[Historias] Héctor Bianciotti, de Calchín a París, el escritor cordobés que brilló en la academia francesa

Escribe: benitezjulioalberto@gmail.com

Las crónicas dicen que nació el 18 de marzo de 1930, en Calchín Oeste (a unos 80 kilómetros de Villa María), provincia de Córdoba, pero él sostuvo que había nacido en Luque, localidad cercana a aquella localidad.

Fue escritor, crítico literario y se trasladó en 1950 a París, adoptó la nacionalidad de ese país y se desempeñó en la Academia Francesa, todo un logro personal de gran valor, lugar desde el que promovió a grandes autores.

En un reportaje realizado por el corresponsal de La Nación, realizado en 1997, el escritor respondía que: “En el fondo nunca me fui de la pampa, porque nací en Luque, donde Córdoba es pura llanura. Estuve en Argentina como miembro de la delegación francesa que acompañaba a Jacques Chirac, por entonces presidente galo”.

De la llanura a Europa

Pero sí, se había ido, si la distancia de un escritor se mide en palabras, Bianciotti se había ido tan lejos que escribía –y pensaba, dijo– en francés. Tan lejos, que la Academia Francesa lo convirtió en un “inmortal”, tal el modesto nombre que da a sus miembros.

“Se puede ser un gran escritor francés, aunque se venga de muy lejos, de la pampa”, dijo otra académica, Jacqueline de Romilly, en el discurso con que lo recibió la institución. “Todo me llevó a Europa, desde chico, pero esa es una forma de argentino”, declaró el escritor.

La versión francesa de Wikipedia lo define como de “origen ítalo argentino”. Y algo de razón tienen: “Los padres eran piamonteses y cotidianamente usaban su lengua de origen”, cuenta su amiga la escritora Silvia Baron Supervielle. Su infancia fue el sonido del piamontés y la extensión y tristeza de la extensión.

“Huía del campo, de la llanura, de la angustia que me causaban los espacios desmesuradamente abiertos de los cuales no hay por donde salir”. No fue un chico típico.

“Cuando tenía seis años, a caballo, arriaba las vacas que se iban por un lado y yo por el otro porque iba leyendo sobre el caballo. La puerta de salida del campo fue la entrada a un seminario franciscano en la provincia de Buenos Aires. Empecé a estudiar francés a los 15, a partir de unos textos de Paul Valéry que salieron en el diario en 1955, encontré otra puerta y fui a Europa. Primero a España e Italia”.

La autoficción

De sus libros, se consiguen “Sin la misericordia de Dios” (1982); “Lo que la noche le cuenta al día (1992); “El paso tan lento del amor” (1995); “Como la huella del pájaro en el aire” (1999) y “La nostalgia de la casa de Dios” (2003).

De él, Silvia Baron Supervielle dijo que “tenía un gran conocimiento literario Universal”.

“Me defino como un escritor de auto ficción, alguien que hace, no autobiografía, sino ficción a partir de su vida. Entre las dos categorías está la conciencia de que la escritura es opaca”.

Desde Gastón Gallimard -desde su centralidad francesa- el segundo hispano hablante en la Academia, el anterior fue José María de Heredia en 1894 –que promovió a muchos escritores, entre ellos a Eduardo Berti, Leopoldo Brizuela y la propia Baron Supervielle.

Bianciotti estuvo siempre muy cercano a Jorge Luis Borges y estando a su lado, vio que inclinando la cabeza hacia María Kodama, murió muy lentamente y en silencio, como un reloj de arena que se vacía, acompañando a María en el momento de su sepultura.

Bianciotti junto con María Kodama en la sepultura de Borges.

Refiriéndose a Bianciotti, la escritora Baron Supervielle, dijo que “tenía presencia de actor, un físico elegante. La última vez que lo vi estaba bien vestido, elegante, en el jardín del hospital, donde estaba hacía 7 años con Alzheimer”.

“Entró en coma hace dos días, murió sin dolor, en París, el 11 de junio de 2012. Al final estaba en otro mundo; decíamos, tiene que irse, mejor, pero ahora que es definitivo, nuestra pena es enorme”.

En la Academia Francesa había sido nombrado “Oficial de la Legión de Honor y de la Orden Nacional al Mérito”.

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Fuente: La Nación

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