[Historias] La curiosa colección de “Kaiser Carabela” de un villamariense

Escribe: Julio A. Benítez

Henry John Kaiser (9/5/1882-24/8/1967), estadounidense, empresario millonario, construyó su fortuna como constructor de la mayoría de pavimentos, autopistas, represas y gasoductos, etc., tanto en su país como también en Canadá.

Luego se dedicó a la fabricación de naves de gran porte, conocido como el padre de la moderna construcción naval, durante la Segunda Guerra Mundial, cuyos planos y técnica aplicadas, todavía son usados para fabricar grandes barcos.

En 1950 se asoció con Joseph W. Frazer para fabricar automóviles de paseo, dando origen al modelo “Kaiser Manhattan” que en realidad no pudo competir con los “Tres Grandes de Detroit”.

Para conversar sobre el tema, entrevistamos a Ariel Baysre, piloto civil PPA, comentarista deportivo y de aviación. Además, es aficionado a la mecánica, artesano, chapista, pintor, transformador y coleccionista de coches fúnebres armados sobre chasis de los otrora famosos “Kaiser Carabela”.

Un ícono. Se destacaba por sus grandes dimensiones y su comodidad.

La historia nos ofrece dos versiones de su aparición en Argentina. Una, que el presidente Perón invitó a dichos empresarios para que trasladaran su fábrica a nuestro país. La otra dice que esa sociedad realizó tal ofrecimiento al Jefe de Estado Argentino.

De cualquier forma, en que se haya negociado este asunto, lo cierto es que el 18 de enero de 1955 se firmó el convenio dando origen a “Industrias Kaiser Argentina S.A.”, comúnmente conocida como “La IKA”, para lo cual se construyeron las instalaciones en “Santa Isabel”, provincia de Córdoba.

Como dato ilustrativo es necesario decir que Argentina importó desde E.E.U.U. 1021 “Kaiser Manhattan”, uno de los cuales fue restaurado a nuevo en nuestra ciudad por el chapista y constructor de coches de carrera, don Oscar Borri.

Los cambios

A mediados del siglo veinte, por razones de modernización, los coches fúnebres tirados por caballos se debían dejar de usar, razón por la cual las empresas de sepelios de todo el país comenzaron el cambio convirtiendo algunos autos y/o chatas para trasladar féretros y coronas.

Por razones técnicas, por su belleza y fortaleza fue elegido el “Kaiser Carabela” para realizar tales tareas. Bello vehículo, con motor Continental 6 L-226, transmisión trasera, con un peso de 1.638 Kg; largo 5.475 mm; ancho 1.900mm; alto 1.540mm., y 3.010 mm. de distancia entre ejes, con capacidad para 7 personas cómodamente sentadas. Fabricado totalmente en nuestro país, se vendieron 10.225 unidades, de las cuales 57 se utilizaron como taxis.

En primera persona

El testimonio del coleccionista Baysre:

“Acompañé a mi papá, Alberto, cuando comenzó con la tarea de conseguir los vehículos de dicha marca para hacer la transformación y usarlos como coches fúnebres, viajando a todo el país, ya que recibíamos información de los pueblos, ciudades y de algunas estancias donde descansaban los ‘KC’, ya pasados de moda. De manera tal que las facturas telefónicas de mi casa llegaban cargaditas, por llamadas realizadas a todo el país donde posiblemente había alguno.

Fuimos hasta Tío Pujio y vimos los ya restaurados. La mayoría estaban muy deteriorados, carrocería, dirección, parte eléctrica, los asientos estaban a la miseria, los restauré con cueros de animales de la zona de Mina Clavero.

Conseguí repuestos, tapas de ruedas, ruedas completas con la banda blanca, cubiertas, insignias, parabrisas, tableros, guardabarros, lunetas traseras, paragolpes, etc.etc. Esos autos fueron alargados 1,50 m., para la camilla con rolos giratorios de madera, a fin de que el féretro pudiera deslizarse y se agregaron los portacorona.

Cuando aparecieron otras marcas de vehículos también fueron transformadas para utilizarlos como coches fúnebres. De acuerdo a mí experiencia, sostengo que el ‘KC’ fue el de mejor adaptación para tal conversión, dado que cuando se dejaron de usar para los sepelios algunos fueron convertidos en chatas para el traslado, por ejemplo, de materiales de construcción, tierra, etc. muy pesados; aguantaba muy bien, no conozco que alguno se haya resentido por el alargamiento”.

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