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«Cambalache» eterno, el tango que no morirá jamás
“¡Qué falta de respeto, qué atropello a la razón!
Escribe: Leonardo Diego Muñoz
Cambalache y Discepolín
Cuando Discepolín escribió este célebre tango descargaba sus versos contra la época de la Década Infame en los 30, sin embargo, se universalizó su letra, no perdiendo nunca su actualidad.
En 1934, se estrenó en el teatro Maipo interpretado por la actriz y cantante Sofía Bozán. Fue compuesto para la película “El alma del bandoneón”, estrenada en 1935.

La versión más difundida de Cambalache sin duda alguna es con la voz de Julio Sosa, el “varón del Tango”. El “cambalache” era un negocio de segunda mano, una compraventa, donde las cosas se apilan sin orden especial, casi “irrespetuosamente”.
“Cambalache” estuvo prohibido entre 1943 y 1949.
Próceres y personajes
La letra de la canción hace mención de una serie de nombres, que según la versión sufrieron modificaciones, en la primera versión se mezclan San Martín y Napoleón, Stavisky (financista, estafador), Don Bosco (sacerdote educador salesiano), Don Chicho (sobrenombre del mafioso argentino Galiffi), Carnera (boxeador italiano campeón) y la Mignon, la que puede ser una figura literaria o una deformación de “mignonne” (amante en francés).
En la versión de Julio Sosa van Toscanini, Scarface y la Mignon (o Napoleón), Don Bosco y Napoleón (o Yatasto y la Mignon)), Carnera y San Martín.
La Biblia y el calefón
El uso regular del papel higiénico llegó avanzado el Siglo XX. Conseguir papel suave era un objetivo de las familias humildes que no podían acceder al oneroso rollo.
Ya entonces las sociedades bíblicas repartían el Nuevo Testamento y Biblias gratuitamente, algunos investigadores señalan que la suavidad del llamado “papel Biblia” solía condenar los ejemplares a un gancho de alambre (sable sin remache) colgado, cuando lo había, del calefón en el baño, para su uso como papel higiénico.
“Cambalache” (Enrique Santos Discépolo)
Qué el mundo fue y será una porquería, ya lo sé.
en el quinientos seis y en el dos mil, también;
que siempre ha habido chorros, maquiavelos y estafaos,
contentos y amargaos, barones y dublés.
Pero que el siglo veinte es un despliegue
de maldá insolente, ya no hay quien lo niegue.
Vivimos revolcaos en un merengue y en el mismo lodo todos manoseaos.
Hoy resulta que es lo mismo ser derecho que traidor,
ignorante, sabio, chorro. generoso o estafador…
¡Todo es igual! ¡Nada es mejor!
Lo mismo un burro que un gran profesor.
No hay aplazaos ni escalafón, los ignorantes nos han igualao.
Si uno vive en la impostura y otro roba en su ambición,
da lo mismo que sea cura, colchonero, Rey de Bastos, caradura o polizón.
¡Qué falta de respeto, qué atropello a la razón!
cualquiera es un señor, cualquiera es un ladrón…
Mezclao con Stavisky va Don Bosco y La Mignon,
Don Chicho y Napoleón, Carnera y San Martín…
Igual que en la vidriera irrespetuosa
de los cambalaches se ha mezclao la vida,
y herida por un sable sin remache ves llorar la Biblia junto al calefón.
Siglo veinte, cambalache problemático y febril…
El que no llora no mama y el que no afana es un gil.
¡Dale, nomás…! ¡Dale, que va…!
¡Qué allá en el horno nos vamo´a encontrar…!
No pienses más; sentate a un lao, que a nadie importa si naciste honrao…
Es lo mismo el que labura noche y día como un buey,
que el que vive de los otros, que el que mata, que el que cura, o está fuera de la ley.