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[Opinión] Sexualidad y maternidad: ¿Las mujeres son naturalmente madres?
Escribe: Lic. Noelia Benedetto (*)
Aquello que perturba la maternidad es la maternidad misma tal cual está establecida, la impostura de esta como destino obligado y la imposición de hacerse cargo de otros.
Desde la represión de la sexualidad en la época victoriana, se construyó para las socializadas mujeres un deslizamiento de la sexualidad a su valoración asociada a la maternidad.
Como consecuencia se configuraron para la mujer moderna los papeles de género específicamente femeninos, como lo señala Burin: madre abnegada, esposa fiel, ama de casa laboriosa.
De todas las representaciones heterodesignantes de las leídas mujeres la única en que se les oferta el lugar de sujeto es la maternidad.
La cultura no deja por un momento de valorizar la maternidad e invierte gran cantidad de recursos materiales y simbólicos para que no disminuya el mito materno.
Las mujeres no son naturalmente madres, sino que su potencialidad para serlo dependerá de su deseo o de la situación, como lo prueba la construcción de un mandato patriarcal al respecto.
La aportación de Darwin acerca del supuesto instinto maternal de las mujeres ha contribuido en gran parte a naturalizar la capacidad de procreación de la mujer.

Las mujeres modernas han interiorizado mandatos morales que parten de la heterodesignación de la feminidad y que las determinan, construyendo su subjetividad.
La consecuencia de su trasgresión es el sentimiento de culpa y miedo a perder la valoración y los afectos. El sistema provee una compensación: el mito de mujer=madre.
La valoración le viene a la mujer precisamente por practicar la ética de cuidado, la responsabilidad, la renuncia al poder y a la hostilidad, el pudor y la abnegación en su función materna.
Para Fernández, interiorizar este mandato de una maternidad abnegada significa para la mujer asumir la otra cara del mito: aquello que se niega para que el mito pueda funcionar, esto es la agresividad, el erotismo, la autonomía.
En otras palabras, el revés del mito contendría, también, el revés de los mandatos de renuncia, de abnegación, de ética, de cuidado. Es decir, opera, como expresa Fernández, por violencia simbólica.
(*) Psicóloga y Sexóloga