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El recordado Boliche de Las 4 Esquinas, camino a Las Mojarras
A medida que los establecimientos agropecuarios se instalaban alrededor de nuestra ciudad, quienes allí trabajaban, alejados del centro proveedor de mercaderías más próximo, que era Villa María, necesitaban dónde comprar alimentos, divertirse, o poder hacer estudiar a sus hijos. Es por ello, sin lugar a dudas, que se establecieron los comúnmente llamados “Boliches”, en un radio aproximado a los 5 kilómetros de la ciudad y, también, a una distancia similar entre ellos.
Escribe: Julio A. Benítez – benitezjulioalberto@gmail.com
Las Mojarras
Uno de esos proveedores rurales fue el recordado “Boliche de Las 4 Esquinas camino a Las Mojarras”, que estaba ubicado en la actual ruta 158, en el cruce con el camino que conducía hacia el oeste, al “Boliche de la Legua”, y hacia el este, al “Boliche las 4 Esquinas de calle Buenos Aires”.
Don Antonio Puga nació el 22 de enero de 1887 en Tarifa, provincia de Cádiz, España, y a los 19 años, solo, decidió venir a Argentina a probar suerte. Su primer trabajo, realizando diversas tareas, lo consiguió en la ciudad de Tandil, Buenos Aires. Luego se trasladó a la localidad de Serrano en nuestra provincia, donde instaló una panadería.
Allí se casó con Margarita Marchetti, italiana, con quien tuvo dos hijas. Cuando la menor de ellas había cumplidos los tres años, fue atrapada por la correa de una máquina, que la mató instantáneamente y al poco tiempo falleció su esposa, quedando sólo con la menor de las hijas.
Ante esta triste situación familiar, don Antonio decidió venir a Villa María, donde compró tres propiedades, en el paraje motivo de esta nota, limitando, por un lado, con el camino a Las Mojarras y por el otro, a escasos veinte metros, estaban las vías del ex “Ferrocarril de la Compañía La Francesa”.
En una de las propiedades tenía el almacén al por menor y, además, puso un surtidor manual de venta de combustible, con el anexo de aceites lubricantes, etc. Sus clientes fueron los colonos de la zona, entre otros, Bautista Monge, Magdalena de Suppo, Estancia San Pedro de Miguel y Felipe Suppo, Teresa Vda. De Gaveglio, Manuel Vicondo, Martín y Jesús Razquín, Bonifacio Gianinetto, Manuel Villarte, Vicente y Domingo Patuzzi, Oscar Toscano, Agustina Ledesma, Valentín Seia, Francisco Beltramino, Luis Mauro, Miguel Hidalgo, Víctor Gianetti, José Mina, Guillermo Muller, Bertea Hnos., Miguel Bruno, Antonio y Rafael Depetris, que compraban al fiado, con libreta, que abonaban cuando cobraban su cosecha, momento en que les obsequiaba con la “yapa”.

La vida continúa
Don Antonio encargó a la señora María Suppo de Gallo del cuidado de su hija menor, que lamentablemente también murió por una grave enfermedad.
Quedó sólo, pero no desfalleció, superó esos terribles golpes del destino y se casó nuevamente, el 25 de junio de 1925, con Rosa Catalina Suppo, de cuyo matrimonio nacieron Raquel Teresa el 25/6/1926 y Reynaldo Antonio el 6/8/1927.
El Regional entrevistó a don Reynaldo, quien dijo: “En el año 1932, mi padre vendió la llave del negocio de almacén al señor Humberto Gallo, y fuimos a vivir al tercer inmueble, una casa con tres hectáreas. Pero don Gallo, que era propietario de una máquina trilladora, decidió dedicarse a su profesión y mi padre le compró nuevamente el almacén y volvimos a vivir allí”.
“El segundo de los inmuebles, pegado al negocio, era una casa habitación con dos salones con piso de madera, donde funcionaba la Escuela. Y el tercer inmueble era una fracción de 3 hectáreas con una casa, que alternativamente alquilaron la familia Godi, Francisco Beltramino, y don Guillermo Muller, padre de Clotilde Irene, quien después se desempeñaría como maestra en el “Boliche La Legua”, donde dio clases por varios años, tema del cual ya nos ocupamos en una anterior edición.
Don Chiche Puga continúa con su relato: “El señor Muller tenía un colmenar, muy bien puesto, prolijo y de muy buena producción. Los cajones para las colmenas y accesorios eran por él fabricados, así como el mantenimiento y la extracción de la miel. Las tres casas contaban con agua corriente, provista por un molino a viento”.

Almacén y baile
“Frente del almacén, cruzando el camino a Las Mojarras, en una casa habitación con un salón, don Mariano Barrionuevo había instalado una carnicería, que fue cerrada definitivamente tiempo después.
En este lugar habitó posteriormente don Evaristo Calderón con su familia, quienes fueron hábiles trabajadores del cuero, el que curtían, sobaban, con el que, artesanalmente, fabricaban riendas, bozales, frenos y maneas, de excelente calidad, que tuvieron gran aceptación entre los colonos. Esa casa fue demolida cuando se construyó la ruta 158”.
“Los proveedores del almacén fueron, entre otros, Jorge Nizetich, Agapito Albert SRL., Pierantonelli Hnos., Cervecería Río Segundo, Soda Luis Suppo, Casa Lausero, José y Ramón Fortuny, quienes vendían vino en bordelesas de 200 litros cada una, marca “Vargas”.
“Mi padre construyó la pista de 25×10 metros, con piso de mosaicos y un palco de material para las orquestas, allí se realizaban bailes una vez por mes, a beneficio de la Cooperadora Escolar, integrada por los señores Amadeo Ciaccia, Miguel Suppo, José Mina, Antonio Puga, Valentín Seia y Oscar Toscano”.
“Los servicios de micrófonos y alto parlantes se alquilaban a don Mariano Matta y al señor Tudela. Al lado de la pista, en un salón de 7×10 metros, funcionaba el bufett, atendiendo por dos grandes ventanales con vista al local bailable. La vigilancia la realizaban el Comisario don Juan Vanzetti y el agente Pastor Montoya, dependientes de la Policía de Las Mojarras”.
“En esa pista se realizó el 15 de noviembre de 1947 el gran baile “Despedida a los Soldados Clase 1927”, vecinos del lugar, Mario Patuzzi, Reynaldo Puga, José Surchi, Dardo Cáceres, Raúl Castillo, Norberto Séller, Armando Matar y Avelino Amici, evento que amenizó la orquesta “Copacabana” con sus vocalistas Julio Quevedo y Héctor Polito”.
“También había dos canchas de bochas, que, en días festivos, se veían colmadas de público observando la disputa de importantes torneos”.

Una tragedia
“Pero la historia de la Escuela Nacional N° 193 de las “4 Esquinas Las Mojarras” había pasado por un trágico momento, hacia el año 1932, cuando su directora y Maestra, doña María Pardiñas de Fernández, que vivía allí con su hijo de 9 meses, una noche, ya entregados al descanso, la señora se levantó y tomó un recipiente con alcohol para agregarle más combustible a la lámpara a mecha que estaba sobre la mesa de luz. Se escuchó un gran estruendo. Don Antonio llegó rápidamente, pero las llamas no lo dejaban entrar, las puertas se habían cerrado herméticamente por efectos de la gran explosión, cuando por fin pudo ingresar, sacó a la señora y la llevó a un gran piletón, pero los dos murieron allí. No existían ambulancia, bomberos ni teléfono para pedir auxilio”.
“Por ello, la Escuela estuvo cerrada por un tiempo, reiniciándose su actividad bajo la dirección de la señora Dolores Moyano de Domínguez, quien se desempeñó por varios años, hasta que se retiró de la actividad”.
“Durante la primera intendencia del señor Salomón Deiver la escuela pasó a depender de la Municipalidad de Villa María, con el nombre de “Fray Anselmo Chianea”, con la dirección de la señora Rosa Rípari de Toscano y la maestra de labores era la señora Estela Rípari de Suppo”.
“Se daban allí clases desde primero a sexto grado, y fueron sus alumnos, entre otros, Miguel, Antonio y Anita Depetris, Natalia, Nely, Juan e Irma Suppo, Mario, Roberto, Marcelino, Juan, Elena y Cholita Patuzzi, Pascual y Jesús Razquín, Héctor, Aldo y Ethel Gaveglio, Elemir, Vilma y Norma Mina, Reynaldo y Raquel Puga, Blanca Riotti, Dardo Cáceres, Sánchez Hnos., Juan Piva, las hermanas Maurino, Gianinetto, Rubén Seia y El Poroto”.
La venta
“En junio de 1947 mi padre vendió la propiedad y todo lo relacionado con el almacén, es decir, mercaderías, muebles y útiles, etc. al señor Santiago Gaveglio, quien había llegado desde la localidad de General Deheza”.
“Tiempo después vendió las otras dos propiedades y las 3 hectáreas a los señores Crescimbeni y Mauro y empezó la construcción de su casa en calle José Ingenieros y Jujuy, en Villa María, obra que realizaron los albañiles Depetris y Scaramuzza, bajo la dirección técnica del ingeniero don G. Turletti, adonde nos trasladamos el 19 de enero de 1948 y allí se dedicó a atender un pequeño negocio de librería y mercería, hasta el 19 de abril de 1953, fecha en que falleció a los 66 años de edad”.
El edificio de la nueva escuela se inauguró en el año 1967 y las señoras María Corradina y Nely Viana, eran las maestras.
Los cambios
También entrevistamos al vecino Elemir Mina, propietario de un campo en las cercanías del Boliche, casado con Ethel Catalina Gaveglio, hija de don Santiago, a quien le compró el almacén, corría el año 1970 y lo cerró hacia 1972, pero continuaron viviendo allí hasta el año 1993, fecha en que el señor Brussasca le compró el negocio.
La antigua edificación de este recordado centro de reunión de colonos, peones, gente de paso, bailarines, fiestas de fin de curso de la escuelita, ha sido derrumbada con motivo de la construcción de la autopista.
Foto de portada: La escuela a principios de la década de 1940.
(Agradecemos a los señores Reynaldo “Chiche”Puga y Elemir Mina y su esposa doña Ethel, por las fotos y su invalorable colaboración, y a la Señora Alicia Isaías por los datos aportados)
5 comentarios en “El recordado Boliche de Las 4 Esquinas, camino a Las Mojarras”
Mi familia vino a esa zona en el año 70. Mis hermanos y yo terminamos en esa escuelita
Muchísimas gracias por vuestro comentario, señora Mónica, con afecto, julio
Muchas gracias Julio, por recordarlo. Viví en Las 4 Esquinas y asistí a la escuela Fray Chianea. Mucha de la gente que nombraste rodeó mi infancia. Actualmente vivo en Córdoba Capital. Soy actriz y mi primeros pasos en las tablas fueron en los actos de la escuela. Abrazo enorme. Silvana Fornero
Estimada señora Silvana Fornero, sinceramente afortunado por haber realizado esta nota que le ha recordado su niñez en las 4 esquinas camino a Las Mojarras y sus estudios en la Escuela Fray Chianea.
Es grato haber recibido su mensaje, atentamente, julio
Muy emotiva la nota! por formar parte de la historia de mis abuelos y de mis padres. Soy nieto de Don Jesús Razquin y Nelida Costsmagna.