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[Opinión] La imaginación al poder o ¿en el poder?
“La imaginación al poder” fue el eslogan utilizado por los estudiantes franceses, en París 1968, cuando se dio la revolución de las ideas, conocida como el “Mayo Francés”. Daniel Cohn Bendit escribió un libro con ese eslogan como título.
Escribe: Cristina Pablos
El que usó la imaginación “en” el poder fue Alberto Fernández en la apertura de las sesiones legislativas en el Congreso, el pasado 1° de marzo, al cual llegó en un auto oficial que debe $3,5 millones en multas y con una gran frialdad en la calle.
Leyó (y mal) 55 hojas de un relato que solo él se cree. Comenzó su discurso con un tono forzadamente moderado para terminar a los gritos como cualquier hincha en una cancha de fútbol y- bajeza total- contestando los insultos que un diputado opositor le hacía llegar.
Mientras el presidente desvariaba en el Congreso, caían los bonos argentinos. Perdió la oportunidad de hablarle a todo el pueblo argentino: se dirigió a su gente y, en especial a su compañera de banco, CFK, que lo ignoró desde su entrada.

Sus palabras fueron una alabanza permanente a sí mismo: “Yo hice esto, Yo hice…”.
Un diputado opositor le contó 27 mentiras en más de dos horas de discurso. Cuando habló de la pandemia (la causante, junto con la guerra, de todo su desgobierno) no tuvo una sola palabra de empatía para con los familiares de los más de 130.000 muertos por Covid.
No toda la culpa es de los que nos gobiernan, sino de quienes los votan
No solo no habló de los 40 años de democracia, sino que le ofreció el peor de los tributos al tratar con un bochornoso discurso a los dos miembros de la Corte Suprema que estaban sentados a su lado, señalándolos con la vista y también con su dedo alzado mientras la TV Pública los enfocaba 40 veces durante la denostación que hacía de ellos, a los gritos.
Mis felicitaciones a esos dos hombres que, estoicamente, resistieron los embates de su presidente, embates hechos más que nada para congraciarse con su vice: una grosería institucional.
Este mitómano empedernido todo lo que dijo fueron mentiras como: “Hemos dejado los cimientos para construir un gran país”, ¡Y qué cimientos! Por favor, presi, cuando se vaya, lléveselos.
Por supuesto, los medios de comunicación también tuvieron su parte. No habló ni de la inflación ni de la inseguridad. Todo el tiempo trató de congraciarse con CFK. Llamaron la atención -o no- las ausencias de Kicillof y de Máximo Kirchner.
En un momento de su soporífero discurso dijo: “Ya lo dijo CFK; ¿es culpa de los que mienten o de los que creen esas mentiras?”.
Fíjese, en eso concuerdo con Ud. No toda la culpa es de los que nos gobiernan, sino de quienes los votan.