Agua bendita: Ni petróleo, ni oro, ni litio, la guerra que se viene es otra

Para aquellos que aún les resulta difícil creer que el agua pueda ser el próximo objetivo de los poderes mundiales, bastaría repasar algunos de los motivos que llevaron a la humanidad a enfrentarse. Desde el fuego prehistórico, pasando por la pimienta o la sal, hasta el petróleo iraquí o venezolano. Desde hace tiempo el agua cotiza en Wall Street. Toda una señal a futuro.

Escribe: Germán Giacchero

“No sé con qué armas se luchará en la tercera Guerra Mundial, pero sí sé con cuáles lo harán en la cuarta: palos y mazas”. (Albert Einstein)

Hay mujeres que son la perdición de muchos hombres. Helena fue el fatal nombre que desencadenó la de Troya. Su profunda belleza motivó durante años las más diversas disputas varoniles y celos femeninos.

Hasta que el arrebato juvenil del troyano Paris pudo más y, rapto mediante, se la llevó para su casa. Los griegos, enfurecidos, cruzaron el mar, le hicieron la guerra al pueblo del ladrón y, para terminarla de una vez por todas, le obsequiaron un caballo de madera. Y ahí sí, ardió Troya.

La historia de la humanidad no podría ser narrada sin las guerras que marcaron su destino. Desde los primitivos enfrentamientos entre cavernícolas por el fuego y la comida hasta las guerras en Medio Oriente, África y Ucrania, o los golpes de estado en cualquier lugar del globo.

Los métodos y los recursos se volvieron más sofisticados, pero la razón que lleva a la sinrazón de una guerra no ha variado: basta que un pueblo, nación o estado posea un objeto codiciado por otros para que se desate el caos.

La verdadera causa, casi siempre económica, será ocultada bajo una falsa identidad. Llámese evangelización de los infieles, avance del comunismo, presencia de armas de destrucción masiva, lucha contra el terrorismo. Pasó con la pimienta y la nuez moscada. Pasa con el petróleo, el litio y el oro. Pasará con el agua.

Dame fuego

Hace millones de años que aparecieron los primeros seres humanos, pero hace sólo 400 mil descubrieron el fuego. En un planeta oscuro, con el sol como única fuente de calor y energía natural, el fuego pasó a ser el objeto del deseo.

Hubo tribus que consiguieron hacerlo y mantenerlo sin problemas. Las menos evolucionadas guerreaban a las demás para apoderarse de las preciadas llamas.

Mucho más acá en el tiempo, el chocolate inspiró enfrentamientos entre aztecas y otros grupos de aborígenes centroamericanos, al tiempo que la sal se convirtió en un curioso tesoro para los romanos y otros pueblos de Oriente.

Su carencia o su robo podían crispar los ánimos y llevar a interminables batallas. De este elemento deriva la palabra “salario”, ya que con él se pagaba a los soldados del imperio.

La sal ocupó un rol destacado en el conflicto entre India y Gran Bretaña, durante los años de Mahatma Gandhi, que derivó en la vuelta de los ingleses a casa y la independencia del país asiático.

En tierras sudamericanas, la guerra que le quitó a Bolivia el acceso al mar tras su enfrentamiento con Chile en 1879, se originó en la lucha por la posesión de una región rica en salitre.

Picante, picante

Pero el alimento que desveló a media humanidad durante varios siglos fue la pimienta. Un grano de esta especia llegó a valer más que el oro y con un puñado de ellas se podía comprar decenas de esclavos.

Incontables fueron los conflictos originados por esta y otras especias como la nuez moscada y la canela.

En la desabrida Europa sabían que el Oriente era el paraíso prometido en materia de especias. Y hacia allá fue: con los romanos, de la mano de Alejandro Magno, con las cruzadas medievales a Tierra Santa, con el aventurero Marco Polo y tantos otros.

Hasta que los turcos le cortaron el paso por tierra y se vio obligada a buscar por mar la “ruta de las especias” o el “camino a las Indias”.  ¿Y por qué creen que Colón se topó por casualidad con estas tierras?

Asumámoslo de una vez: un grano de pimienta y un gramo de oro podían -pueden- más que cualquier otra cosa. Ciudades enteras y grandes imperios, se forjaron y desaparecieron bajo la influencia del intenso sabor de esta especia.

Oro negro, oro azul

Ya hay muchas voces que se animan a escribir el epitafio del petróleo y de otros recursos energéticos como el gas. El llamado Oro Negro rige el pulso del planeta desde mediados del siglo 19, cuando a pesar de haber pasado miles de años de la creación del fuego, sólo unos pocos podían usar aceite de ballena o gas para obtener luz y calor.

Hoy, cuando aumenta su demanda y se acelera el agotamiento de sus reservas, bajo su nombre se libran guerras de toda calaña.

El mayor consumidor de recursos naturales del planeta, Estados Unidos, teme quedarse sin provisiones. China no se queda atrás para nada, claro.

Por eso, su voracidad ilimitada los lleva a escudarse en falsos argumentos para quedarse con el petróleo de Medio Oriente o de otras regiones del planeta. Por si fuera poco, el país del Tío Sam y el Dragón Rojo son los principales consumidores de agua.

Y sí. Lo que comienza a preocupar a las naciones ricas en recursos hídricos es la escasez de agua a nivel global. Se estima que para esta década un tercio de la población mundial vivirá sumido en la escasez.

En el peor de los escenarios posibles, según la ONU a mediados de este siglo, 7 mil millones de personas en 60 países sufrirán su ausencia. Hoy, dos mil millones de personas viven en países con graves problemas de acceso al agua y en un futuro no muy lejano millones de personas en todo el mundo podrían verse desplazadas por este problema.

Varios países vienen padeciendo desde hace algunos años conflictos internos por las restricciones en el acceso al agua potable. Algunos focos problemáticos se desataron a partir de medidas políticas como la búsqueda de privatizar su explotación y pasarla a corporaciones multinacionales. En el año 2000, en Bolivia hubo enfrentamientos, con muertos incluidos, por un caso de este tipo.

Wall Street hace agua

El agua es un bien cada vez más escaso. Y valioso. Razón por la cual ya cotiza en Bolsa. Sí, aunque parezca extraño, ese líquido tan cotidiano y tan derrochado en nuestras vidas, al que la mayoría de las personas ve salir sin inconvenientes de las canillas de sus hogares, se encuentra dentro del mercado de futuros de materias primas en Wall Street, la capital financiera global.

De esta forma, su precio fluctuará como lo hacen el petróleo, el oro o el trigo. El índice se basa en precios de las principales cuencas fluviales de California (Estados Unidos), donde la escasez del agua ha aumentado, pero este valor podrá ser usado como referente para el resto del mundo en los mercados del agua.

Capitalismo en su máxima expresión. Nada extraño, aunque sorprenda.

Argentina cuenta con amplios recursos hídricos y es una especie de potencia mundial en este sentido. El 48% de su territorio está compuesto por agua, es la segunda reserva más importante de América Latina en cuanto a la cantidad de glaciares y alberga en sus entrañas parte del Sistema Acuífero Guaraní, una de las reservas de agua dulce subterránea más grandes y codiciadas del planeta, compartida con Paraguay, Brasil y Uruguay.

Europa, China y Estados Unidos no dudarán en hacer la guerra si necesitan del agua potable, la fuente de riqueza del mañana, y en apelar a los recursos más groseros para apoderarse, por ejemplo, del Sistema Acuífero Guaraní.

Hoy, poco y nada ha cambiado desde los días del hombre de las cavernas. Una nueva guerra está a punto de estallar en cualquier momento.

Hasta que un planeta brutalmente saqueado, contaminado y destruido se rebele contra su gran depredador y lo sumerja en el frío, la oscuridad y la sed.

Hacia una nueva guerra del fuego.

Y del agua.

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