La comunidad educativa se encuentra conmocionada tras la detención de...Leer más
La Municipalidad de Villa María formalizó una denuncia penal por...Leer más
En un acto encabezado por el intendente Eduardo Accastello y...Leer más
Seguramente historias como la que aquí narramos deben multiplicarse en...Leer más
Un dramático episodio ocurrido el pasado viernes en Villa María...Leer más
Comenzó este martes la ronda de indagatorias en la causa...Leer más
Drapetomanía
Escribe: Luciana Piva
Conocí esta curiosa palabra leyendo a Eduardo Galeano. Hace un tiempo me rondaba en la mente porque es una idea que percibo contemporánea. En El Cazador de Historias la incluye en su breve texto “El Bautismo”, donde nos explica el origen de este término creado por el médico inglés Samuel Cartwright.
La drapetomanía es el nombre que le otorgó al desorden mental que empujaba a los esclavos a la fuga, locura que no tenía remedio.
Recuerdo haber corroborado en el diccionario esta información, incrédula del cinismo de este vocablo y su significado. Efectivamente allí estaba.
Mi memoria me la recordó por estos días, observando la realidad que me rodea.
Crónica de un día en aislamiento
Ingresando a Villa María por el acceso de calle Buenos Aires, camino que utilizo a diario porque vivo en la zona rural próxima a ese sector, he visto
drapetómanos y me he convertido también en uno. Un reja nos impide entrar o abandonar la ciudad por esa vía. Fui testigo de vehículos esquivando por la
banquina esa cerca, muchas veces sin custodia. La semana pasada me acerqué al agente de tránsito con mi vehículo porque lo vi permitiendo ingresar a un camión. Me manifestó que solamente podían pasar los transportes de la empresa del señor X porque había pagado al municipio un “permiso” (guiño, guiño) para eso. De nadasirvieron mis explicaciones de que soy una ciudadana que solamente desea hacer sus compras en el sector más próximo a mi ubicación. Me desviaron amablemente por colectora hasta el acceso por ruta 158, estirando mi camino a 15 kilómetros entre el trayecto de ida y vuelta, lugar por el cual ingresaba sin ningún control. Tal vez sea parte de mi trastorno mental, pero no le encontré sentido. A pocos metros de allí, noté que otro “loco” había quitado lo que bloqueaba el paso en un acceso que lleva a calle Vélez Sarsfield.
Al regresar observé, desde la altura del puente, que los drapetómanos habían creado un nuevo escape. Hacia el Este del acceso se encuentra el camino de ripio que lleva a La Negrita, donde levantaron dos grandes montañas de tierra en distintos sectores que ocupan el total de la senda. Paralelo a esto, hay un lote con alambrada. Alguien lo cortó para ingresar antes del primer montículo y salir después del segundo, marcando un nuevo camino a la libertad en la tierra sembrada.
Seguramente todos podemos citar incontables ejemplos como este: niños utilizando los juegos de la plaza como un símbolo de rebeldía, deportistas sin
barbijos respirando independencia en caminos escondidos, familias reunidas con un poco más de diez personas porque no pueden elegir quién debe quedar afuera. Y todos también podemos ser diagnosticados, en mayor o menor medida, con el mismo trastorno. La mayor epidemia: los locos que nos sentimos esclavos de un sistema de privilegiados con permiso y perdón ilimitados, mientras los ciudadanos comunes buscamos con temor y culpa pequeñas libertades.
2 comentarios en “Drapetomanía”
Creo, sin temor a equivocarme, y desde que tengo uso de razonamiento, que el deseo de romper con los viejos esquemas, de superar los límites, nos atrae, y muy probablemente este hastío de incertidumbres y prohibiciones nos lleve a incrementar nuestro desorden mental, últimamente ya no somos todos iguales, en nada nos parecemos, pues no nos dejan serlo, y no predicamos el privilegio que nos asiste como seres humanos. Y…, muy seguramente nunca lo lograremos.-
El privilegio es moneda corriente en Villa María y Villa Nueva, veo gente conocida que circulan sin tapa boca, caminando, que se reúnen, sin respetar el distanciamiento social, que andan en moto, sin luz, sin casco y sin chapa patente, ni que decir que con escape libre. Todo ello en la zona de la costanera, pero tienen «conocidos en la política» y parece que están inmunes de todo riesgo.-