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Catolicismo y perspectiva de género: Una mirada teológica, filosófica y jurídica
Bajo este título, la Biblioteca Dr. Alberto Caturelli y el Instituto Argentino “Jacques Maritain” llevarán a cabo el martes 27 de junio a las 19 una triple conferencia, libre y gratuita. Será en SEA (José Ingenieros 235) y expondrán el obispo de Villa María monseñor doctor Samuel Jofré Giraudo, el profesor doctor Carlos Daniel Lasa y las abogadas Marina Nardi y Blanca Balduzzi.
La perspectiva de género es, sin dudas, uno de los temas más controvertidos de la actualidad. Sin embargo, Villa María tendrá la oportunidad de asistir a una conferencia a cargo de tres especialistas. Aprovechando la ocasión, dialogamos con uno de los ponentes, el profesor doctor Carlos Daniel Lasa.
-Entonces, doctor, ¿por qué es necesario abordar esta temática?
-Simplemente para aclarar el asunto desde tres perspectivas distintas. La primera, es cómo concibe la tradición judeo-cristiana al hombre, cuestión que desarrollará el señor obispo. La segunda, en qué consiste la perspectiva de género y cuáles son sus presupuestos filosóficos, a mi cargo. Y la tercera, de qué manera esta doctrina de la perspectiva de género, que hunde sus raíces en el materialismo histórico de Marx y en la negación de la idea de naturaleza, se ha insertado en el derecho positivo argentino.

De qué hablamos cuando hablamos “de género”
-¿Existen, entonces, presupuestos filosóficos de la perspectiva de género?
-Totalmente. Y para entender esta posición es necesario remontarse a la concepción autónoma propia del “Siglo de las Luces”. De allí surge el individualismo, es decir, la concepción de un sujeto desvinculado, que tiene su correlato en un mundo desencantado, carente de un orden intrínseco. Esto conduce a la negación de la idea de naturaleza y a la absolutización de la esfera cultural. Si no hay nada dado, si la naturaleza es inexistente, entonces puedo afirmar que todo lo que es, depende de una mera construcción histórica.
-¿Hay algún referente que sostenga lo que acaba de referir?
-Sí, por supuesto. Gayle Rubin, en su escrito El tráfico de mujeres: notas sobre la ‘economía política’ del sexo, sostiene que las sociedades han construido una cierta interpretación sobre el fenómeno biológico del sexo de las personas a partir de categorías y otros elementos simbólicos; es decir, a partir de instancias absolutamente culturales. Según Rubin, esto ha dado lugar al género de las personas: mujeres y varones.
-¿Para Rubin, la diferencia entre los sexos no estaría dada por la naturaleza?
-Todo lo contrario. De hecho, a esta relación estrecha entre lo biológico y lo cultural, Rubin la llama “sistema sexo-género”. Esta autora entiende que, a partir de un cierto dato biológico, se deduce el conjunto de elementos en la interacción social. Luego, estos elementos son asociados a las mujeres y los varones, proyectándose como una diferencia natural que no es real.

El “género” como construcción ideológica
-¿Cuál es el centro de esta “ideología de género”?
-Entiendo que el núcleo duro de la “ideología de género”, es el género entendido como la construcción o interpretación cultural de la diferencia sexual. Mediante esta categoría, que es producto de la construcción cultural, será posible liquidar el patriarcado y la subordinación de la mujer respecto del varón. Así se establecerá una igualdad absoluta entre ambos. La idea de género nos permite advertir que, lo que conocemos como mujeres y varones, no son realidades naturales sino categorías construidas.
-¿Qué objetivo tiene, según usted, la difusión de esta ideología?
-Para aquellos que la propugnan, creo que son dos. Por un lado, permitir la visualización de las mujeres; por el otro, poner de manifiesto que la diferencia de género no es inocua por cuanto siempre se traduce en desigualdad, es decir, se proyecta en un ejercicio de un poder injusto e ilegítimo. Se trata, en definitiva, de alcanzar la emancipación absoluta de cada mujer. Y para ello será preciso, ante todo, cambiar la apreciación social y la autopercepción del significado de ser mujer. Y esa autopercepción no puede ser otra que la de la plena autonomía.
Sobre el vaciamiento de la maternidad
-¿Cuáles serían, para usted, las consecuencias de esta doctrina?
-En primer lugar, la negación de la diferencia entre el varón y la mujer. En segundo lugar, y como consecuencia de lo anterior, se va a operar una ruptura entre sexo y género, dando absoluta primacía a este último en términos de pura construcción cultural. Y como el género ha sido sometido a una inflación tal, está rompiendo los propios moldes de la heterosexualidad. En tercer lugar, debe señalarse que, si el género depende del arbitrio humano, entonces el matrimonio y la familia, cuya característica principal y fundante es la heterosexualidad, se verán menoscabados.
-¿Cuál es, según esta visión, la finalidad de la mujer?
-Sosteniendo que el género es una construcción cultural, la mujer liberada podrá independizarse de su capacidad biológica de ser madre. De esta manera, estará eliminando una de las características más representativas y específicas del sexo femenino. En este sentido y en absoluta congruencia con el individualismo liberal, se sostendrá que la mujer es dueña de su propio cuerpo y que, en consecuencia, tendrá derecho incluso a eliminar al niño que está en su propio seno.

Una ideología del conflicto
-En una palabra, esta ideología es imposible sin conflicto…
-Esa es la idea. Y tiene que ver con el siguiente postulado: las diferencias entre varón y mujer que fundamentan las relaciones heterosexuales, son la fuente inevitable de conflicto y agresiones del varón hacia la mujer, algo absolutamente reduccionista y falaz. Pero sus partidarios sostienen que la violencia desaparecerá de la sociedad cuando la ideología de género se imponga de un modo absoluto.
-¿Y es así?
-Las relaciones de dominio y subordinación entre los sexos, propias del patriarcado, ciertamente pueden incidir en algunos hechos de violencia, pero no son determinantes ni excluyentes. Pero, como pasa en toda ideología, no se puede recortar de la realidad “aquello que no me gusta y no encaja con la idea”. En este sentido, ya no podrán ser consideradas causas generadoras de violencia ni los desequilibrios psicológicos, ni la falta de control de los impulsos, ni el alcoholismo, ni la drogadicción, ni el egoísmo, etcétera.
-¿Conclusión?
-A mi juicio, el resultado más negativo de esta posición es el vaciamiento de la maternidad, la paternidad y la familia. Se trata, en realidad, de una profunda revolución cultural, producto no de la nueva izquierda que, por cierto, no existe en sí misma, sino que es un modo, una variante del liberalismo político-cultural de estos tiempos.
Para informes e inscripciones, consultar a los teléfonos 353-4520847/8960, al celular 353-4-776506, al mail recepcionsociedadeducativa@gmail.com o de manera personal en la sede de SEA, José Ingenieros 235.
-Especial SEA-