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Jubilación estatal: ¿otra estafa piramidal?
Escribe: Julio César Nieto
Días atrás, informamos sobre un nuevo y conocido sistema de engaño privado popularizado en redes sociales bajo el nombre de “Sistema Ponzi”.
El esquema ideado en los años ‘20 por el afamado estafador italiano Carlo Ponzi no tiene misterio: consiste en ofrecer altos retornos en poco tiempo, utilizando parte del dinero de los nuevos aportantes (o inversores) para pagar a los antiguos y dar apariencia de que el negocio funciona. El modelo se aplica desde productos de belleza a criptomonedas.
El deseo de ser tocado por una varita mágica y la aspiración a que la suerte se desproporcione en nuestro favor, datan de años en la historia política-económica.
Sistema insostenible
En la Alemania del siglo XIX, Otto Von Bismarck, creó un sistema de jubilaciones insostenible en el tiempo.
La esperanza de vida que rondaba los 40 años, le puso un techo a la edad de retiro en 60 años. El Estado se quedaba con el dinero y el político podía depender de esos fondos de manera indiscrecional.
Así nace en el mundo occidental el “Sistema Jubilatorio de Reparto”, que llevará décadas más tarde a una gran crisis al Antiguo Imperio Alemán.
En la Argentina, recién en 1904 salió la primera autorización de un sistema jubilatorio para los empleados públicos de determinados gremios.
Luego tuvieron sus avances tanto con los gobiernos radicales como con los reconocimientos constitucionales en los años 40 durante el peronismo.
Tras el golpe de 1955, los gobiernos utilizaron los fondos del sistema jubilatorio para colocar diferentes bonos en el Mercado. El capital acumulado en las distintas cajas había llegado al 20,3 % del PIB logrando prácticamente su agotamiento comenzados los años ‘70.
Las críticas de Perón
Las idas y vueltas llevaron a un sistema mixto y “cuasi” reparto. De hecho, el propio Juan Domingo Perón criticó dicho modelo (existente en la actualidad) en un famoso discurso pronunciado en 1973.
“Nosotros comenzamos a estudiar estos problemas cuando todos nuestros viejos estaban abandonados. No quisimos hacer un sistema previsional estatal porque he visto que estos sistemas no suelen ser ni eficientes ni seguros, dejando al Estado libre de una obligación que siempre mal cumple”, sostuvo.
“En 1956, el Estado acuciado por la necesidad echo mano a los capitales acumulado por las cajas. Es decir, se apropió, porque no era plata del Estado, sino de la gente que había formado esas sociedades y se descapitalizaron para financiar a otros que nunca habían aportado. Fue un asalto”, remarcó el líder peronista.
- Mirá el video:
AFJP y estado
Posteriormente, se creó durante los 90’ un sistema de jubilaciones por aportes de cada afiliado que duró hasta 2008. Ese año, los fondos acumulados en el sistema de capitalización, contra la voluntad de sus aportantes, pasaron una vez más a manos del Estado.
Vale destacar, que previo a la estatización de 2008, se tenía la libertad de decidir entre una AFJP privada o una del Estado (Banco Nación).
Desde 2009, con la creación del SIPA (Sistema Integrado Previsional Argentino), el Estado es quien maneja nuestros aportes y determina nuestras jubilaciones. El proceso costó unos 31 mil millones de dólares de las AFJP al fondo estatal. Una estafa igual o mayor a la confiscación de depósitos durante el año 2002.
Pirámide legalizada
Bajo esta modalidad, el sistema previsional “solidario” argentino se ha comparado con un esquema ‘casi’ piramidal, ya que representa una larga cadena para quienes nunca contribuyeron en él.
De esta manera, y en términos meramente técnicos, el actual sistema de reparto funciona “legalmente” igual que el esquema ideado por Carlo Ponzi. En su carácter coercitivo, el Estado obliga a cada ciudadano aportar un dinero (debitado mensualmente de su salario) con el fin de financiar jubilaciones de antiguos aportantes.

El modelo es un reloj cuando por algún medio la base se hace ancha y la cúspide se estrecha, logrando su insustentabilidad cuando el sistema ya no es capaz de incorporar nuevos aportantes para poder pagar a los antiguos.
Hoy, los pocos sistemas de reparto en el mundo están quebrados porque, si bien al principio existía mucha gente joven y pocos viejos, en la actualidad la ecuación se invirtió ya que la esperanza de vida se ha ido extendiendo, promediado el siglo XX.
Condena a la miseria
Los aportes que hace la gente no alcanzan para compensar los retiros que hay que hacer y por eso se empieza a compensar con impuestos. De este modo, pasa a ser un sistema de transferencia de riqueza de los que hicieron aportes a los que no.
La jubilación, que debería ser cosa de cada aportante, es administrada por el Estado a través de ANSES y ha jubilado, según IDESA, a casi 4 millones de personas en menos de una década.

Con dichos datos, podemos concluir que el ahorro para el retiro del mundo laboral no debería estar en manos de la dirigencia política que ha demostrado ser lo suficientemente incapaz como para saber de antemano que nos condenará a la miseria el día que nos retiremos.