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[Argentinadas] La vida, como las matemáticas: Sumas, restas, multiplicaciones (y divisiones)
Escribe: Raquel Baratelli
En estos tiempos modernos, parece que la vida se ha reducido a números y operaciones matemáticas, viejo, no hay vuelta.
Cada día se suma al anterior, cada hora te resta tiempo. Nuestra función, como adultos productivos es multiplicar cada vez más y dividir lo menos posible para mejorar los porcentajes de ingresos y de éxitos en una ecuación sin fin en la que la incógnita de siempre viene siendo el futuro, el del bolsillo primero y el de la vida propia después.
Pasa en la casa, en la escuela, pasa en el bar; en la cartera de la dama y el bolsillo del caballero, pasa con la plata, con la comida, la economía, la educación, el laburo, la salud… se suma, se resta, se multiplica, se fracciona, la ley de la vida.

Números que pasan, que se van cuando apenas han llegado, como el sueldo, la cotización del dólar y las cifras de la inflación. Pero si hablar de números duros se redujera a la plata vaya y pase, hoy hay, mañana no sabemos, de última siempre nos queda la opción del trueque.
Una sucesión de números va marcando la propia existencia y la sumatoria de meses y años determinan los roles a desempeñar
La cosa es que desde que uno tiene uso de razón, una sucesión de números va marcando la propia existencia y la sumatoria de meses y años determinan los roles a desempeñar, las actividades a realizar y el lugar a ocupar en esta sociedad numerada; hijo, alumno, rebelde adolescente, laburante, padre, abuelo.
Por otra parte, más allá del rol que desempeñemos, todos formamos parte de cifras enormes, estadísticas y porcentajes que determinan índices varios, demográficos, poblacionales, laborales, sociales; tazas de nacimiento, de defunción, de desempleo, en las que cada cual es un integrante de estadísticas y cifras mayores que lo relacionan con sus congéneres, conciudadanos y cohabitantes de este mundo.

En toda sociedad moderna, desde que nace cada persona es literalmente un número, de DNI, en el caso argento, y con el correr de los años va adquiriendo nuevas identidades numéricas CIDI, CBU, tarjetas y usuarios de lo más variados… finalmente cada cual debe manejar y gestionar sus propios números, intentando no confundir identidad con usuario.
Así las cosas, los humanos vamos dejando nuestra calidad de persona, nuestra cualidad de ser y nuestra capacidad de querer ser, para quedar reducidos a una sucesión de números fríos globalizantes y despersonalizantes que nos alejan cada vez de la propia humanidad con sus características emocionales y sociales.
Qué le vas a hacer, viejo, en esta actualidad de inteligencias artificiales habrá que ir acomodando la propia numerología y agiornarse a los nuevos modos de pertenencia porcentuales sin olvidar que los números suben o bajan, las operaciones van y vienen, pero nuestra función principal es la ecuación que mejor combina sumas y multiplicaciones.