[Misterio y olvido en Villa María] Te mostramos los desconocidos túneles de Barrio La Calera

Escribe: Julio A. Benítez – benitezjulioalberto@gmail.com

Siempre se dijo que en Villa María había diferentes túneles, más allá del paso peatonal de los Hermanos Seco.

Desde esferas oficiales se descartó esa información.

Pero, El Regional te muestra en exclusivo el interior de los túneles ubicados en Barrio La Calera.

Hoy tapados por sedimentos y basura acumulados a lo largo del tiempo, estos pasos subterráneos habrían pertenecido a una “calera”, una fábrica de cal que funcionaría durante muchos años en ese sector.

Estos pasadizos se encuentran en una propiedad ubicada en la manzana comprendida entre las calles Deán Funes, Arenales, Granaderos Argentinos y Juan José Castelli.

En 1905 comenzó a instalarse la firma “Hornos de Cal de Enrique de Stoecklin”. Luego, fue comprado por un propietario de otras caleras en la provincia. Pasó por distintas manos hasta que la fábrica cerró.

Hoy, quedan como testimonio tres túneles perfectamente armados. Son fiel testigo de que allí, hace 115 años, el trabajo se desarrollaba con los adelantos técnicos de la época.

Su altura es de unos 2 metros.

Se cree que uno se utilizaba para llevar el producto a las vías del ex Ferrocarril Central Argentino, para cargar en los vagones.

Los otros dos túneles, con salida a las calles laterales en aquellos momentos, se usaban para la entrada de la leña.

El sitio por donde se ingresa a los túneles en el terreno ubicado en Barrio La Calera.

La historia detrás de los túneles

Tratar de comprender y explicar lo que sucedió en una población a través del tiempo es un desafío que siempre nos atrae, y la Historia busca, justamente, eso, para encontrar un orden dentro del aparente caos en que se fueron dando los acontecimientos, y poder, así, aproximarnos a esos momentos lejanos y ajenos a nuestra realidad, siendo necesario hacer un esfuerzo de imaginación para poder ubicarnos en aquellos tiempos.

Y de acuerdo a lo manifestado al comienzo de esta nota, recordemos que nuestra actual Villa María, fue en sus comienzos una aldea, luego una villa para ser declarada ciudad en el año 1915, con líneas de los ferrocarriles Central Argentino, el Andino y el de la compañía francesa Santa Fe.

Y aquella aldea rodeada de bosques que parecían interminables, fueron interesantes lugares para inversionistas que compraron terrenos o sitios como figuran en antiguas escrituras, por ejemplo, la “Compañía de Tabacos Nobleza Piccardo y Cía.”, de Buenos Aires, fundada a fines del siglo XIX, fraccionadora del tabaco de los cigarrillos “43”.

Esta firma adquirió una fracción de terreno, ubicada, de acuerdo al plano original, al NO de la línea demarcatoria fijada por la Municipalidad (Art.1. “A”), al NE por la actual avenida Coronel A. del V. Larrabure y calle Granaderos Argentinos, al SE por bulevar Vélez Sarsfield y al SO por avenida Amadeo Sabatini.

No encontramos en nuestro archivo la superficie de tal compra, pero según planos actuales el espacio comprendería unas 14/15 manzanas, que forman un triángulo irregular.

Nos ayuda a comenzar con esta historia, un recorte de “El Diario del Sur de Córdoba”, del viernes 10 de julio de 1987, de una nota realizada a la señora Micaela de Solís quien manifestaba que:

“El barrio existía desde 1890, habiendo por entonces no más de cuatro casas y en los terrenos lindantes al cementerio existían hornos de ladrillos donde trabajaban obreros de otros lugares de la región”. (Material proporcionado por la oficina del “Patrimonio Histórico de la ciudad de Villa María”) Atención que agradecemos.

Los restos del horno de cal, en una imagen publicada por El Diario en 1987.

La fábrica de cal

A comienzos del siglo XX, con mayor precisión, en el año 1905, mientras el casco céntrico de la ciudad era el escenario de los sucesos revolucionarios que contribuían a promover acentuadas desinteligencias municipales de nuestra clase dirigente, en un sector alejado de aquel radio comercial, con más características rurales que urbanas, la empresa “Hornos de Cal de Enrique de Stoecklin” comenzó a instalar uno.

Presentó la solicitud del permiso a las autoridades municipales el 2 de noviembre de 1905, indicando que construiría unos 10 metros de vía Decauville que acortaría el camino para llegar a la línea del Ferrocarril Central Argentino, porque es el camino que pasa cerca del horno, a más o menos 300 metros del cementerio y la vía Decauville, que, saliendo de la fábrica, cortaría derecho para llegar a la línea ferroviaria. En total 10 metros de vía sobre camino municipal, sin cambio de nivel.

Popularmente se lo conoció como barrio “La Calera”, fábrica de cal a la que la estancia “La Vera”, de los políticos socialistas Juan B. Justo y Nicolás Repetto, le proveía de leña de algarrobo.

Vivienda construida donde se encontraba el horno de la calera. En el costado izquierdo, se encuentra el acceso al subsuelo.

Dicha industria vendía cal en la ciudad y zona de influencia y, además, enviaba su producción a las poblaciones de la línea ferroviaria que unía Villa María con Río Cuarto y por el de Santa Fe, los pueblos de la línea Villa María a San Francisco también estaban provistos del material.

La maraña de caminitos surcaba la espesura de las malezas donde, de tramo en tramo, alguna casucha humilde denunciaba la presencia humana y a la vez la proximidad de un horno de ladrillos.

La autorización para aquella solicitud del 2 de noviembre de 1905 recién fue concedida en la sesión del Concejo Deliberante del 3 de diciembre de 1908, es decir tres años, un mes y un día después de la fecha en que fue solicitado el permiso.

Nuevos dueños

Aquel primitivo núcleo de habitantes se fue compactando y, para 1916, se lo conoció también como “Pueblo Piccardo o Picardo”, cuyas características sociales fueron la falta de todos los servicios y, por lo tanto, exento de impuestos municipales, situación que continuó invariable durante muchos años siendo, al mismo tiempo, el barrio más postergado de Villa María en cuanto a la prestación del servicio de electricidad.

En 1932, otros terrenos del lugar fueron comprados por Ponce de León, siendo una zona de fronteras imprecisas, y la familia Gorosito (Gerónimo, Ciriaco, María Inés, Bibiana Gorosito de Ponce León, María Gorosito de Álvez, Clotilde Gorosito y Clotilde Fernández de Gorosito) estaba comprendida dentro de la zona de ampliación del cementerio.

Aproximadamente, a fines de la década de 1930, el horno fue comprado por Pedro Cavaller y Cía., quien ya tenía hornos en las sierras, como Deán Funes, La Calera, La Cumbre y Concepción, quien continuó ocupando a los mismos trabajadores del anterior propietario, dándole gran movilidad al sector aledaño a la fábrica de cal villamariense.

Se fueron asentando las familias de los obreros de la calera y también de changarines que ofrecían mano de obra barata para circunstanciales labores. Eran, casi todas, viviendas transitorias, dispuestas irregularmente en los baldíos, sin demarcación de calles que no fueran otras que los recordados “caminitos” que se fueron formando con el ir y venir de los vecinos que por allí residían.

Crecimiento del barrio

La lenta incorporación de algunos servicios municipales (desmalezamiento y recolección de residuos) y la presencia de la Escuela Domingo Faustino Sarmiento, contribuyeron a mejorar algunos aspectos tradicionales del barrio.

La propia institución educativa, a través de su cooperadora, se preocupó por solucionar los más afligentes problemas comunitarios. La evolución fue lenta, casi insensible, en un tiempo que transcurrió sin urgencias.

Desde 1954 el barrio pasó a denominarse “General Roca”, hasta la década de 1980, que volvió a llamarse “Barrio La Calera”, cuando esos terrenos fueron administrados por la Municipalidad y se permitió a los vecinos sin vivienda de la zona, que allí se afincaran, construyendo sus propias casas.

Se mostró por aquellos años como “barrio migratorio”, especialmente de varones, y el nivel de instrucción se correspondía con tercer grado y existía un 11.9% de analfabetos.

Luego la fábrica fue adquirida por el señor J. Gítter, empleado administrativo del anterior propietario, quien la transfirió a terceros, que al poco tiempo dejaron de producir y la cerraron, no conociéndose la fecha del cese de actividades.

La propiedad donde se hallan los pasadizos

Durante las operaciones municipales para el ordenamiento del barrio y luego de haberse planificado su superficie, el señor Emilio Fonseca adquirió, en el 2018, un terreno interior, en la manzana comprendida entre las calles Deán Funes, Arenales, Granaderos Argentinos y Juan José Castelli.

Está ubicado exactamente en el lugar donde anteriormente funcionó la fábrica de cal, con la piedra que se traía desde San Agustín.

Visitamos al dueño del terreno, quien tiene apilados unos 500 ladrillos hallados en este sitio, entre ellos comunes con importados refractarios cuneiformes y otros de arcilla alumínica de distintas marcas, como Calder, A. P. Grenn, Wilson British Made y Riam-c-c de 22×10 y un baldosón del piso, también Calder, usados para armar la bóveda del horno donde se fundía la piedra caliza.

El señor Fonseca nos acompañó y estuvimos en el terreno, donde ya había abierto una entrada al subsuelo. Pesada tarea dado que, para lograr entrar, se encontró con cemento armado.

¿Túneles hacia dónde?

Dichos túneles, aún perfectamente armados, son fiel testigo de que allí, hace 115 años, el trabajo se desarrollaba con los adelantos técnicos de la época, utilizando uno para llevar el producto a las vías del ex Ferrocarril Central Argentino para cargar en los vagones con destino a distintos lugares de su recorrido.

Los otros dos túneles, con salida a las calles laterales en aquellos momentos, se usaban para la entrada de la leña. Como se puede apreciar en las fotografías, los tres están en perfecto estado de conservación.

Como podemos ver también en las fotografías, dichos túneles, con el transcurrir de los años, se fueron tapando con residuos, y, además con la tierra que el agua de las lluvias fue arrastrando, pero el espacio para que el personal se pudiera mover cómodamente, era de unos 2 metros de alto.

En el patio del terreno privado, existen dos carretillas de mano que por su estado fueron, sin duda alguna, utilizadas en el distinto movimiento de los materiales con que funcionaba la fábrica de cal.

¿Patrimonio histórico?

Este medio consultó sobre el tema al arquitecto Hugo Las Heras, titular de la Dirección de Patrimonio Histórico del municipio villamariense.

El funcionario se mostró interesado por “abrir, descubrir esos túneles, si es que lo son; hacer una historia e incorporarlo al patrimonio de la ciudad”.

Las Heras indicó que en un momento sostuvo que no había túneles en Villa María, más allá del pasadizo de los Hermanos Seco. Y dio sus razones.

“Los que hemos encontrado son cavas, por ejemplo, en el Concejo Deliberante y otra chiquita en la capilla San Antonio. Hay una confusión respecto de los túneles porque en muchas casas se usaban en los sótanos unos pasadizos para resguardar los alimentos. Eran como habitaciones subterráneas en viviendas de finales de siglo XIX”, explicó.

“Se dicen muchas cosas, pero nunca descubrimos túneles, sí sótanos con cavas que tienen arcadas, pero que terminaban en la medianera de la casa de al lado”, acotó.

¿Estaremos frente a túneles como todo pareciera indicar en Barrio La Calera? ¿O serán sótanos o pasadizos que no conducen a ninguna parte?

Nuestro trabajo es mostrar el hallazgo. El resto será tarea de especialistas.

Reclamos por el patrimonio

Por otro lado, el señor Emilio Fonseca nos pidió realizar un breve comentario respecto del patrimonio histórico de la ciudad. Entre otros conceptos, manifestó:

  • “Estoy desconforme con el poco valor que las autoridades villamarienses dan a lo que son verdaderos recuerdos culturales muy valiosos de la historia de nuestra ciudad, como la venta o trueque del ex Salón de Deportes y la latente posibilidad de que la Placita de Ejercicios Físicos tenga también un final con caracteres de intereses inmobiliarios”.
  • “Además, me causa pena ver cómo, después de muchos años, el terreno que era propiedad del Aeroclub fue vendido y sus instalaciones trasladadas a un sitio muy alejado para los amantes de los aviones armados por los aficionados a tal actividad, una artesanía digna de ser acompañada por el público. Pero, ahora, los vuelos de bautismo no se realizan como antes”.
  • Finalizando, deja sentada su protesta por no haberse cuidado como correspondía a la máquina a vapor que estuvo en el terreno, esquina de San Luis y bulevar Cárcano, y que después fue enviada al desguace, “como una basura, un recuerdo histórico, cultural del pasado de la ciudad”.
  • Además, se interroga: “¿Qué se hizo y dónde están las rejas que demarcaban el perímetro del cuadro de la estación del ex F.C.C.A., que en su totalidad eran unos mil seiscientos ocho metros?

Fuentes: Página web “Córdoba de Antaño” y “Libro Historia de Villa María y sus Barrios” del historiador y escritor don Bernardino Calvo.

NOTA: También colaboraron con datos primordiales para armar esta nota, los señores Francisco “Chiche” Ingaramo y Héctor “El bicicletero” Saavedra, amigo y ex vecino de don Emilio Fonseca.  Gracias por tan invalorable colaboración.

Las fotografías nos han sido proporcionadas por el dueño de dicho terreno, señor Emilio Fonseca, atención que sinceramente agradecemos.

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