La comunidad educativa se encuentra conmocionada tras la detención de...Leer más
La Municipalidad de Villa María formalizó una denuncia penal por...Leer más
En un acto encabezado por el intendente Eduardo Accastello y...Leer más
Seguramente historias como la que aquí narramos deben multiplicarse en...Leer más
Un dramático episodio ocurrido el pasado viernes en Villa María...Leer más
Comenzó este martes la ronda de indagatorias en la causa...Leer más
[Historias] Don Campos, los boyeros eléctricos y la llegada de una familia innovadora
De nuestro archivo rescatamos la nota que oportunamente realizamos a Don Alberto Manuel Campos Cabanillas. Entonces, contó su historia de vida, su infancia, sus trabajos, la creación de su empresa y cómo fue el tutor de una familia que con los años se convertiría en una de las más reconocidas en el ámbito empresarial.
Escribe: JULIO A. BENÍTEZ – benitezjulioalberto@gmail.com
“Nací el 17 de junio de 1924, cerca de Los Zorros, en pleno monte, “Estancia San Jorge”. Mi padre, Francisco de Paula Campos, español, era el jefe de la Estación James Craik del ex F.C.C.A, desde donde partía un ramal hasta ese establecimiento, para cargar leña.
Como de costumbre, mi mamá, María Ramona Cabanillas, que estaba embarazada, ese día lo acompañó y comenzó con dolores y sin más atención que la que puede haberle prestado su esposo o algún vecino, nací yo.
Los Cabanillas eran ricos, dueños de estancias por la zona de Río Tercero y desde siempre cumplían con una regla, según la cual se tenían que casar entre familiares, tal vez sería para que ningún extraño pudiera ser heredero de su fortuna.
Además, el primer hijo, si era varón, tenía que ser cura y, si era mujer, monja. Solamente uno no hizo caso y se casó con la hija de un famoso cacique ranquel”.
Las primeras labores
“Ya vivíamos en Córdoba y yo había cumplido 11 años. Una mañana acompañé a mi mamá hasta la parada del tranvía, iba al Hospital de Clínicas a fin de que le extrajeran una muela y pocas horas después nos avisaron que había muerto. Nunca supimos las causas de su deceso y, desde ese momento, mi padre se abrió de la familia Cabanillas.
Fui rebelde, cursé la primaria, me escapé dos o tres veces, luego la secundaria de donde también me escabullí, por lo que fui castigado y en 1939 internado como pupilo en la Ex Escuela del Trabajo de Villa María, cuando el director era don Juan Müller.
Como mi padre era jefe de la estación de “El Trébol”, provincia de Santa Fe, fue designado como mi tutor Ricardo, un primo hermano a quien no conocía.
Me recibí en 1942 como técnico electricista y en esa época las escuelas especializadas conseguían a cada alumno un trabajo, por seis meses, antes de entregarle el diploma.
Me correspondió ir a la Fábrica Militar de nuestra ciudad y la primera tarea fue cavar zanjas para la instalación subterránea de cables y luego entré como electricista en el B.5.
En 1945 fui a trabajar a la Fábrica de Aviones de Córdoba, donde iba a cobrar 0.05 centavos moneda nacional, más, por hora.
Corría el año 1948, fue una mala experiencia, me ficharon como radical, así que volví a Villa María. Ya me había casado con Irene Ghiglia y teníamos dos hijos”.

Emprendimientos
“Mi suegra, que me dio una gran mano, compró una semillería en calle Buenos Aires 1363, donde vivíamos, y en una habitación instalé mi primer taller. Había trabajo, éramos cuatro que atendíamos a los clientes de la ciudad y zona, don Ramón Vijande, Venancio Bravo y el “Gallego” Martínez, momentos en que se estaban convirtiendo todos los motores de corriente continua a corriente alternada, y, además, se reparaban todos los artefactos eléctricos.
Me fui agrandando y atendía trabajos a domicilio que realizaban Gómez y “Tito” Astesano y compré la esquina de San Juan y E.E.U.U., donde funcionó el bar “Al Chentro”, y ocupé más obreros.
Hacia fines de 1951 o principios de 1952 me llamó mi primo hermano Emilio Salas, quien era empleado de la Western Oil Company en la República del Paraguay, quien me dijo – Alberto, tienes que hacerme un gran favor… Le respondí: -Cómo no. ¿Qué precisás?
-Aquí en Paraguay está refugiada una familia francesa que quiere ingresar a Argentina, necesitan un tutor y he pensado en vos.
-Bien -le dije– hagamos el trámite.
Y fui a la escribanía Fiol, donde firmé la escritura. Era obligación mía darle trabajo por dos años. Esa familia era la del ingeniero Boris Nossovitch, su esposa Ludmila y sus hijos Pedro y Miguel. Les facilité una casa en Villa Nueva y Boris trabajó un tiempo en mi taller, para luego dedicarse a arreglar reguladores de voltaje”.
Los boyeros
“Realizando esa tarea en camiones cargados con hacienda, observó que los animales eran picaneados con elementos manuales de punta de metal, que les producían sangrantes heridas y fue por tal observación que me aconsejó. ‘Don Alberto, dedíquese a fabricar picanas a batería, que con un golpe razonable de voltaje hará que el animal se mueva, sin ser lastimado’.
El ingeniero Boris ya había ideado los reguladores que fueron y son conocidos y comercializados en el país y en el extranjero, así que a mí me hacía las cajas para las baterías de las picanas, iguales que las que usaban para su producto.
Sus hijos Pedro y Miguel comenzaron a viajar, primero en moto, y a la vez que vendían los reguladores, recibían las unidades selladas quemadas para reacondicionar, cuyo invento, después, se lo transfirió a don Enrique Juan Nicola, propietario de Casa Nice.
Don Boris me propuso que me asociara con él, ofrecimiento que no acepté, pero tomé en cuenta su consejo para comenzar con la fabricación de boyeros eléctricos y registré mi marca “CAM-AL”.
La fábrica de la familia Nossovitch estaba en pleno ascenso y a mí me compraba toda la producción, que entregaban sus viajantes, hasta que yo pude desenvolverme por mi cuenta y formé personal especializado para la colocación de mis productos en plaza y la provincia, para lo cual compré 5 vehículos.

En el año 1959 había ingresado como profesor de mi especialidad en la Escuela del Trabajo y en 1967 renuncié para dedicarme de lleno a mi actividad.
“CAM-AL” cerró sus puertas el 7 de abril de 1990.
Ahora trabajo en mi modesto taller, para despuntar el vicio y, a la vez, juntarme con unos pesos extras, ya que estoy jubilado con la mínima. Tengo 2 hijas y un hijo, 9 nietos y siete bisnietos: ¿Qué más puedo pedir?”.
Así concluía hace algunos años el relato de Don Alberto Campos, un emprendedor en la ciudad. De los tantos que soñaron con crecer y contribuir a hacer un poco más grande esta ciudad.
Foto de portada: Reunión de personal de la empresa “CAM-AL” (Córdoba de Antaño).
2 comentarios en “[Historias] Don Campos, los boyeros eléctricos y la llegada de una familia innovadora”
Este relato es absolutamente cierto y si les interesa podria agregar algun detalle ya que soy quizas el unico sobreviviente.
Estimado Miguel, por supuesto que nos gustaría contar con su testimonio. Ya nos pondremos en contacto con usted. Saludos.