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[Historias] El Jabón Pinche y los mandados para la “Vieja”
Esta marca de jabón dejó de conocerse o, mejor dicho, de venderse en cantidades, digamos, normales, y había dejado un recuerdo, de aquella época de los mandados de “la vieja” (mamá). Una marca que nos acompañó en la niñez y era parte del mensaje con que nos “mandaba” a hacer los “mandados.
Escribe: JULIO A. BENÍTEZ – benitezjulioalberto@gmail.com
En épocas de espasmódicas “campañas liberalizadoras” (como hoy mismo), sólo se salva el recuerdo del mandato familiar…
Qué bueno sería que la vieja nos alcanzara la bolsa diciendo, “eres el mayor, ve hacer las compras, toma este dinero” que ya comenzaba a desvalorizarse en futuros billetes con fotos de muchos colores, de fragatas, violáceas, rojos intensos, verdes sudamericanos, fotos de próceres, animales autóctonos, etc. etc.
En fin, una galería casi impúdica de nuestras desventuras cambiarias, inimaginables desventuras para aquellas vecinas bienintencionadas que ahorraban (las que podían) en el colchón y que ni idea tenían de resúmenes de cuenta de tarjetas, ni intimidaciones por atraso de algún crédito en el almacén, la carnicería u otro negocio del barrio, esperando al cobrador de la boleta de la luz, etc.
El buen jabón
Jabón mineral “Pinche” venía en panes duros como el cemento, de 350 gramos, Expediente Municipal Nº 852929953, fabricado por Enrique Daza, barrio Barracas (Bs.As.), con polvo de piedra pómez, envuelto en un papel frágil, con la foto de la empresa.
Era terrible por las propiedades más efectivas para limpiar sin perjudicar los objetos sometidos a su acción abrasiva. Lavaba toda la batería de cocina, los artefactos del baño (de quien tenía baño) y de las manos y cara de los obreros de cualquier industria, taller, etc. También, de fregarse muy fuerte, podía desprenderse una pequeña muestra de piel. Su publicidad era “Donde toca, limpia”.
Además, se usaba la lavandina “Balcarce” y otros productos de limpieza…

Pero, un día sonó la alarma “Pinche” ¡No se fabrica más… conmoción familiar! … y ¿ahora?
Y llegó la noticia de que en el negocio de don Marcos, en el barrio, tenía algo así como 30 panes del jabón nombre estrafalario que, parece ser, había caído en desuso irremediable… y allí fui, compré los 30 jabones, con un pedido con un halo de esperanza: “Si consigue más avíseme, mi mamá los usa y seguro me enviará a comprar”.
Fue un cambio de época imperceptible, tan imperceptible que no sé cómo siguió el tema, lo que sí, aquí estamos, sin más fabricación de “Pinche” y sin tantas otras cosas…sí, como el mandado de la vieja.
Y uno crece y tiene “otros mandados”, más perentorios y menos edificantes y de rigor obligatorio, sin las compensaciones que equilibraban aquellas caminatas pasando por la carnicería de don Procopio Barrionuevo “y cuando vuelvas, pasa por la panadería de don Casasnovas y compras una docena de facturas, de las que más te gusten”, (gracias viejita) sumando un plus cuando yo “rendía el vuelto” de lo gastado y la vieja distraía unas monedas a nuestro bolsillo.
Fuente: Algo de internet y anexos del autor de esta nota, que tiene en un cajón de su escritorio un jabón “Pinche”, cuya fotografía adjunta.