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[Historias] Sarmiento presidente y los amigos “bosta de vaca”
Escribe: Julio A. Benítez – benitezjulioalberto@gmail.com
Se hallaba Sarmiento en Norteamérica, cuando en 1868 fue electo presidente de la República.
Con este motivo, regresaba a Argentina por el Pacífico, para detenerse en Chile, visitar allí a sus grandes amigos, hombres ilustres con quien se había vinculado estrechamente durante su emigración por la tiranía de Rosas.

Debía también dar cuenta al gobierno de aquel país, de la misión que le confiara su gran amigo personal, señor Montt –a la sazón presidente de la república– acerca de modernos métodos y sistemas de pedagogía.
Conocimientos y experiencia
Sobre este tópico –al cual nuestro gran estadista dedicó mucha parte de su vida– traía un gran caudal de conocimientos científicos, perfeccionados durante la estrecha vinculación que contrajo con el célebre e ilustre educacionista Horacio Mann, cuya esposa tradujo al inglés su “Facundo”, escribiéndole un conceptuoso prólogo.
Regresaba, pues, a su país, pletórico de vida y enriquecido de saber y de experiencia, después de haber asimilado con mente despejada las ideas y normas que se proponía arraigar en su querida Patria, para realizar las profecías que estampara veintitrés años antes en el capítulo “Presente y Porvenir” de su “Facundo”.

Atravesaba la Cordillera por la misma ruta que antes lo hiciera abandonar su patria para escapar a las persecuciones del tirano, dejando grabado en una piedra el apotegma del sociólogo francés, que hizo suyo: “On ne tue point les idées”, “Las ideas no se matan”, como una protesta apostrofando a la tiranía.
Volvía, al decir de Belisario Roldán, como un torrente impetuoso que baja de la montaña saltando de peñasco en peñasco, iluminando con los destellos de su talento genial.
La llegada a Buenos Aires
A su llegada a Buenos Aires, fue objeto de homenajes y manifestaciones de admiración y aprecio. Era grande su prestigio.
En una de tantas reuniones de partidarios y amigos políticos, su gran amigo Dalmacio Vélez Sarsfield – que ya era indicado como su futuro ministro del interior – hacía de maestro de ceremonias en la presentación de las personas destacadas en la concurrencia: el Señor Fulano de Tal, rico hacendado de El Tandil; el Señor Mengano de Tal, rico hacendado de El Azul, y así, algunas decenas de ricos hacendados de la provincia de Buenos Aires.
Terminadas las presentaciones y saludos, Sarmiento que se paseaba en el salón, toma del brazo a su amigo Dalmacio y sotto voce, al oído, le dijo:
– Me parece que todos estos amigos nuestros son pura bosta de vaca.
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Fuente: Libro “Episodios Históricos y Anécdotas”, del autor Julio S. Maldonado – Marzo de 1940.