[Historias] La “Gomina”, un invento argentino que llegó a París

Escribe: Julio A. Benítez – benitezjulioalberto@gmail.com

La juventud de 1910 ó 1920… ¿Cómo peinaba sus futuras canas, cuando aún no existía ningún fijador? Según la historia usaban aceite Lubia u olio Maccasar, aceitosos los dos.

El tango “Tiempos Viejos”, del año 1925, con letra de Manuel Romero y música de Francisco Canaro, fue grabado por Carlos Gardel en 1926, que comenzaba “Te acordás, hermano, que tiempos aquellos, eran otros hombres más hombres los nuestros, no se conocía cocó ni morfina, los muchachos de antes no usaban gomina” y Gardel, supuestamente, se peinaba con esos aceitosos fijadores.

Pero todo cambió cuando el estudiante José Antonio Brancato, alumno del Instituto Superior de Agronomía y Veterinaria y que a la vez trabajaba en una farmacia  ubicada en Florida al 600, como ayudante en la preparación de drogas, elaboró y comercializó un producto que servía para mantener asentado el cabello, hecho en base a goma tragacanto, y cuyo nombre registró con la marca “Gomina Brancato”, que al poco tiempo pasó a ser sinónimo de fijador de cabello, que no tardó en desplazar a los aceites y emulsiones utilizados hasta ese momento. Las ganancias que obtuvo por la aceptación de su producto, hicieron que abandonara sus estudios. 

A París

En 1925 este invento argentino fue introducido en París por un elegante porteño, don Carlos Arce, frecuentador de cabarets y restaurantes de lujo, a quien Enrique Cadícamo lo recordaba así: “…era un tipo netamente argentino, morocho, buena estatura, 25 años, que para las mujeres de las alegres noches de Monmartre era un novedoso espécimen engominado…”.

Los reflejos de las famosas peinadas a la gomina de Carlos Arce y de los otros argentinos, saltando por encima de las aduanas, se introdujeron en Francia como un auténtico contrabando de distinción.

La gomina terminó siendo comercializada en París por un compatriota nuestro, mucho más práctico que los anteriores. Su nombre era González Roura que se desempeñaba como corresponsal de un diario porteño.

Y de las crenchas porteñas, la gomina se trasladó al argot francés, donde la forma de gominé pasó a significar “dandy”, una palabra que tampoco le es ajena al tango “Bailarín Compadrito” de Miguel Bucino, del año 1929, que así comienza “Vestido como un dandy, peinado a la gomina y dueño de una mina más linda que una flor…”.

Fuente: “Los tangos, su historia”

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