[Historias] Darwin y Rosas, un encuentro inesperado en los confines del mundo

El viaje por el mundo que realizó entre 1831 y 1836 el naturalista británico Charles Robert Darwin (1809/1859) y que le valió acceder a las claves de su teoría sobre la evolución, tuvo un punto significativo que ocurrió por un carril diferente al de la ciencia: El encuentro que mantuvo en suelo argentino con Juan Manuel de Rosas.

Escribe: JULIO A. BENÍTEZ – benitezjulioalberto@gmail.com

Por entonces, el Restaurador de las Leyes estaba al frente de la campaña contra los malones que asolaban los confines del territorio dominado por el hombre blanco, en un impasse de tres años en su gestión como gobernador de Buenos Aires, que había iniciado en 1829.

Darwin desembarcó el 3 de agosto de 1833 en Carmen de Patagones del HMS Beagle, el barco objetivo que mezclaba los perfiles científicos y geopolíticos propios de una potencia colonizadora como lo era Gran Bretaña.

Con un traductor, un guía y unos pocos gauchos, Darwin inició por tierra su recorrido desde la desembocadura del Río Negro hacia el norte, sin que, en el campamento de Rosas, situado a unos 40 kilómetros de lo que hoy es Pedro Luro, en la provincia de Buenos Aires, la movida del naturalista pasara inadvertida.

Es que la red de informantes del caudillo estaba por demás aceitada y por aquellos tiempos no dejaba de ser llamativo que un gringo bien equipado se bajara de un buque para emprender una excursión hacia la nada. ¿Habría algún tipo de intencionalidad oculta en ese desembarco?, se planteaba Rosas, un adicto a la desconfianza, al tomar conocimiento de la situación.

El encuentro finalmente se dio en los primeros días de agosto de aquel año, tras haber transitado unas 35 leguas desde Carmen de Patagones, por aquellos años la población más austral de América, cuando Darwin arribó al campamento de Rosas, enclavado en la margen norte del río Colorado.

La ubicación estratégica del emplazamiento lo convertía prácticamente en el portón hacia el interior de la Confederación Argentina, por lo que el inglés tuvo que mostrar la autorización que portaba del gobierno de Buenos Aires, que en nada modificó la hosca recepción inicial de la guardia rosista.

Si bien pidió saludar a Rosas, sabiendo que iba a estar en presencia de una figura política importante, quien realmente tenía sumo interés en ahondar en el visitante, era el propio Juan Manuel, quien le abrió de par en par las puertas del Fortín Colorado, tal el nombre que le había puesto.

Detalles del encuentro

Del lado de Rosas, poco es lo que se sabe de esa reunión, de la que quedó constancia porque Darwin narró, cuando publicó, en 1839, en su “Diario del naturalista alrededor del mundo” en el que dio algunos detalles de la personalidad de su anfitrión que, sin duda, lo había cautivado.

Sin embargo, en el relato que antecedió en 20 años a su obra sobre la evolución de las especies, Darwin refiere a que, en ninguno de los momentos compartidos, Rosas aflojó su seria expresión de hombre duro, destacando su “extraordinario carácter” y la profunda influencia que ejercía sobre sus dirigidos.

“El campamento del general Rosas se encuentra muy cerca del río” escribe Darwin. “Es un cuadro formado por carretas, de artillería, de chozas de paja, etc. No hay más que caballería, y opino que jamás se ha reunido un ejército que se pareciera más a una partida de bandoleros. Casi todos los hombres son de raza mestiza, casi todos tienen en las venas sangre española, negra, india. No sé por qué, pero los hombres de tal origen rara vez tienen buena catadura”.

“Me atendió enseguida el secretario general para mostrarle mi pasaporte quien inmediatamente empezó a interrogarme de manera altanera y misteriosa. Afortunadamente llevo encima una carta de recomendación que me ha dado el gobierno de Buenos Aires para el Comandante de Patagones. Hace llegar esa carta al general Rosas, que me envía un atentísimo mensaje, y el secretario vuelve a reunirse conmigo, pero esta vez muy cortés y muy amable. Vamos a aposentarnos al rancho o choza de un anciano español que había servido a las órdenes de Napoleón en la expedición a Rusia”.

“Un verdadero héroe”

Finalmente se produjo la entrevista y Darwin describe así, en un impreso de 1833… “En  la inmensidad del desierto… luchando con la naturaleza y venciendo a los bárbaros…Verdadero Héroe”.

“El general Rosas expresó el deseo de verme, circunstancia que me proporcionó la ocasión para que yo me felicitara andando el tiempo. Es un hombre de extraordinario carácter, que ejerce la más profunda influencia sobre sus compañeros, influencia que sin duda pone al servicio de su país para asegurar su prosperidad y su dicha”.

En una nota al pie, Darwin, en 1845 en la ocasión de la segunda edición de la obra, escribe: “Posee, según se dice, 74 leguas cuadradas de terreno y alrededor de 300 mil cabezas de ganado vacuno. Dirige admirablemente sus inmensas propiedades y cultiva mucho más trigo que todos los restantes propietarios del país. Las leyes que él ha redactado para sus estancias y un cuerpo de tropa compuesto por muchos centenares de hombres admirablemente disciplinados para poder resistir a los ataques de los indios, fue lo que al principio hizo que todos los ojos se fijaran en él y donde apoyó su celebridad. Acerca de la rigidez con que el general hacía ejecutar sus órdenes se cuentan en muchas anécdotas…”.

“El general Rosas es también un perfecto jinete, cualidad muy importante, con el traje de los gauchos, ha sido como ha adquirido el general Rosas una popularidad ilimitada en el país y como consecuencia un poder despótico. En el curso de la conversación, Rosas es entusiasta, pero al mismo tiempo, está lleno de buen sentido y gravedad. Esta, incluso, está llevada al exceso”.

“Mi entrevista con el general terminó sin que él hubiera sonreído una sola vez, pero obtuve un pasaporte y permiso para servirme de los caballos de posta del gobierno, lo que me concedió de la manera más servicial”.

La despedida en Fortín Colorado fue amigable. Darwin obtuvo el permiso para utilizar en su viaje a Buenos Aires, con los caballos necesarios para realizar tan extenso camino, donde se iba a subir de nuevo al barco HMS Beagle.

Rosas, mientras tanto, quedó con la certeza de que el visitante no había venido para traerle problemas.

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Fuente:  Aula/Austral//Rosas y Darwin.

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