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“Madres Mierdas”: Niños asesinados y abusados en una sociedad que prefiere no mirar
Escribe: Miguel Andreis
Fines de noviembre. La noticia conmovió al país. Estaba lejos. Muy lejos de Villa María. Hubo enojo social. La repugnancia de la impotencia. No obstante, la distancia era sideral. Y de lejos parece que el dolor se atenúa en la conciencia. Solo parece. El cuerpecillo de Lucio, tal el nombre del niño pampeano, estaba atrozmente destrozado. Cuatro años. Aguantó lo que pudo.
El parte médico indicaba, entre otras cosas: “El cuerpo presentaba un golpe fuerte producto, probablemente, de una patada, heridas compatibles con quemaduras de cigarrillos y múltiples mordeduras. Algunas lesiones eran antiguas, muy antiguas, otras muy recientes”.

El fiscal que tomó la causa rápidamente ordenó la detención de la madre del niño, Magdalena Espósito Valenti, y de su novia, Abigaíl Pérez. Ambas fueron acusadas de homicidio. Las trasladaron a una cárcel de San Luis. De allí salieron imágenes de otras detenidas que intentaban hacer Justicia por propias manos. Ya nada devolvería a Lucio y su perversa acumulación de dolores.
Aquel maléfico escenario estaba lejos. Muy lejos. Eso es lo que creímos. Nos preguntamos cómo fue posible que un repugnante y aborrecible crimen realizado en cámara lenta no haya sido visto por médicos, docentes, vecinos, Justicia…
Las asesinas habían invisibilizado socialmente a Lucio. Después, todo fue tarde.

Villa María… Barrio Botta, sí, nuestra aldea
Diciembre. Una mujer a la que definen madre y, su pareja, en Barrio Botta, absolutamente enajenados, venían torturando a su niño de año y medio, con retrasos madurativos y notoria desnutrición. Violencia sexual de todo tipo, luego aparecerían las fotografías a las que posteriormente se venderían en Internet. El ano destrozado, se dijo, golpes. Quizás, desde el mismo día que nació.
Maira Ríos, ese es el nombre de la mujer que parió al bebé, decirle madre le queda grande, ya en el 2018 fue casi un año de prisión por tenencia de drogas. A ella la acompañaban familiares. En 2018 recibió una sanción de un año de prisión por “tenencia simple de drogas”.
Silvia Villafañe (52), abuela del niño fue quien denunció a su hija por las aberrantes acciones cometidas a la criatura en una vivienda del barrio Lamadrid. El interrogante es: ¿Nadie intervino?

La retorcida Ríos quedó a disposición de la Fiscalía de Instrucción del Segundo Turno. Los cargos son de “abuso sexual con acceso carnal”, “corrupción de menores” y “producción y distribución de imágenes de abuso sexual infantil”.
Todo parece indicar que las denuncias no fueron suficientes. Otro niño que se invisibilizó. Hasta hace pocas horas el bebé permanecía en una de las salas de Pediatría del Hospital Pasteur. Allí el bebé absorbe algo que nunca había conocido. El cariño de los trabajadores de la salud…
También se detuvo a su pareja. Los datos que saldrían de la Justicia dan cuenta, en principio, que no estaría involucrado directamente… Se especula si este patético proceder no buscaba fines económicos: vender las monstruosas imágenes, es lo que se llama cibercrimen…
Emiliano, destrozado a golpes, quien lo trajo al mundo, actuaba
Emiliano tenía dos años. Apenas pudo estar unas horas en el Pasteur. En este caso también, la mujer que lo parió, le había propinado maltrato infantil de los considerados muy graves. Hemorragias abundantes. Un llamado a la ambulancia, y encuentran en el baño al bebé inconsciente con sangre que brotaba de su boca.
Los primeros datos es que solo se encontraba con el niño el concubino de la paridora (26 años) y él 28. Ambos fueron acusados por la Justicia de lesiones gravísimas. Los infames hechos ocurrieron en Villa Nueva.
Ya en el Pasteur se le formalizó toda la atención para mantenerlo con vida. Al rato llegó ella, la criminal y, con un actis (actuación) de una gran artista, imploraba que se lo salvaran. Contaría un médico más tarde que la doctora actuante ya había detectado o sospechado la actitud de criminalidad.

Al fondo de la sala de pediatría, un padre que, con su esposa, sobrellevan una pesada carga luchando por la vida de su pequeña niña, acompañándola día y noche, casi que corrió hasta el lugar preguntando con notoria preocupación sobre el estado del niño. Lo hizo en más de una ocasión.
Al otro día, luego de repetidos diagnósticos se trasladó a Emiliano a Hospital de Niños de la Santísima Trinidad de Córdoba. Allí los estudios fueron terminantes. No se trató de un accidente doméstico. El bebé demostró quebraduras de vieja data, lesiones antiguas y de pocos días en todo el cuerpecillo. Ya no había dudas. Su cráneo destrozado y hemorragias internas. Se acababa la depravada mentira.
Las versiones de su madre se contradecían por minutos. Ninguna coincidía. El corazoncito dijo basta de sufrimiento el 23 de diciembre. Habían pasado dos días de lucha de médicos y enfermeras.
La asesina es Ana Yael Piedra (28), mientras que su concubino, Jonathan Marcelo Fernández (26).
Aquí, en nuestra aldea, se visibilizó otra morbosa muerte de un menor.
No mirar
El médico, aún en estado de conmoción, reflexionó sobre el padre que se rota con su esposa para acompañar a su niña día y noche en el Hospital. “Unos dan la vida por sus hijos, hacen cualquier esfuerzo y nada importa, y otros, son capaces de llorar para ocultar su cinismo de violencia morbosa”.
Lo cierto es que Emiliano es uno de los tantos que fue invisivilizado ante la sociedad, hasta llegar a la propia muerte. ¿Qué cerca está La Pampa! ¿Cuántos, en este mismo momento serán torturados, mientras que la sociedad, nosotros, no los vemos?
O será que preferimos no mirar…