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[Historias] Un riocuartense en el Titanic y el misterio de la valija en el fondo del océano
La historia de Edgar Andrew, el único argentino que murió en el hundimiento del Titanic, aquella madrugada del 14 al 15 de abril de 1912, “sigue dando que hablar”, manifiesta el escritor Enrique Dick, familiar directo del infortunado joven que falleció en las heladas aguas del Atlántico Norte.
Escribe: JULIO A. BENÍTEZ – benitezjulioalberto@gmail.com
Edgar Andrew era hijo de inmigrantes ingleses y había nacido en la estancia El Durazno, donde su papá fue capataz, que era propiedad del político y rico comerciante, exgobernador de la provincia, don Ambrosio Olmos, ubicada en San Ambrosio, localidad cercana a la ciudad de Río Cuarto.
Cuando Edgar había cumplido 16 años, dedicado de lleno a las tareas campestres, su padre decidió que viajara a Inglaterra para estudiar ingeniería naval.
Allí recibió una carta, desde Nueva York, de su hermano mayor, Silvano Alfredo, ingeniero naval, que trabajaba en la construcción de dos barcos para la marina argentina, invitándolo a su casamiento con una viuda millonaria.



Una valija y algo más
Enrique Dick es, además, sobrino nieto del desafortunado pasajero del navío tan famoso, por su formidable construcción y demás detalles de confort, que lamentablemente se hundió en el Atlántico Norte.
Después de una expedición a los restos de dicho navío en el 2002, encontraron su valija, zapatos y otros elementos del riocuartense, en buen estado de conservación, motivo por el cual escribió el libro “Una valija del Titanic”.
“La idea nació cuando escribí mi primer libro sobre mi padre (uno de los tripulantes del acorazado alemán Graf Spee, que se hundió en el Río de la Plata) y se sostuvo mientras escribí otros más sobre mi familia”, explicó.
“El libro del Titanic estaba casi listo y tuve que volver un poco para atrás porque en el 2000 se dio el descubrimiento de la valija que Edgar llevaba a bordo del barco (dicha valija estuvo en el fondo del océano Atlántico durante 88 años y, pese a eso, la mayoría de los objetos que guardaba el joven se conservaron en buen estado, como el caso de las fotografías de distintos espacios de Río Cuarto)”, acotó.

El escritor dice que: “Significa mucho para mí ver en el “Museo Virtual Edgar Andrew” las fotos, que me recuerdan que en esta ciudad nacieron mi abuela y mi madre, por lo tanto, para mí esta historia es Río Cuarto, Estancia El Durazno, El Titanic y toda la familia.
Dick continúa: “Edgard tenía pasaje para el Olympic, de la misma empresa, con fecha 17 de abril, pero por la escasez de carbón, todo se lo transfirieron al Titanic para que pudiera salir desde Southampton el 10 de abril hasta Chesburgo (Francia) recalando en el último puerto, Queenstown (Irlanda) y desde allí a Nueva York.
Además, por este cambio de barco, hora y día, Edgard, que ya había cumplido 17 años, no pudo despedirse de su novia Josefina.
Un gesto noble
Una de las tantas historias que giran en torno de Edgard Andrew es la que dice que, cuando el Titanic se hundía, el joven argentino le entregó su chaleco salvavidas a Edwina Troutt, maestra oriunda de Bath (Inglaterra) de 27 años, que cuando supo que el argentino no se había salvado, lo recordó toda su vida, agradeciendo su gesto.
Fotos: Puntal, La Voz y otros portales públicos.