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Argentina: un país en el que se sufre
Escribe: Cristina Pablos
Llevo muchos años viviendo en este, mi país, y veo que las cosas, en vez de mejorar, empeoran.
Tal vez por mi edad, ya sin posibilidades ni ganas de luchar, la situación me afecte más. O tal vez sea, la cuarentena eterna, que me quitó fuerzas.
Me siento mal y hasta con culpas cuando veo que un planero, este diciembre, cobrará $40.000, mientras un médico o un docente apenas llegan a los $35.000 ¡trabajando!
No sé si hay otro país donde 8 millones (siendo generosa) de trabajadores mantienen a más de 20 millones de personas que NO trabajan, ni han visto trabajar a sus padres ni a sus abuelos.
Me duele que tengamos 45% de pobreza en un país con todas las posibilidades y riquezas naturales que otros no poseen y su población vive mejor.
Me preocupa, y mucho, que el 65% de menores de 18 años vivan en hogares pobres y que haya un gran porcentaje de indigentes; eso quiere decir niños con hambre.
¿Qué nos pasó? ¿En que esquina del tiempo perdimos el rumbo?
Nos pasó que somos un pueblo con dirigentes ineficientes. Comenzando por un presidente que ocupa un sillón prestado por una vice que maneja la agenda según sus propios intereses.
Tenemos senadores y algunos diputados que trabajaron todo el año desde sus hogares (a veces con escenografías lamentables) y ¡no! devolvieron el porcentaje que cobran por desarraigo. Si tan solo uno lo hubiese hecho, tendría un poco de esperanza.
Tenemos una clase política que, a lo Robin Hood, les sacará “a los ricos” con un impuesto, ¿para darles a los pobres? Y ellos no donaron ni $100 de sus abultadas dietas.
Un país que estuvo ¡un año! sin educación, sin importar el daño que eso significa para los estudiantes y su futuro y el del país.
Pero si tengo que graficar lo que siento me remito al velorio de Maradona y la imagen deplorable (término que le gusta a A. Fernández) que dio el presidente, a todo el mundo, desde el balcón de la Casa Rosada, queriendo contener a barras que lo insultaban, con un megáfono, como los compradores que pasan todos los sábados por mi casa comprando baterías viejas o radiadores usados.
¡Cómo dueles, Argentina!