argentino Soviética, que instaló un centro de exposición permanente de productos exportados de la URSS hacia Argentina.
En la Ciudad Deportiva se desarrollaron diferentes actividades ligadas al deporte y la recreación, tenía varios servicios como duchas, pileta, canchas de fútbol y un bar o confitería con una cúpula característica, que en esa época fue una de las más modernas de Buenos Aires y donde también funcionaba el llamado “Parque Genovés”.
La Ciudad Deportiva de Boca Juniors recibió premios por su arquitectura de vanguardia y se llegó a decir que era la continuación de Brasilia, por sus lagos artificiales y puentes y, además, como uno de los complejos deportivos más modernos del mundo.
Un nuevo cambio
En 1989, al inicio de la presidencia de Carlos Saúl Menem, el congreso nacional sancionó otra ley por la que le cambiaba el destino a estas tierras, indicando que podían utilizarse como complejo balneario, náutico, turístico, hotelero o comercial y que estaba habilitado para funcionar como centro habitacional, permitiendo que el club pudiera vender los terrenos.
Pero, por la situación económica del país y de Boca Juniors en particular, por falta de presupuesto, el predio fue cayendo en total abandono.
El club vendió el predio a la sociedad Santa María del Plata en 1992 por un valor cercano a los 50 millones de dólares, con los que Boca Juniors construyó otro complejo en el barrio de La Boca, llamado Casa Amarilla, y en 1997 el grupo IRSA compró los terrenos ganados al río.
Con parte de esos fondos y la cesión de tierras aledañas al estadio, en Casa Amarilla, se construyó el complejo deportivo, con canchas de entrenamiento y años después un microestadio para los deportes techados, como el Vóley y el Básquet, dos disciplinas donde fue gran animador durante varios años.
Estudiosos en el tema, afirman que el proyecto fue una viveza en la que se usó a Boca como entidad civil para obtener costosos terrenos y construir allí un suntuoso barrio, cosa que, mirando hoy en día, reafirmaría esa teoría.
A partir de un convenio urbanístico entre la ciudad de Buenos Aires y la empresa IRSA se prevé desarrollar en el lugar una urbanización de dimensiones faraónicas.
Se trata de una colaboración público-privada que incluye la cesión del 67% del terreno a la Ciudad, con el objetivo de crear un parque público de 43 hectáreas.
Allí, se prevé crear un barrio exclusivo con una inversión millonaria.
También podés ver:
Fuente: Revista “Siete Días” del 3 de enero de 1967.
Algunas imágenes son de La Nación.