[Historias] Quién fue Jardín Florido, el “cordobés” piropeador que se codeó con la alta sociedad

Escribe: JULIO A. BENÍTEZ – benitezjulioalberto@gmail.com

Su nombre real era Fernando Albiero Bertapelle, habría nacido en la ciudad de Bassano de Grappa en la región del Véneto, hacia 1875.

Pero la historia también narra que el nacimiento del personaje podría haber ocurrido en el barco en el que venía con su mamá hacia Argentina, radicándose en una colonia agrícola del sur de Santa Fe y como a él no le agradó el lugar decidió, a los 13/14 años, ir a la ciudad de Córdoba.

Sabía leer y escribir, algo poco común en los inmigrantes del siglo XIX. Su lengua materna era el dialecto Véneto, pero siempre se expresó en español como un nativo, por lo que muchos creen que su coeficiente intelectual era extremadamente alto.

En 1930 ya se encontraba totalmente instalado en el barrio Alta Córdoba, calle Antonio del Viso 738, donde se levanta hoy el hogar “Casa de Jardín Florido”.

Cómo creció su popularidad

Comenzó a trabajar en los bares y confiterías más exclusivas de la ciudad para luego entrar en el Richmond, frente a la plaza San Martín, dónde se ganó el cariño del público asistente, y entabló amistad con el abogado y político José Aguirre Cámara, quien además le consiguió trabajo en el Jockey Club, impensado para un inmigrante de aquella época.

Por supuesto en estas confiterías se vinculó con el jet social de la época, que él aprovechó para pulir su lenguaje, conocimientos y modales. Doctores, políticos y artistas frecuentaban esas confiterías y cuando querían darle propina los detenía diciendo, “no gracias, compártame un poco de su conocimiento”, ganando así el cariño de los personajes más influyentes de la ciudad.

Cuando salía de trabajar, lo hacía vistiendo de modo muy distinto al estilo del momento, con sombrero, frac y un bastón con bola de marfil, un clavel en el ojal, que lo dejaban fuera de contexto a la hora de recorrer el microcentro cordobés, piropeando a las mujeres que se encontraba en su recorrido, obsequiándole luego una flor.

Su figura comenzó a popularizarse y logró reunir una pequeña fortuna cuando comenzó a trabajar en una empresa inmobiliaria de la ciudad, lo que le permitió comprarse un Pakard de lujo (foto inferior), que algunos dicen que había sido de Carlos Gardel y que él le hizo colocar macetas con flores a ambos lados, para obsequiar, lo que se convirtió en parte de su identidad y el humor cordobés le dio un lugar especial desde el momento cero debido a su personalidad tan excéntrica.

Piropos y poemas

Acostumbraba a decir poemas y piropos a todos los personajes del sexo femenino del centro, llenos de una curiosa y dedicada invención, principalmente en Corrientes y Rivera Indarte. Por eso los cordobeses obtenían una sonrisa en medio de sus jornadas y con el tiempo su nombre fue transformado en “Jardín Florido”.

Todas esas exquisiteces en poema o en verso, piropos, con el mayor de los respetos, nunca alguna palabra fuera del contexto amable de su dedicación.

El vals “Jardín Florido”, del autor Raúl Montachini, fue un éxito de la época, cantado por primera vez por el conjunto musical “Los del Suquía”.

Ya, a partir de ciertos momentos de cambios de pareceres, políticos, sociales, la actuación de Jardín Florido fue tomada por algunos sectores como algo fuera de lugar, ¡Piropos a mí!

Descansa en paz, no te enfades, porque hoy lo tuyo sería una falta de respeto y directamente un preso más de la insensatez de los tiempos, ya que la modernidad cambia…

¿Para bien o para mal?

Este recordado personaje, falleció el 9 de julio de 1963, a los 88 años.

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Fuente: Pág. Web/jardín/florido/el/piropeador.

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