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[Opinión] ¡Cómo dueles, Argentina!
Escribe: Cristina Pablos
Vivir en un país en el que la certeza de la muerte llega a una edad en la que aún se ignora que hay algo llamado vida…y que se acaba.
Vivir en un país hecho de rumores y sombras de disputas.
Vivir en un país donde se grita con voz lijada de aguardiente grueso. Donde hay días en que se pierde el rastro de la pena y nos atraviesa una frontera de palabras no dichas.
Vivir en la resignación de la pobreza y comer de la basura tibia que tiran los camiones recolectores; allí, entre las ratas, hurgando desperdicios y el olor nauseabundo de pañales usados.

Es una realidad convertida en rutina para las personas que viven en los 5.300 asentamientos en basurales desparramados por la Argentina toda. Sin hacerle asco a los vidrios rotos atravesando alpargatas desflecadas, o a los clavos, o a las latas y guardar las cosas de metal como ahorro, cual plazo fijo.
Y los niños… jugando con peluches mugrientos y gastados. Se le cosen los botones al desorden y se remienda con melancolía. Todo cubierto por un silencio espeso… esos, son mis hermanos.
Vivir en un país cargado de dolores cotidianos. Siempre volviendo de las cenizas. Siempre al filo del abismo, lamiendo heridas y con negras cicatrices en el alma.
Vivir en un país cargado de dolores cotidianos. En un país en el que estoy, pero no quiero estar. Siempre volviendo de las cenizas. Siempre al filo del abismo, lamiendo heridas y con negras cicatrices en el alma.
Vivir en un país hecho de rumores y sombras de disputas.
Sin “ningún grupo de hombres que tenga la extraña decisión de ser razonables” (Borges). Que sepan defender la Patria en cada gesto.
Vivir con el desconcierto caminando sufriente detrás de la esperanza. Un pueblo angustiado por dos sicópatas, en el gobierno, peleándose por una lapicera y ministros que renuncian, sorpresivamente, un fin de semana.

Y el pueblo, en la cubierta del Titanic, viendo cómo se acerca el iceberg.
En este país, sobrevivir, cada día, requiere un esfuerzo sobrehumano.
¡CÓMO DUELES, ARGENTINA! Con un dolor que nunca termina de clausurar