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¡Todo pasa… todo. ¿Y las consecuencias!
No será este un primero de enero más. El paso del tiempo se encargará de rescatarlo como el más caliente de la historia del país, y no precisamente por los grados que marcó el termómetro. Fueron tantos los hechos de violencia y la desesperación de las últimas semanas, que todo diagnóstico aparece como desconcertante. Podría decirse que solamente en los años setenta el temor se instaló de tal manera, aunque con otras características. Esta vorágine de acontecimientos, que como una máquina insaciable se deglute hombres con apetencias de poder y propuestas con más pasado que futuro, no es otra cosa que el final de una etapa y seguramente el nacimiento de otra. ¿Mejor o peor?. Se sabe que no existe parto sin dolor. Podrá doler más o menos, pero no se puede obviar que dolerá. ¿Cuánto dolerá? Es el interrogante que subyace entre la esperanza y la verdad de la realidad cotidiana. En menos de 15 días, 5 presidentes, una cifra poco halagadora para la democracia de una nación que no puede evitar su diagnóstico de esclerosis múltiple. Es posible que el tan reclamado déficit cero quede relegado por la tolerancia cero de gobernados a sus gobernantes. De ahora en más, todo es factible, alguien extrajo de la paleta del pintor el color gris pintándonos a todos. Entre tantas cosas que nos esfumaron desde el poder, se llevaron en sus bolsones, además, la posibilidad de la confrontación de la palabra, esencia de la política y garaje de la esperanza. Podría llenar varias hojas el analizar lo que el lector ya analizó desde su propia perspectiva de bolsillo. La que nunca falta a la verdad. Este primero de enero no será un día más. Y quisimos iniciar el año con una reflexión cuyo autor desconocemos, pero que entendemos puede ser un elemento simbólico de lo que esperamos, sin desesperar y pensando en ese mañana que nos está envolviendo:
» Hace muchos años un rey que le dijo a su corte de sabios; ´estoy fabricando un anillo muy costoso, y quiero guardar oculto en el mismo algún mensaje que pueda ayudarme en momentos de desesperación total, y que ayude a mis herederos, y a los herederos de mis herederos, para siempre. Tiene que ser un mensaje muy breve para que quepa en el anillo´.
Sabios y eruditos se pusieron a pensar qué escribir. No era simple en dos o tres palabras encontrar la frase que los ayudara en los momentos de desesperación total.
El rey tenía en su corte un anciano sirviente que también había sido sirviente de su padre, y que además lo había criado. Era casi parte de la familia. Sentía mucho respeto por él. También lo consultó. El hombrecito, entrado en años, le respondió que durante su larga vida en el palacio se había encontrado con todo tipo de gente. Y le contó que en una ocasión que visitaban al desaparecido rey, compartió una charla con una persona de llamativa mística que le dijo una frase que no olvidó jamás. Escribió la misma en un pequeño papel, lo dobló y se la entregó al rey recomendándole: ´la tienes que leer solamente cuando creas que ya no encuentras la salida´
Ese momento no tardó en llegar. El país fue invadido y el rey perdió el reino. Huía desesperado en su caballo perseguido por sus enemigos. Estaba sólo y los perseguidores eran numerosos. Llegó a un punto donde el camino se acababa, no había salida. Escuchaba el trotar de los caballos. En ese preciso instante se acordó del anillo, levantó el diamante y desdobló el papel donde simplemente decía: «ESTO TAMBIÉN PASARÁ». Sin darse cuenta el silencio lo fue invadiendo. Quienes lo perseguían seguramente se extraviaron en el bosque, tal vez se equivocaron de camino. Ya no oía los cascos de los caballos.
Volvió a poner el papel en el anillo. Pasó el tiempo, reunió a sus ejércitos y reconquistó el reino. Y el día que entraba de nuevo victorioso en la capital, hubo una fenomenal celebración… él se sentía muy orgulloso de sí mismo.
El anciano que le escribiera aquello estaba a su lado, en el carro, sonriente le dijo:
-Este momento también es adecuado: vuelve a mirar el mensaje.
-¿Qué quieres decir? -preguntó el rey-. Ahora estoy victorioso, la gente celebra mi vuelta, no estoy desesperado, no me encuentro en una situación sin salida.
-Escucha – murmuró el anciano-, este mensaje no es sólo para situaciones desesperadas; también es para situaciones placenteras. No es sólo para cuando estés derrotado; también es para cuando te sientas victorioso. No es sólo para cuando eres el último; también lo es para cuando seas el primero.
El rey abrió el anillo y leyó el mensaje: «ESTO TAMBIÉN PASARÁ», y nuevamente sintió la misma paz, el mismo silencio, en medio de la muchedumbre que celebraba y bailaba, pero el orgullo, el ego, había desaparecido.
El anciano continuó: Recuerda que todo pasa. Ninguna cosa ni ninguna emoción son permanentes. Como el día y la noche, hay momentos de alegría y momentos de tristeza. Acéptalos como parte de la dualidad de la naturaleza porque es la naturaleza misma de las cosas».
Casi que es nuestra obligación suponer que «ESTO TAMBIÉN PASARÁ», al menos sería importante que quienes gobiernan, comprendan este mensaje.
La Dirección
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