Los hornos de Yucat…

Escribe: JULIO A. BENÍTEZ – Te acordás hermano

Del archivo del periodista Miguel Andreis, transcribiremos textualmente el reportaje realizado oportunamente  al señor Armando Casas, cuando cumplió los 91 años, mirando desde los amplios ventanales de su casa en la esquina de Entre Ríos y Belgrano, como transcurre la vida de una ciudad que ayudó a construir con su esfuerzo.

“Nací en Chazón en el año 1901 y el 6 de junio de 1917 llegué a esta ciudad para trabajar en el “Aserradero de Bermúdez y Figueroa” donde estuve hasta el año 1928, cuando el ciclón causó víctimas y destrozos, que a mí me encontró en la calle. El viento galopaba furiosamente, yo vivía en calle Perú, actual General Paz, donde está actualmente el Palacio de Tribunales. Había acompañado a una sobrina hasta su casa, apenas inicié el regreso, comenzó a soplar el viento, en principio me pareció una tormenta común, apenas pude llegar.

Ya no trabajaba más en el aserradero, había instalado una arenera, que ese terrible viento me la destrozó, máquinas, galpones, no quedó nada. En esos momentos solicité permiso al gobierno provincial para instalar un ramal de un metro, trocha angosta, desde Villa María hasta el “Paso Yucat”, que correría al costado de la línea ferroviaria del ex F. C. C. Argentino, hasta la altura de dicho puesto, para transportar arena y canto rodado, que ya se necesitaba para construcciones varias y de obras de pavimentos, en esta zona y en la provincia de Santa Fe.

La resolución favorable del respectivo ministerio de la provincia de Córdoba a la solicitud, decía que: “Se autoriza a la empresa “Hermanos Casas” a construir un  ramal de un metro, trocha angosta, desde Villa María hasta el sitio conocido como “Paso Yucat”, con un total de 17 kilómetros 910 metros, con sentido  tal como está indicado en la planimetría. En la construcción de la vía se utilizarán rieles de 7 metros 20 centímetros de largo, con un peso de 20 kilos 400 gramos el metro”. Este ramal se conectaría con el sistema de transporte  interno  que ya está funcionando en la Estancia de Yucat, desde fines del siglo diecinueve (1). Pero don Armando, con resignación, manifiesta que -“Lamentablemente el proyecto, por distintos motivos, no se pudo concretar en los hechos”.

En cuanto a las administraciones municipales, es indudable que el mejor intendente fue Parajón Ortíz durante sus dos gobiernos comunales, pero… ¿Qué pasó? Mantuvo cierta distancia con don Amadeo Sabattini, por lo que se rompieron las relaciones y su apoyo, relaciones que también se enfriaron con don Antonio Sobral. Tal vez Parajón intentó el protagonismo solo, retirándose de la buena sombra del ombú político radical… y así le fue.

De los vecinos pondero a don Pedro Figueroa, por cuya iniciativa se instalaron los primeros teléfonos, la primera usina y la limpieza de cereales para exportar vía puerto de Rosario. Tenía más empleados que el Molino Fénix, también una gran empresa.

Y la ciudad cambió en estos últimos años, aquí siempre hubo progreso, se construían viviendas, los viajantes no se cansaban de decir que su trabajo era mejor que en Río Cuarto… Y de la vida nocturna, ni hablar. En otras ciudades, a las 21 horas, tutti a casa, acá recién empezaba, hasta altas horas de la noche, principalmente los viernes y sábado, y/o la noche anterior a algún feriado en medio de la semana”.

]]>
Compartir:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *