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[Argentinadas] Vida de plástico
22 de abril, Día Mundial de la Tierra
Escribe: Raquel Baratelli
Ahora que las papas queman, que los desechos humanos están ahogando el planeta, que se entiende el daño que provoca nuestra basura, nos agarró el apuro por reciclar, fomentar la economía circular, estimular el compostaje, educar a los ciudadanos en el consumo responsable.
Todo muy bien, generar consciencia sobre el deterioro de nuestro planeta, el uso sustentable de los recursos y la responsabilidad que cada uno de nosotros tiene en este asunto está buenísimo, pero pretender que el único cambio posible para sanear el planeta, evitar el derretimiento de los polos, el cambio climático y la contaminación del aire empieza y termina en el compromiso de cada ciudadano consumidor de no tirar plásticos, es hacer la vista gorda.
Pretender que el único cambio posible para sanear el planeta empieza y termina en el compromiso de cada ciudadano consumidor de no tirar plásticos, es hacer la vista gorda.
Aunque todos y cada uno de los ciudadanos del mundo dedicáramos nuestra vida a separar secos de húmedos, plástico de cartón, metal y vidrio; hiciéramos compostaje, incluso en departamentos de dos por dos sin balcón; compráramos sólo la ropa necesaria; si nos bañáramos menos, no usáramos cosméticos ni productos de limpieza; reutilizáramos los plásticos de un solo uso en casa… seguramente no notaríamos la diferencia.

Es que, a estas alturas, chicos, si quisiéramos volver al puro algodón en la indumentaria, a los materiales naturales para el mobiliario, comprar comestibles y elementos de limpieza con envases de vidrio, no habría bolsillo que aguante, andaríamos desnudos, desnutridos, deshidratados y sucios.
Pensar seriamente el futuro de nuestro planeta requiere principalmente del compromiso real de todos los estados, un cambio sustancial en el plano industrial y tecnológico.
Si decidiéramos prescindir de las baterías y usar menos electricidad, quedaríamos incomunicados; eliminar el caucho del transporte y usar medios no contaminantes, imposible, por estos lares no existe el transporte público híbrido ni eficiente, no hay bicisendas suficientes y andar a caballo o en zulky no es opción.
Pensar seriamente el futuro de nuestro planeta requiere principalmente del compromiso real de todos los estados, un cambio sustancial en el plano industrial y tecnológico que elimine el plástico y los químicos contaminantes como base fundamental de todos los bienes de consumo del mundo.
A estas alturas, quién podría elegir la fragilidad del vidrio, el picor de la lana o lo que es peor los pañales de tela, en lugar de la vida de nylon, suave e irrompible.
Al fin y al cabo, la mentalidad de “es lo que hay” nos condena a seguir en la inercia del petróleo y sus derivados.