[Historias muy dulces] Bagley, Terrabusi y cuando las galletitas venían en latas

Escribe: Julio Alberto Benítez – benitezjulioalberto@gmail.com

En el año 1862 llegó a Buenos Aires Mellville S. Bagley, nacido en EEUU, con 24 años recién cumplidos y comenzó a desarrollar su proyecto empresarial.

En 1864, en un modesto local de la calle Maipú, inició su actividad, fabricando un producto que sería una novedad. El 15 de octubre de ese año, Buenos Aires amaneció con sus aceras escritas con la palabra “Hesperidina”, en letras grandes y de color negro.

Primera, curiosa y hábil campaña publicitaria. Fueron dos meses de incertidumbre para los porteños, sin que nadie pudiera dar respuesta cierta a que podría responder ese novedoso e inédito modo de hacer propaganda.

Circulaba en la capital “El Mosquito”, de tirada semanal, cuyo primer número apareció el 24 de mayo de 1863 y que se definía como satírico-burlesco, con caricaturas políticas. En diciembre de 1864, Mellville S. Bagley presentó en sociedad su producto, en el citado semanario y demás publicaciones de esa época.

Era la “Hesperidina Bagley”, a base de naranjas amargas y con graduación alcohólica de 26º, que se ofrecía como aperitivo, y el productor afirmaba que esta bebida atenuaba la formación de úlceras estomacales como así también era indicada para el tratamiento del mal de la Fiebre de Heno, ya que, aparentemente, inhibía la producción de histamina.

Aparecieron imitadores, por lo que Bagley insistió ante el gobierno nacional para que creara la Oficina de Patentes y Marcas, la que se inauguró en el año 1876, otorgando a su invento “Hesperidina Bagley” la Patente Nº 00001 de las Marcas en la República Argentina.

Tres grandes empresas

El beneficio económico fue rotundo, espectacular. Decidió incursionar en el ramo de la panificación, y después de muchos ensayos comenzó en forma industrial la fabricación de las galletitas con su marca, que empezaron a sustituir en el gusto popular a las que se importaban desde Inglaterra.

Otro triunfo de Bagley, quien no pudo ver el crecimiento de su empresa, ya que falleció en 1880, a los 42 años de edad y la empresa continúo funcionando atendida por su familia.

Por otro lado, Juan Canale, con su esposa, inmigrantes italianos, en 1875, instalaron una modesta panadería en la esquina de Defensa y Cochabamba, a la que, después de unos años le imprimieron ritmo industrial, para  la fabricación de artículos de panificación y pastelería.

En 1886 muere Juan, y Julio, su hijo, tomó las riendas de la empresa que venía marchando a ritmo ascendente.

En 1905 formaron la empresa “Viuda de Canale e hijos S.A.I.C.”, construyendo en Patagones 611, la “Fábrica de Bizcochos Canale”, que se vendía en latas de color naranja. En 1910, en la Avenida Martín García 320, ampliaron sus instalaciones.

En 1911, los hermanos Ambrosio y Felipe Terrabusi, italianos, compraron una panadería en la calle Sadi Carnot 217 (hoy Mario Bravo). Allí comenzaron con la fabricación de bizcochos y galletitas en forma artesanal, a la que, en 1914, modernizaron, mudándose a la calle Thames 341, con sucursal en Triunvirato (actual Corrientes), entre Darwin y Godoy Cruz.

La marcha ascendente de sus negocios llevó a la empresa Terrabusi a inaugurar en 1919 su nueva fábrica de 4.000 metros cuadrados, en calle San José 1060, y en 1924 recibió el Diploma de Honor en la Exposición Argentina de la Industria.

Historias simples, pero con gratos recuerdos, de estas tres marcas de galletitas, que endulzaron el paladar de los argentinos, y que continúan ofreciendo estos productos, ahora, en poder de otros grupos económicos.

A partir de 1960, aproximadamente, otras empresas, fabricantes también de galletitas,  irrumpieron en el mercado.

Fuentes: Bagley y Canale – página web “Biblioteca del Congreso de la Nación”.

De Terrabusi, señor Pablo, por teléfono, y ante nuestra pregunta,  nos suministró la  información de la empresa.

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