«Rinconcito de Luz», el merendero que, ante la necesidad, debió convertirse en un comedor

Desde noviembre del 2021, martes, jueves y sábados, brindan la merienda a un promedio de 40 chicos. A raíz del comentario de una niña que “en su casa para cenar solo tenía té”, las mujeres a cargo del merendero decidieron convertirse en un comedor dos veces por semana y, lo lograron.

Escribe: Carolina Durand

Fabiana Rodríguez es coordinadora del comedor y la acompañan 5 mujeres que se organizan para buscar a los niños, prepararles la cena y los sábados la merienda, ordenar el ropero comunitario, lavarles las manos y la cara, preparar juegos y darles la palabra de Dios.

Funcionan en barrio Las Acacias, en Los Ceibales 937. Lograron servir la cena los martes y jueves y continúan como merendero los sábados por la tarde. 

“A raíz de una donación de pre pizzas, una tarde hicimos una merienda con pizzas y eso llevó a que los niños piensen que les íbamos a dar de cenar. Nos empezaron a pedir empanadas, panchos y otras comidas que en sus casas no es habitual que haya”, comentó la coordinadora del lugar.

“Recientemente, una de las nenas asistentes al merendero no quería irse, y preguntó si podíamos darle la cena porque en su casa solo había té. Eso nos partió el alma y a su vez, nos movilizó a tomar este desafío de convertirnos en un comedor, aunque sea dos veces por semana”, comentó Fabiana.

Y llegaron las donaciones para la primera cena…

Las ganas, el interés y la predisposición estaban. Los impedimentos eran dos: el espacio físico y los insumos para preparar una cena para 40 chicos.

Rinconcito de luz funciona en casa de Fabiana, en su patio. A su vez, el departamento de su hijo construido al frente de su casa es el que están utilizando para preparar la comida y el dormitorio como ropero comunitario.

“La construcción es muy costosa y nosotros no manejamos donaciones de dinero, pero llegado el momento iniciaremos una campaña de un ladrillo por persona, ventas para los materiales, chapas para el techo y con la mano de obra de los conocidos, allegados y padres de los mismos niños, quizás en algún momento podremos edificar para tenerlos contenidos bajo techo”, expresó Fabiana.

“A raíz de la difusión de querer brindar la cena, muchísimas donaciones de alimentos nos han llegado y el martes 10 de mayo nos largamos con la cena, gracias a la donación de locro de una persona. El jueves 12 hicimos una raviolada. Sabemos que Dios proveerá y la gente de buen corazón seguirá acercando lo que pueda donar”, remarcó.

“Nosotras ponemos el tiempo, el lugar, el trabajo, el amor, la dedicación y lo que conseguimos para estos niños y, gracias a las donaciones de una gran cantidad de gente, les hacemos un poquito más fácil el día a día a estos niños”, continuó la vecina solidaria.

Fuera del sistema

En un terreno de obras sanitarias, detrás de Las Acacias, se conformó un asentamiento, bajo el nombre Santa Clara. Allí viven en su mayoría paraguayos, uruguayos y algunos argentinos que, han quedado fuera del sistema y, entre chapas, maderas y algunos ladrillos comenzaron a construir sus casas, ranchos, su lugar para vivir. Unos sin luz, sin agua, sin alumbrado público, con roperos utilizados como camas para los niños, y así tratan de sobrevivir.

Algunos niños trabajan en albañilería, cortando césped, en lo que encuentran, colaborando con la precaria economía de sus padres. Lo que expone que, en ese lugar habitan niños que no están escolarizados, además de pasar frío, hambre y extremas necesidades. ¿Y su niñez, y su infancia, y su educación? Quedó pintada en algunos carteles de “La ciudad del aprendizaje”.

“En mí, ellos ven una abuela y yo veo más de 40 nietos a quien amar y mimar”

“A veces, mas allá de la merienda o la comida, los niños nos piden brazos, que los escuchemos, que juguemos, que les prestemos el oído. Eso nos demarca la necesidad de salirse 2 o 3 horas de su realidad y rodearse de este lugar y de lo que podemos brindarles que, para ellos es un montón”, asintió Rodríguez.

“En este lugar no juzgamos a nadie. Ni la condición del niño, ni la situación que atraviesan sus padres. Les regalamos nuestro tiempo, amor y, los incentivamos a que no dejen de soñar que en el día de mañana su situación va a cambiar. En mí, ellos ven una abuela y yo veo más de 40 nietos a quien amar y mimar”, agregó.

Aumentan los comedores y merenderos

Desde la Secretaría de Inclusión Social y Territorio municipal se entregan mensualmente cajas con alimentos secos a los comedores o merenderos que cumplen con los requisitos solicitados por el municipio, por lo que, menos de la mitad de las organizaciones reciben esa ayuda.

Pero la pregunta es: ¿Por qué cada vez hay más? Porque cada día hay mayor necesidad y demanda. Constituirse como asociación civil y funcionar como persona jurídica para acceder a diferentes programas y ayudas estatales tiene un alto costo económico.

¿Si un comedor funciona gracias a donaciones, puede conseguir $60.000 para constituirse legalmente como tal?

Estas organizaciones suelen llegar a donde el estado no llega. ¿Es responsabilidad de un vecino o varios solidarios, asegurar el derecho al alimento, vestimenta y educación de un niño? ¿No es un derecho por el que, el estado debe velar?

La coordinadora del comedor aseveró: “Nuestro compromiso y el de la gente que se suma con sus donaciones, es con los niños. Si el municipio no puede llegar con su caja de alimentos a este lugar, no nos va a condicionar para seguir trabajando por quienes necesitan un plato de comida”.

“No nos interesa la dependencia ni lo que les hagan llegar a las familias del barrio Santa Clara, nos importan los niños. Si un niño viene a Rinconcito de Luz, es porque aquí encuentra más que algo para comer, y eso no tiene precio ni papeles”, finalizó.

Para colaborar con donaciones al teléfono 3534 25-3846 (Fabiana)

Facebook: https://www.facebook.com/profile.php?id=100078478617178

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