[Demoliendo mitos] ¿Es tan malo ser soltero o soltera? Un desafío a la “parejocracia”

El 11 de noviembre se celebra el día del soltero. Pero, ¿qué implica esta condición? ¿Estar solo por elección propia o un fracaso por no poder formar pareja? Hay que pasar de la imagen negativa de la soltería a una positiva.

Escribe: Lic. Noelia Benedetto (*)

El origen del #SingleDay tiene lugar en China en 1993, momento en el que se fijó como el Día del Soltero todos los 11de noviembre. Esto se debe a que en la cultura china el número 1 representa al soltero y la fecha tiene a este dígito enfatizado.

Y no es azaroso que las comunicaciones sean en masculino y no se hable del día de las solteras o de lxs solterxs…

Pensamos sino en representaciones sociales tales como “soltero codiciado” vs. “solterona” (como insulto y amenaza) o “la señora de los gatos de los Simpsons”, “vas a quedar para vestir santos”, “si seguís así te vas a quedar sola”, “no te cocinás en el primer hervor” … ¿Cuántas veces fuiste testigo o receptor de un mensaje de estos?

Caer “sola” a un evento social o una reunión familiar suele representar un suplicio, nunca falta esa persona que te dice “¿vos seguís solterx?”; “algún problema debe tener para estar solx”, “no es fácil ser 13 en la docena”, “vos necesitás un novix”.

A continuación, emergen las “frases consuelo”, que no pedimos: “ya vas a encontrar, ya llegará”, “vos tampoco hacés nada para buscarlo”.

Quién realmente puede estar taxativamente en soledad, ya que partimos de la base de que somos seres eminentemente sociales.

Tenenbaum señala que quienes están en parejas monógamas les hablan a las solteras como si las casadas hubieran ganado en el juego de la vida y las demás estuvieran todavía unos casilleros más atrás.

Estar soltera/o no es normal y nos lo van a dejar en claro desde muy temprana edad, ya desde infantes se nos hipersexualiza interrogándonos por si tenemos pareja.

Frecuentemente se asocia la soltería a estar solo o sola (con una connotación negativa). Pero, me pregunto quién realmente puede estar taxativamente en soledad, ya que partimos de la base de que somos seres eminentemente sociales. En todo caso seremos personas que no estamos en uno o varios vínculos con características puntuales, pero de ahí a pensarnos como “solas” es un tanto extremo.

Sara Serna expresa que no entendemos a la soltería como una elección vital que se alarga de manera indefinida. Siempre tiene que haber un final. La soltería es leída socialmente como un estado transitorio, ese espacio de tiempo inevitable que hay entre una relación y otra (que se espera que pase rápido).

En nuestra imaginación, la soltería sigue siendo una etapa de transición: es lo que sucede “entre vínculos” y no una forma particular de vincularse.

Podríamos pensar en una imagen positiva de la soltería, más que un estado civil, como un estado de disponibilidad mental

Tenenbaum señala que en una sociedad en la que la pareja sigue siendo el horizonte de felicidad, quienes no se encuentran en una no quieren hacer un culto de esa situación porque es vista como un fracaso.

Witt explica que se lo piensa como un provisorio, un “mientras tanto” mientras esperamos ese amor que nos va a llegar a todos por derecho, de hecho, no hay palabras para llamar a esas relaciones que tenemos cuando no estamos en una relación. También sucede que cuando alguien vuelve a estar en un vínculo después de una ruptura, se habla de que ha «rehecho su vida».

¿La soltería es siempre una situación elegida?, se pregunta Witt. Para Tenenbaum, estar soltero o soltera es el resultado de un cúmulo de elecciones y otro de casualidades: quizás no te cruzaste con ninguna persona con quien amerite armar una pareja o con nadie que quiera armarla con vos, pero probablemente hubo personas con las que podrían haber comenzado una relación y elegiste no hacerlo.

La realidad es que el discurso hegemónico imperante es en torno a la monogamia hetero, no existe uno que circule acerca de la soltería y la soledad, o bien de las otras tantas modalidades no-mono de vincularse.

El mandato social impulsa la imagen de una pareja como el modelo a seguir.

Podríamos pensar en una imagen positiva de la soltería, más que un estado civil, como un estado de disponibilidad mental, pero esto implica un desafío a la «parejocracia».

Se trata del régimen de pareja socialmente impuesto por el que, si no has encontrado a su media naranja, sos menos valioso, nadie te ha elegido/querido, y no tenés un proyecto vital compartido.

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(*) Psicóloga y sexóloga

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