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Aborto y pobreza: ¿Y si hablamos de planificación familiar?
Escribe: Carolina Durand
El pasado jueves 11 de diciembre, el Congreso argentino puso el debate en tablas, sobre la interrupción voluntaria del embarazo. La Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito cumplió quince años, y en estos días, los pañuelos celestes y verdes, han enarbolado dos posturas emblemáticas: “salvemos las dos vidas”, “aborto legal”.
Mientras los primeros sostienen que la vida comienza desde la concepción, al igual que sus derechos; los segundos apoyan la iniciativa del Poder Ejecutivo y consta de dos proyectos: uno que regula la interrupción voluntaria del embarazo y la atención postaborto; y otro que se llama «Mil Días” y propone una serie de medidas para acompañar a las mujeres que deciden seguir adelante con un proyecto de maternidad.
Quienes forman parte de la campaña en contra de la legalización del aborto marcharon a fines de noviembre de este año, en 267 ciudades del país «por los derechos de las dos vidas» y para rechazar el proyecto enviado al Congreso por el presidente de la Nación, Alberto Fernández.

Próximo paso, el Senado
Recientemente, el proyecto recibió 131 votos a favor y 117 en contra y 6 abstenciones, después de un debate que se extendió por 20 horas. En las próximas semanas, el proyecto será sometido a votación en el Senado para su aprobación definitiva, antes de fin de año.
Actualmente, la ley argentina permite el aborto solo cuando el embarazo supone un riesgo grave para la salud de la madre o en caso de violación.
Un debate necesario
No obstante, hay un debate social, que la iglesia tampoco acompaña, y que podría ser una antesala al aborto, la planificación familiar.
No se ha desarrollado campañas masivas, ni debates, ni análisis sociales de los derechos implícitos sobre salud reproductiva.
Todas las parejas tienen el derecho de decidir libre y responsablemente sobre el número de hijos que desean, con qué frecuencia y el momento en que llegan; como también derecho a tener la información y los medios para poder obtenerla y el derecho a llevar una vida sexual segura y satisfactoria.
Pero hablar de una planificación familiar responsable, no solo conlleva el acceso a la información reproductiva y gratuita a los métodos anticonceptivos; sino que la prevención, puede evitar embarazos no deseados (excluyendo violaciones), y los números crecientes de reproducción de la pobreza.

Planificar responsablemente
Con el acceso de los jóvenes a los anticonceptivos, así como a la información y a la asistencia, el estado debiera brindar las herramientas para que en un futuro puedan considerar para sí y sus futuros hijos, que es importante terminar sus estudios, insertarse en el mercado laboral, y que la maternidad/paternidad puede ser lo más importante para una persona, pero tener los recursos para que ese niño no pase hambre, enfermedad, falta de educación, también es parte de la responsabilidad que conlleva, junto con el amor.
En Argentina, la pobreza alcanzó al 40,9% de la población en el primer semestre del 2020, uno de los peores índices en su historia. Con estas cifras se calcula que 18,5 millones de argentinos son pobres y 4,7 millones son indigentes.
Si a eso se suman nacimientos no planificados, sin posibilidades de acceso a una vivienda digna, salud, alimentación, seguridad, la reproducción de pobreza seguirá década tras década.
Aunque pueda parecer frívolo, para quienes sus hijos son su mayor capital (afectivo), planificar los tiempos de cuidados y las posibilidades que se le darán a esos niños cuando crezcan y se inserten en la colectividad, también es hablar de amor, compromiso y responsabilidad.

Mirar para el otro lado
En los vaivenes sociales, económicos y culturales que envuelven a la sociedad, nos encontramos con quienes se golpean el pecho en un iglesia, pero al pasar por al lado de un niño que pide limosna dan vuelta la cara; con quienes eligen abortar en lugar de concientizarse en la utilización de anticonceptivos y planificar el momento de traer un niño a este mundo (excluyendo violaciones); con quienes hacen de un proceso jurídico de adopción un procedimiento engorroso mientras miles de niños, pasan su infancia y parte de su niñez, a la espera de una familia; sumado a la falta de información sobre lo que tiene que hacer aquella mujer que quiere dar en adopción un hijo (y evitar un aborto), la falta de conocimiento acerca adónde debe recurrir, a qué organismo público, quién debe contenerla, acompañarla y darle asesoramiento.
En un país, donde sus tierras son ricas y fértiles, en el que toda persona tiene derecho a vivir y mantener su integridad física (ya que el menor por nacer es una persona humana), los niños mueren de hambre.
La falta de alimentación entre los 6 meses y los dos años, perjudica su desarrollo cerebral, lo que interfiere con su aprendizaje, debilita su sistema inmunológico y aumenta el riesgo de infección y, en muchos casos, de muerte.
Argentina hoy debate el derecho a la vida, el de las mujeres, con la aprobación de la ley de “educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar y aborto legal para no morir”; el del niño por nacer, quien tiene derechos desde la concepción.
Pero, mientras tanto, miles de niños infantes quedan en el medio de la pobreza, el hambre y la violación a sus derechos constitucionales, por falta de políticas estructurales que erradiquen la pobreza de raíz.
1 comentario en “Aborto y pobreza: ¿Y si hablamos de planificación familiar?”
Muy buena nota. Felicitaciones a su autora