[HISTORIAS] El alemán que vivió en una isla del río Ctalamochita

Es muy posible que el protagonista de esta nota haya leído la célebre novela “Robinson Crusoe” del escritor inglés Daniel Defoe, y que por eso decidió venir a nuestro Río Ctalamochita, para vivir en una de sus islas de unos 300 por 100 metros, ubicada a unos 5 kilómetros río arriba del puente “El Andino”, en dirección al ex boliche “La Legua”.

Escribe: Julio A. Benítez – benitezjulioalberto@gmail.com

Habría elegido dicho lugar, aproximadamente, a principios de la década de 1920, instalando allí varias colmenas, hechas por él mismo y asentadas sobre ladrillos; plantó frutales, crió aves de corral, y venía a nuestra ciudad en una moto muy singular, o en sulky para vender sus productos, y, además, tenía clientes que iban a comprarle.

Construyó una humilde pieza de ladrillos y techo de cinc, con el infaltable horno de barro, para cocinar el pan dos veces por semana, para lo cual tenía siempre una bolsa de harina.

Como el brazo del río, de unos siete a ocho metros de ancho, que separaba esa isla de la costa, cuando había creciente era imposible cruzarlo, hizo una especie de balsa, con troncos, que estaba colgada con cuatro cables, sujetados a dos roldanas que se desplazaban por un cable más grueso, atado a dos árboles, uno en cada orilla. Era cuestión de correr unos metros y darle impulso, y así entrar o salir de ese lugar ubicado en el medio del río.

Es increíble, pero fue asaltado, maniatado y golpeado, y él sólo se pudo liberar. Le habrían sustraído unos pocos pesos y algunas ropas.

Lo apodaban “Don Canuto”, el alemán, un hombre muy culto, hablaba, además de su idioma, castellano, francés, italiano y portugués, pero de pocas palabras, como si desconfiara, pues las versiones de su salida de Alemania son contradictorias.

Tras una investigación de quien esto escribe, pudimos determinar que “El Alemán” se llamaba Curt Carl Klimaschewski y había nacido en Gr.Schliemann-Ostpreussen, Alemania,  el 25 de agosto de 1892.

Certificado de defunción del «Alemán». Se observan los datos personales, desconocidos para la mayoría.

Según quienes lo trataron, habría viajado, siendo muy joven, como grumete en un barco de su país y al llegar a Buenos Aires decidió quedarse, trasladándose a una estancia cercana a la localidad de Laguna del Monte (Bs. As.), de allí viajó a Villa María.

Otra versión dice que fue desertor de la primera guerra mundial, cuando Adolf Hitler comenzó su carrera político – militar, y con una hermana decidieron venir a Argentina.

Los habitúes del “Boliche La Legua”, donde nunca se detuvo,  sabían que “Don Canuto” se acercaba, pues su  motocicleta era muy ruidosa, con la que traía sus productos a la ciudad y volvía con sus provisiones. Ese medio de movilidad funcionaba, a la vez, como bicicleta cuando el motor fallaba.

Clientes, vecinos y conocidos

Entrevistamos a la señora Hortensia viuda de Bernaus, que con su esposo Antonio (fotografía), tenían una despensa en la esquina de La Rioja y José Ingenieros, sus clientes y a la vez sus proveedores. En su negocio, el diarero le dejaba “La Prensa” que pasaba a retirar dos veces por mes, le gustaba hacer las palabras cruzadas.

Antonio Bernaus, cliente y proveedor de Curt. En su negocio, retiraba el diario dos veces por mes.

También la señora Teresa viuda de Banchio nos ha referido que les vendía miel, huevos y pollos en el antiguo almacén que atendían con su esposo, don Tomás,  en  Bulevar Vélez Sarsfield, esquina  José Ingenieros.

Sus vecinos más cercanos, que tenían tambo muy cerca de la isla, eran Walfrido Leiba, ya fallecido, y su esposa doña Teresa Ana Costamagna. Precisamente fue don Walfrido quien avisó a las autoridades cuando lo encontró postrado en su cama.

Tuvimos oportunidad de conversar con Doña Teresa Ana, quien lo recuerda con mucho cariño, eran ellos quienes lo veían casi a diario, y nos comentó que su alimentación estaba compuesta por conservas en lata, generalmente atún, sardinas, corned beef, etc., y que cuando venía a la ciudad compraba carne para asar, y se podían ver amontonadas latas vacías y restos de huesos de carne vacuna.

También trabajaba una pequeña huerta y hacía unos exquisitos dulces con los duraznos de su propia cosecha. Normalmente vestía breches con botas de goma o de cuero.

En una oportunidad la señora de Leiba vio que llegaron a esa isla alumnos de una escuela, posiblemente de Villa María,  suponiendo que sería para hacerle preguntas sobre su manera de vivir, solitaria, en un paraje tan alejado. Además, doña Teresa Ana nos dijo que tenía en la oficina de Correos de Villa María la Casilla N° 2112.

Fueron sus vecinos, también, las familias de Don Manuel Pardiñas, Moro, Ortega, Fernández, Negro y Avalle.

Hallazgo

En nuestra investigación y conforme con datos no muy seguros, buscando tal vez algo que parecía imposible y que, gracias al personal del Registro Civil de nuestra Municipalidad, conseguimos su certificado de fallecimiento, cuya fotocopia acompaña a esta nota y así pudimos conocer su nombre y demás datos personales que nadie conocía… el alemán era “Don Canuto”.

Se llamaba Curt Carl Klimaschewski, había nacido en Gr.Schliemann-Ostpreussen, Alemania,  el 25 de agosto de 1892,  Cédula de Identidad  N°  295.628.

Falleció en el Hospital Pasteur de nuestra ciudad, a los 76 años, el 1 de febrero de 1969 a las 15 horas, de estado civil soltero, afectado de “Caquexia” (*), según el Certificado de Defunción N° 51, extendido por la doctora María Adela Malap.

Fue sepultado en la localidad de Tío Pujio.

(*) Caquexia – Del griego “Kachekía”. extrema desnutrición, atrofia muscular, fatiga y debilidad, enfermedad que en algunos casos es indicativa de la posibilidad de existencia de un cáncer.

Investigación del autor – Colaboraron, entre otros, Armando Berta, Clotilde Irene Muller, Manuel Pardiñas, Herminio Dellavedova, Alfredo Rosso y su esposa Hermelinda Bellomo, Ericca Brandlin (Alemana),  Armando Mauro y  Carlos “Gitano” Ortega.

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