La Asamblea de Delegadas y Delegados Departamentales de la UEPC...Leer más
Un grave accidente ocurrido durante una etapa del Rally Sudamericano...Leer más
Una mujer de 49 años fue detenida en barrio Evita...Leer más
Villa María vuelve a decir presente en el fútbol nacional...Leer más
En el marco del mes de la Concientización sobre el...Leer más
La Municipalidad de Villa María presentó una nueva edición de...Leer más
[Historias] Los secretos del búnker donde Perón nunca se refugió
Escribe: JULIO A. BENÍTEZ – benitezjulioalberto@gmail.com
En tiempos de la Guerra Fría, se acondicionó un espacio subterráneo en la calle Bouchard, con las mínimas comodidades para sobrevivir frente a un posible ataque.
Fue en el subsuelo del Edificio Alea que se conectaba con el Edificio Alas en su parte posterior donde se construyó el escondite.
Gran parte de nuestra historia se oculta bajo la ciudad de Buenos Aires. En San Telmo hay sepultadas casonas de la época colonial, bajo la Casa Rosada está el antiguo Palacio de los Virreyes y en plena City porteña existe un lugar donde se escondía el búnker mandado a construir por el expresidente Juan Domingo Perón en 1951.
Sin embargo, ese lugar jamás fue utilizado por Perón y más tarde fue cerrado, saqueado y olvidado.
¿En qué parte exacta de Buenos Aires se construyó el escondite? ¿Cómo era su interior? ¿Quedó algún resto arqueológico de ese lugar? ¿Qué se construyó encima? ¿Fue posible visitarlo?


El arqueólogo Daniel Schávelson investigó el tema a partir de 1999, cuando el Gobierno porteño le comunicó que, mientras una empresa privada levantaba una moderna torre en la calle Bouchard 710, esquina Viamonte, se habrían topado con una estructura muy parecida a un búnker, en el segundo subsuelo del edificio ALEA.
Hoy es un inmueble vidriado Premium comprado por la empresa Dow al holding Irsa por 87,2 millones de dólares. Tiene un gran cartel con el nombre Samsung y previamente tenía otro que decía Microsoft.
Mirá el video:
El origen
Para conocer esta historia, hay que remitirse a principios de la década del 50, cuando la empresa ATLAS construyó dos edificios unidos en su parte trasera: el Alea, inaugurado en 1951 y otro que recién se terminaría en 1955, el Alas.
En el primero de ellos, en el subsuelo, y conectado con el edificio Alas en su parte posterior, se construyó el escondite y este edificio, de hormigón, quedó inconcluso luego del golpe del 55, a mitad de obra.
Décadas más tarde el expresidente Carlos Menen reflotó el abandonado Alea y lo destinó para el Archivo General de la Nación y comprado luego por Cargill, que organizó la modernización del inmueble.
Y fue durante estos trabajos, mientras realizaban excavaciones, hallaron el búnker, que fue demolido y allí construyeron una cochera para 186 vehículos, actualmente en uso.

El Alas fue el edificio más alto de la ciudad por más de 30 años, en contraste con su vecino Alea, sede de los canales de televisión, que luego fue entregado a la Aeronáutica y hoy son departamentos privados del personal de dicha fuerza. De cualquier forma, por su tamaño y estilo racionalista continúa siendo un rascacielos icónico sobre Alem.
En definitiva, el refugio consistía en una caja cúbica de hormigón, con estructura de una casa típica burguesa, sin ventanas, hecha con el sistema tradicional de vigas, lozas y columnas, de poco de más de 100 metros cuadrados, pensado para sólo dos personas, Eva y Juan Domingo Perón. En el extremo oeste estaba el núcleo que permitía salir por Bouchard o por el edificio Alas a través de un pasillo.
Obvio que llamar a esa construcción como búnker es un error, ya que fue mal pensado, inusable y eso lo demostró el mismo Perón ya que nunca se refugió en él, ni siquiera durante los bombardeos que precedieron a su derrocamiento, ni tampoco lo usó el día que preparaba para salir hacia Paraguay.
No fue un búnker
Mario Silveira, también arqueólogo, que hoy tiene 91 años y tuvo la oportunidad de visitar el sitio, manifestó que: “Salió en los diarios la invitación a recorrerlo, fui solo, había una cola de dos cuadras y si como cuenta la historiadora era como un pequeño departamento, claramente no era el búnker de Hitler y respecto de los objetos que allí se exhibían, la prensa fantaseó bastante, como que había ropa y joyas de Evita, sólo prendas masculinas y unos 15 o 20 pares de zapatos, unas lapiceras y un teléfono, mudo por supuesto.

Julio Trocco que fue encargado del mantenimiento de la quinta presidencial de Olivos durante 40 años, fue llamado porque se había reventado un caño de plomo. El agua había subido hasta los 90 centímetros, se arregló y como se dice anteriormente todo quedó tapado por una gran cochera.
En la misma línea Silveira se lamentó de que en nuestro país el pasado que tuvo vínculo con el poder sea destruido, como sucedió con el caserón de Rosas o donde murió Evita, lugar en que se construyó la Biblioteca Mariano Moreno.
Ahora solo quedan dudas: ¿Ofrecer esto como visita no lo hubiera multiplicado al infinito? ¿Quién, peronista o no, no hubiese ido a verlo?
Fuente: La Nación, escrito por Virginia Mejía