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[Opinión] De la Argentina potencia a la máquina de fabricar pobreza
“Ser pobre es ¡tantas cosas! además de la falta de dinero. Es sobrevivir en un largo descenso hacia ninguna parte”. Del libro “La vida breve de Ariel Casselli” de C. Pablos.
Escribe: Cristina Pablos
No es una novedad la proliferación de las villas de emergencia a partir de las grandes crisis como la de 1945 o la del 2001, en la que gran parte de la clase media trabajadora descendía hacia la línea de pobreza. Lo mismo está ocurriendo estos últimos años.
Es verdad que una parte importante de quienes viven en los barrios sumergidos de los conurbanos de las grandes ciudades, pero, especialmente en el gran Buenos Aires, participan en movimientos sociales.
En los últimos 40 años han proliferado las “villas” o barrios emergentes a lo largo y ancho del país. Son personas, compatriotas nuestros (y una gran parte de bolivianos, paraguayos y peruanos) que viven en condiciones infrahumanas: sin luz, sin agua potable, sin gas, sin cloacas, sin pavimento y hasta sin calles y, muchas veces, comiendo de la basura.

En estos barrios crece el narcotráfico, comenzando con el menudo con pibes de temprana edad, como actividad habitual más algún plan social del gobierno del cual, los líderes piqueteros se quedan con un buen porcentaje si no van a reclamar a las marchas que “los gerentes de la pobreza” organizan.
Los robos, violaciones y asesinatos cubren por completo la cotidianeidad de los que viven en barrios más acomodados cercanos a alguna “villa”.
Según el Observatorio Social de la UCA el 50% de la población argentina es pobre (la mitad de los habitantes del país), casi el 40% vive en la línea de la indigencia y 1 de cada 10 niños y adolescentes no se alimentan como corresponde.
Según el Observatorio Social de la UCA el 50% de la población argentina es pobre (la mitad de los habitantes del país), casi el 40% vive en la línea de la indigencia y 1 de cada 10 niños y adolescentes no se alimentan como corresponde.
La Argentina opulenta del siglo pasado y que cuenta con todas las bondades naturales para serlo, se convirtió en una máquina de fabricar pobres; una historia de decadencia en la que lo primero que se expandió fue la pobreza y, últimamente seguida por el desempleo.
Hay una coincidencia generacional en la que, a mediados de los ´70 Argentina profundizó un proceso de deterioro que tenía antecedentes poco visibles; la dimensión del daño social ocasionado por la hiperinflación de 1989 y 1990: el PBI cayó 11% entre 1988 y 1990 y las tasas de inflación anual fueron de 343%, 3.080% y 2.314% en los años 1988, 1989 y 1990 respectivamente.
En 1999 la tasa de desempleo alcanzó por primera vez los 2 dígitos y se mantendría así hasta 2006. Hubo un sensible aumento en la participación laboral femenina y se creó el Plan Trabajar.

La Argentina ya no volvería a su tradicional fisonomía ni siquiera en el periodo de breve recuperación entre 2002 y 2006, aunque no se sabe si esa recuperación se debió a subsidios del Estado.
Durante el gobierno de Arturo Illia-1963-1966- la pobreza era del 3% ¿Qué nos pasó a los argentinos o a los gobernantes siguientes, afectos al populismo los últimos periodos, para llegar a este estado de pobreza tan calamitoso?
Seguramente el pueblo se equivocó al elegir a sus gobernantes, muchos corruptos ladrones, que le robaron al mismo pueblo que los votó.
Esta vez, ¿nos habremos vuelto a equivocar?
Todos queremos que al presidente Milei le vaya bien porque querría decir que a Argentina y a todos los argentinos nos irá bien.
Veremos…