Revoques con perfume de mujer: lleva 20 años en la construcción y levantó su propia casa

Escribe: Carolina Durand

Gisela Marceloni tiene 42 años, vive en barrio Los Olmos, donde construyó su casa con sus propias manos a los 27. De joven fue activa en varios deportes, jugó en AFUCO, hizo ciclismo, básquet, y le gusta trabajar en la construcción escuchando música electrónica.

Trabajó un año en la gastronomía, montó una peluquería unos meses y dejó para volver a un trabajo que, a su vez, es un hobbie. “Me gusta realizar trabajos con mis propias manos y estar en movimiento todo el tiempo, mi oficio me permite sustentarte económicamente y hacerlo con gusto”.

Gisela empezó a pintar a los 22 años, en las mejoras de la casa de su madre. Un vecino la vio y le ofreció llevarla a trabajar con él en casa de un ingeniero australiano. “El ingeniero me vio y se asombró con mi trabajo, me preguntó si me animaba a pintarle unos departamentos y acepté como un primer desafío. Al llegar al lugar, era un edificio con 17 departamentos en Villa María. Sin dudarlo, comencé y estuve 11 años trabajando con sus obras. Hacíamos complejos, terrazas, pintura, terminaciones de obra”, detalló.

Gisela reconoce que aprendió y se perfeccionó en muchos aspectos, de la mano de quien confió en ella para un gran proyecto.

“Con los años decidí abrirme camino sola y en 2010 agarrar obras completas. Trabajo a mi ritmo y la experiencia me permitió llevar a cabo grandes construcciones y que el boca en boca de la gente y las recomendaciones de clientes, nunca me hicieran faltar el trabajo”, aseguró Marceloni.

La casona donde Gisela y su compañera están a cargo de las refacciones.

“Los hombres nunca me discriminaron por ser mujer”

“He trabajado con cuadrillas de hasta 25 hombres y nunca en mis 20 años de oficio he tenido problemas. Siempre me han respetado y a mi trabajo, nunca sufrí algún tipo de discriminación por ser mujer”, aclaró.

“Tenemos las mismas capacidades, está en uno si le gusta el oficio y esforzarse para aprenderlo y hacerlo bien. Con respecto, al mito de tener fuerza para este tipo de tareas, tenés que saber hacerla, por más que seas hombre, la fuerza en bruto no controlada y mal aplicada, es lo que deteriora el cuerpo”, explicó la profesional de la construcción.

En su familia son todos albañiles, “y la sangre tira”. Además de trabajos de albañilería, también tiene conocimientos en electricidad y plomería. “Estudié maestro mayor de obras, y deje a un año de terminar, pero no me arrepiento. La práctica y la experiencia de dos décadas, me avalan. El título es importante, pero saber aplicar lo que uno estudió lo es aún más”.

En el 2019, decidió tomarse un año sabático de la albañilería; trabajó en la gastronomía otra de sus pasiones y se dio cuenta que “ser mi propia jefa, no tiene comparación”. También estudió peluquería y montó una propia. “Es un trabajo mucho más pasivo y desistí”.

“Hay que priorizar lo importante”

“A los 27 me hice mi propia casa. Construía y trabajaba los fines de semana, porque en la semana estaba en las obras.  Para alcanzar una meta, hay que ponerse objetivos a corto plazo y priorizar lo importante, el tiempo, el gasto. Mientras algunas mujeres se compraban zapatos, o ropa, yo invertía en mis herramientas de trabajo y en mi propia casa, hecha con mis propias manos”, recuerda.

Gisela se encuentra trabajando hace cuatro años en compañía de Andrea Moroni (46). “Yo mucho no sabía, pero Gisela me enseñó y hoy en día nos complementamos muy bien. Yo genero el vínculo con los clientes, me encargo de comprar lo que se necesita y de ir a la par, para generar buenos trabajos y finalizaciones de obra a nuestros clientes”, asintió su compañera.

Actualmente se encuentran trabajando en Tucumán y Marcos Juárez, donde están reconstruyendo y aplicando mejoras a una vieja casona de hace más de 100 años.

La doctora, Mirian Cornejo, quien las contrató expresó: “Más allá del trabajo de Las Chicas, como sus clientes en confianza les decimos, son excelentes en lo que hacen y en su esencia humana. Son cumplidoras, responsables, prolijas, honestas y de suma confianza”.

“Estoy muy satisfecha con haberlas contratado, por la calidad de trabajo, el esmero y el tiempo que le dedican a cada habitación para hacer un trabajo de excelencia”, sentenció la profesional.

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