[Tiempo Loco] Gramilla en patios y jardines: ¿Diosa o demonio?

Escribe: Ing. Hernán Allasia

Les cuento que observo varios años seguido lo mismo en mi jardín.

Desde el 1° de febrero se retrasan los rebrotes de mi césped-gramilla. Sí… ya sé… ya sé… a un mes y algo de comenzar el otoño, todo cambia, pero quería comentarles algo referido a la dichosa y benemérita «Cynodon dactilon».

Es una especie que da un muy buen césped en verano, pero, a partir de ahora y hasta agosto se vuelve amarilla, pierde la hoja y no rebrota porque entra en reposo invernal.

Cosmopolita y bondadosa

La bibliografía dice que es nativa del norte de África y se sospecha que su patria original ha sido la India, lo que hace entendible que sea una gramínea de verano que ama el calor y suelos con déficit de agua.

Sus estolones se extienden por sobre el suelo y emite raíces en cada nudo, lo que le permite avanzar rápidamente e instalarse en sitios donde otros pastos encuentran dificultades.

La gramilla recibe varios nombres diferentes según el país o región que se trate.

Algo más. Es cosmopolita. Se ha extendido por todo el mundo y por eso, en habla castellana, tiene numerosos nombres:  brena, canaria, cañota, césped, diente de perro, escobillas blandas, gambre, grama, grama blanca, grama canaria, grama canina, grama común, grama de botica, grama de España, grama de secano.

También se la denomina grama fina, grama nudosa, grama oficinal de España, gramen, gramia, gramón, gromón, hierba gramera, hierba rastrera, medicina del perro, pan de perro, pata de gallina, pata de gallo, pata de pollo, pie de gallina, en fin… una verdadera viajera y con mucho mundo.

Hasta Ricardo Güiraldes, el autor de «Don Segundo Sombra», la nombraba en su poesía. Miren si no…        

 

Mi caballo (Ricardo Güiraldes)

Es un flete criollo, violento y amontonado.

Vive para el llano.

Sus vasos son ebrios de verde y la tarde, en crepúsculo orificado, se enamoró de sus ojos.

Comió pampa, en gramilla y trébol, y su hocico resopla vastos golpes, en sed de horizonte.

La línea, la eterna línea, allá, en que se acuesta el cielo.

Contra el amanecer, cuando la noche olvida sus estrellas, golpeose el pecho de oro, y en la tarde, enancó chapas de luz.

Iluso, la tierra rodó al empuje de sus cascos; fue ritmador del mundo.

¿Realidad? ¡Qué importa si vivió de inalcanzable!…

«La Porteña», 1914.

Fuentes:  www.rionegro.com.ar y www.cervantesvirtual.com   

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