Este jueves, la fiscal Juliana Companys se presentó en el...Leer más
El consumo masivo continúa en retroceso en Argentina. Según datos...Leer más
La Municipalidad de Villa María continúa con la ejecución del...Leer más
La Municipalidad de Villa María acompañó a productores locales en...Leer más
La Municipalidad de Villa María presentó la quinta edición de...Leer más
La Municipalidad de Villa María presentó una nueva oferta de...Leer más
Fiestas navideñas: ¿¡Quién se afanó al Niñito Dios!?





Escribe: Miguel Andreis
Hace tiempo que me lo pregunto. Aún no encuentro la respuesta. Busco en Google, en bibliotecas, nada. Ninguna señal de dónde puede estar secuestrado.
Hay sospechas ciertas de quién lo hizo desaparecer. Nadie, absolutamente nadie, ni la misma Iglesia pide por él. Me da bronca. Tenían todo para evitar su desaparición, pero seguramente estuvieron más preocupados en cuestiones terrenales que ni lo buscaron. O en todo caso y eso sería lo peor, no lo creyeron tan importante.
Casi sin darnos cuenta y sin calendario que lo rubrique lo sacaron fuera de juego y metieron al otro. Nos cambiaron de referente. Casi de prepo nos enchufaron al Gordo que supongo debe estar algo pirado.
Digo, vestirse con pilchas para lugares bajo cero y venir para esta parte del continente donde las iguanas usan ojotas a la siesta, es todo un síntoma. Sabés lo que es andar con ese gorro y esas botas y ese saco y ese “lompa” … En fin… Todo sea en nombre del consumo y la felicidad comprada en cuotas.
Un ícono no negociable
Aquellos que pasamos los cincuenta y los sesenta, de chicos, el “niñito” era un ícono que no lo negociábamos por nada. El Niñito Dios era el Niñito Dios. No teníamos necesidad de una imagen. O en qué viajaba. Cómo se metía en nuestras casas. Ese pibe con un rostro etéreo nos llenaba de felicidad. Un camioncito. Autitos, algún revolver de plástico. Muñecas o cunas para chicas. No demasiadas cosas, y nos alcanzaba.
Obvio que estaban los más afortunados que recibían una bicicleta o una pelota de cuero número 5. Eran los menos. O todo un juego de cocina para ellas. Pero el “pibe” nos arrojaba puñaditos de felicidad.

Recuerdo cuando no hace demasiado el “Colorado” caliente con las publicidades nos decía: “Dejate de joder… Papá Noel es una de las expresiones más vergonzosa de la dependencia cultural que tenemos. Cuando éramos chicos, no existía como ahora. Ese tipo apenas si aparecía con alguna botella de Coca en la mano. A nosotros nos hacía feliz el Niñito Dios y los Reyes Magos el 6 de enero. Le poníamos agua y pasto para los camellos… Pero apareció Papá Noel. Un gordo bonachón de risa espasmódica. Primero lo instaló la Coca Cola como parte de su logo para meter su producto. Les fue bien. Recontra bien y se animaron por más continentes. Lo sentaron en un trineo con renos y a recorrer el mundo, ¿dónde viste un trineo en Argentina? ¡Jamás! ¿Viste un reno? Tampoco. Igualmente nos vacunaron.
Los que no lo conocieron
Y los pibes que vinieron después casi que no alcanzaron a conocer al Niñito Dios, todo pasó a ser Papá Noel, pero claro, con el Gordo la cosa era diferente. A él había, o hay, que pedirle el nuevo celular, en 108 cuotas; las zapatillas con luces de giro, contador de pasos y repelente al olor a patas; las Tablets, las Play Station… uhhh; cuatriciclos a motores. Etcétera.
Lo importante es que usted gaste guita, la que no tiene también. Si es posible que quede bien enganchado con la tarjeta plástica. Es el objetivo de “Noelito”.
Con el Niñito Dios los viejos nuestros no sufrían con las inversiones ni apelaban a las tarjetas –afortunadamente no las tenían-.
Y los picados en el barrio con fútbol flamante eran a muerte. O las carreras en el cordón de la vereda con los autitos llenos de masilla y rueditas de tapas de penicilina, como máximo las puteadas de algunos vecinos que no les dejábamos dormir la siesta.
Pregunto: ¿Por qué no armamos los arbolitos de Navidad con quebrachos; lapachos; chañares, o chuquíes? ¡¡Son nuestros! Son autóctonos.

¿¡Y las comidas!?
Ninguna para verano. Todas para inviernos de 50 grados bajo cero. Turrones de millones de calorías. Chocolates. Nueces. Con dos puñados de esos cruzás el Polo Norte en camiseta…. Claro, después los intestinos, hígado, estómago, riñones te hacen piquetes. El Gordo chocho, las empresas van al tono.
¡¡Buen negocio resultó el gordo!!… No obstante, y por las dudas seguiremos buscando al Niñito Dios…
En algún lado tiene que estar. ¿¡Y si lo encontramos!?
1 comentario en “Fiestas navideñas: ¿¡Quién se afanó al Niñito Dios!?”
Estimado Miguel, excelente la nota, yo sigo llamándolo Niño Dios, pese a las cargadas de mis Nietos.
Victor Hugo Godoy