“El Tigre Millán”… Bastante morocho, picao de viruela…

¿Te acordás, hermano? Escribe: Julio Benítez –

En una leyenda cobra especial importancia, generalmente,  el arquetipo del sujeto que fue protagonista de un hecho real, como ocurrió con la siguiente historia.

“Hacia principios del siglo veinte había llegado al barrio de Barracas un entrerriano que empezó a trabajar como peón en el  “Frigorífico  Anglo” ubicado en Dock Sud, partido de Avellaneda, debiendo cruzar el Riachuelo por el puente Alsina, que en ambos extremos, desde mucho tiempo antes, quizás años, existían dos lugares bailables, para charlar con amigos, pasar un buen momento para tomar una copa, jugar a los naipes, o bailar por m$n1,oo cada pieza con las coperas que allí concurrían,  y que era su medio para poder tener algo en su petaca para poder sobrevivir.

Por el lado de Avellaneda del puente estaba instalado el bar “La Chancha Negra” y en la otra  punta, “La Blanqueada”, ya barrio de la Boca, lugar al que el entrerriano, al salir del trabajo, había elegido para bailar antes de ir a su pensión,  haciéndolo siempre con la misma chica, pues, comentaba, que era la mejor bailarina y la más bonita del lugar y con ella gastaba buena parte de su jornal diario, pues no era una pieza, eran dos, tres, quizás cuatro.

Esta historia, que se desarrolló hacia 1901, fue una investigación realizada por Francisco Canaro y compuso, en 1934,  el tango “El Tigre Millán” que no era el nombre del personaje, quien tenía buen desempeño en sus tareas en el frigorífico, cumplidor en sus horarios, pero como dice la primera estrofa (1) se comentaba que era hábil en el manejo de su cuchillo que siempre llevaba dentro de su bota de goma blanca, usada en la faena diaria, del otro lado del puente.

Cosas de polleras

Pero resulta que la chica  que había elegido era la amante del comisario de la policía de ese barrio y en un momento le confesó a su “padrino” –Ese que es conocido como “El Tigre Millán” ya me tiene cansada, sale a bailar conmigo solamente, siempre sucio, ropa y botas manchadas con sangre vacuna, por favor no le permitas más la entrada donde trabajo yo. Respuesta: -Sí, ya voy a mandar  dos policías de civil para que le peguen un susto, no aparecerá nunca más. Si bien el hombre no había tenido ninguna pelea ni entradas a la comisaría, tal vez por su fisonomía, de pocas palabras,  ni una sonrisa, quizás por esos detalles estaba catalogado como un hombre peligroso.

Y así llegó el momento del prometido “susto”, volviendo del trabajo, ya terminando de cruzar el puente Alsina,  se dio cuenta que dos hombres lo seguían y cuando los tuvo más cerca y por las dudas, intentó sacar su cuchillo de la bota blanca.  Esos hombres, los enviados por el comisario,  lo hirieron de muerte de dos balazos, los agresores huyeron, una persona alcanzó a preguntarle -Tigre que te hicieron o quienes fueron… Moribundo el famoso personaje habría dicho –“El hombre para ser hombre no debe ser batidor”.

FUENTE: Página web “Historia de tangos”

  • “Picao de viruela, bastante morocho/encrespa’o el pelo lo mesmo que mota/un hondo barbijo marcao en su rostro/le daba un aspecto de taita matón/de carácter hosco, bien fornido y fuerte/afrontó el peligro cual un titán/jamás tuvo miedo a la muerte/porque bien hombre fue “El Tigre” Millán”.
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