El bloque de Hacemos Unidos por Córdoba convocó a los...Leer más
El gobernador Martín Llaryora presentó “Con Vos”, una iniciativa provincial...Leer más
El Registro Nacional de las Personas (Renaper) comenzó a emitir...Leer más
El Hipódromo local será escenario de 20 carreras, con ejemplares...Leer más
La postulación para el ciclo lectivo 2027 podrá realizarse de...Leer más
La iniciativa municipal ya superó las 110 atenciones en su...Leer más
A dos años del fallecimiento de “Pirucha”
Ayer, 6 de junio, se cumplieron dos años del fallecimiento de uno de los íconos más importantes que ha tenido nuestra ciudad a la hora de referenciar una profesión ligada a la salud y a la inclaudicable lucha por la vida. Su nombre Teresa Suárez de Orpianezzi, enfermera, aunque el reconocimiento de la ciudadanía lo encuadraba bajo el sobrenombre de “Pirucha”. Un emblema de solidaridad y compromiso que excede la finitud del tiempo.
Quedará grabada en la historia, allá por los años 80- 90, su inclaudicable lucha contra aquella epidemia rural que causara tantas muertes en el ámbito rural: el mal de los rastrojos posteriormente definido como la “Fiebre hemorrágica Argentina”. Todavía flota su imagen de incansable e inclaudicable luchadora que llevaba estampada en su piel el nombre del Hospital Regional Pasteur. Seguramente quedará en los polvorientos caminos de la región y rutas marcadamente alejadas de la ciudad; su desandar carreteras, con carpetas asfálticas o de tierra. Daba lo mismo. El objetivo de la búsqueda lo justificaba. Había que encontrar aquellos gringos o criollos, peones o patrones que atravesaron dicho mal, para extraerle la sangre y lograr el plasma de convaleciente que sirviera para salvar una o dos vidas. Ni el frío ni el calor frenaba a ella y su incondicional acompañante, el cabralense Boscco.
Largo y desigual pleito de aquellos tiempos. El nombre de Julio Maiztegui se convertía en sinónimo de vida. Las expectativas crecían. El nombre del Pasteur ganaba las letras de moldes de los distintos medios comunicacionales del país. Maiztegui y un grupo de científicos y profesionales, habían logrado ganarle la pulseada a la muerte. Ella y un grupo de galenos y representantes en otros órdenes de la salud, entregaron todo sin calendarios que los frenara ni relojes que los aplacaran. Pirucha quedará como un duende de alas blancas, montada en la poco confortable estanciera o el rastrojero del Hospital. Esa entrega sin nada a cambio, en una enfermedad que llegó a terminar con once vidas en un solo día, contabilizando la región, encontró en Pirucha una batalladora sin igual. Cientos o miles de personas guardan en sus más recónditos sentimientos, el imborrable recuerdo y afectos sin tiempos para ella: simplemente “Pirucha”, uno de esos ejemplos que no tienen fecha de vencimiento.
Expiró en el Hospital Italiano de la ciudad de Córdoba. Vaya en esta fecha, el reconocimiento a una enfermera que cruzó el umbral de los intemporales.
Hasta siempre, Señora Pirucha.
]]>