[Opinión] La soledad del poder

 “La política es incompatible con la moral” (Francis Bacon)

Escribe: Cristina Pablos

El poder se ejerce, no se declama. Ni se hereda, ni se pide prestado, ni se improvisa, ni se negocia y, sobre todo, no se bastardea. El poder se merece.

El peronismo es el partido del poder, y no de cualquier poder. Es el poder de un partido omnipresente y hegemónico al que la única capaz de ponerle límites es la sociedad, ya no bastan con los opositores de turno.

Y como todo poder total, aspira a perpetuarse, a veces, bajo otras denominaciones.

Poder y gobierno. Todas las miradas conducen a Cristina Fernández.

Ahora bien, si Perón hablaba de lealtad, hoy por hoy, no se nota. Nadie es leal con nadie, hasta los mismos miembros del gobierno le dicen “borracho” al presidente, algo que ningún opositor se hubiese animado a hacer.

El presidente está solo, de soledad absoluta. Su mentora lo ignora (o lo odia), otros miembros de su gabinete lo denigran con epítetos más dignos de un barrabrava en un partido de fútbol.

Y con este presidente en soledad, con su palabra devaluada por él mismo, los argentinos somos infelices, vivimos angustiados.

Y, en la sociedad, los más imaginativos, le hacen “memes” que pasean por todos los medios televisivos. Y es que el presidente en sí es un patético meme. Él mismo dijo que, a veces, se olvida que es presidente -yo diría más seguido de lo conveniente.

Tanto es así que se olvidó llevar al Tedeum del 25 de mayo los atributos presidenciales (la banda y el bastón). Lo que no se olvidó fue la guitarra para darles un gusto a sus muchachos.

El presidente está solo. A veces usa el traje de víctima lo cual demuestra su debilidad. Los mismos ministros desmienten lo que él dijo 3 horas antes y un gremialista le regala una lapicera, más directo imposible.

¿Y si obviamos al sustantivo “Poder” y tomamos esa palabra como verbo? Hay muchas cosas que se “pueden” hacer para cambiar esta realidad y mejorarle la vida a la gente.

Y con este presidente en soledad, con su palabra devaluada por él mismo, los argentinos somos infelices, vivimos angustiados. Vemos un sistema político roto y se nota un cansancio peligroso en la ciudadanía, y el desborde no tiene futuro.

Hay una gran grieta de valores en todos los sectores. En la sociedad hay resignación (por ahora), desgano y mucha bronca acumulándose.

Pedirle al presidente que ejerza el poder es pedirle peras al olmo. ¿Y si obviamos al sustantivo “Poder” y tomamos esa palabra como verbo? Hay muchas cosas que se “pueden” hacer para cambiar esta realidad y mejorarle la vida a la gente.

“Poder” hacer una Argentina más justa y hacerle más llevadera la vida a todos los argentinos.

                                                                               

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