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[Argentinadas] En vacaciones, ¿todo bien, tutto bene o tudo bem?
Escribe: Raquel Baratelli
En vacaciones es frecuente el tránsito y tráfico de idiomas diferentes, que se juntan y se cruzan en pos de la comunicación entre turistas y lugareños.
Pero las charlas entre personas que usan idiomas diferentes pueden resultar trabadas y difíciles, a punto de superar los límites de la incomunicación total.
Sin embargo, es frecuente que los interlocutores queden satisfechos creyendo haberse entendido perfectamente con ayuda de señas y gestos clarificadores.
Los argentino-parlantes, en particular, con ese afán de comunicarnos y entendernos con todo mortal, ante un extranjero, recurrimos a un conjunto de técnicas de lo más variado.
Levantamos el tono de voz, como si el otro fuera sordo; hablamos lento y abriendo bien la boca, modulando exageradamente y acentuando las vocales como si el otro fuera tonto.
En una misma frase repetiremos veinte veces “¿me entendés?”. Gesticulamos de más, indicando con manos y brazos “chico”, “grande”, “allá”, “acá” …
Todo argentino que se precie siempre encontrará la forma de hablar con cualquiera, sea quien sea y esté donde esté
Con todo esto sólo acentuamos, además de nuestra tonada, la confusión del pobre infeliz que sólo quería saber dónde encontrar un bar o cómo llegar a la terminal.
Si la charla se prolonga se nos sale el italiano que todo argentino lleva dentro, adoptamos el ritmo y la tonada- que recordamos de alguna película con Mastroianni o Sofía Loren- y hasta cambiamos las palabras con un agregado de portugués brasileño, creando frases como “tuto boom” o “ío falo” …

Ni qué decir si el tipo es brasileño…, ahí sí que el italianito se siente en su salsa, y como dueño de la charla clavará el “bonna note”, “molto óbrigado”, “eu sonno”, mezclando y haciendo analogías ridículas con los tres idiomas.
En fin, todo argentino que se precie sabe y siente que la comunicación entre las personas es importante y que siempre encontrará la forma de hablar con cualquiera, sea quien sea y esté donde esté.
En definitiva, comunicarse es cuestión de voluntad.
¿O no?
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