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[40 años] Ellas también estuvieron: Una villamariense entre las veteranas de Malvinas
Dicen que la guerra es cosa de hombres. Durante el conflicto en Malvinas, 649 soldados argentinos murieron y más de mil resultaron heridos. La guerra dejó serias secuelas en muchos más que libraron otras batallas en su vida cotidiana.
Pero también hubo un grupo de mujeres que, a su modo, formó parte de esa postal de la tragedia, la desesperación y la lucha por la patria.
Casi 40 años después, lograron ser reconocidas como veteranas de guerra, aunque no dispararon una sola bala, ni se encontraron en el frente de batalla contra los ingleses llegados de los mares lejanos.
Ellas tuvieron otra responsabilidad: curar las heridas de la piel y la carne, y tratar de sanar un poco las heridas del alma de decenas de soldados que eran asistidos en un hospital móvil instalado en el frío patagónico de Comodoro Rivadavia.

“Muchos excombatientes nos dicen que no somos veteranas porque no pisamos la turba malvinera, porque nuestras botas no pisaron el suelo de las islas. En nuestras botas no había esa tierra, pero estaban llenas de sangre de los soldados argentinos”.
La frase corresponde a una villamariense, radicada desde hace años en Buenos Aires. Stella Maris Morales fue una de las 14 enfermeras con rango militar que la Fuerza Aérea destinó para atender los heridos en el continente.
Ellas también estuvieron, pero durante mucho tiempo permanecieron invisibilizadas, como borradas del mapa, como si nunca hubieran estado allí. No se hablaba de Malvinas, de la derrota, de todo lo que se había hecho mal, de la tragedia que significó para miles de familias.
El reconocimiento tardó en llegar. Pero, fue por otra batalla que libraron. Para que el Estado argentino las validara como veteranas. Stella y sus compañeras, sí estuvieron. “Más allá del papelito que siempre necesita el Estado, yo no lo necesito para saber que soy una veterana de guerra”, destaca.

La violencia del olvido
“No fuimos a matar, fuimos a combatir las heridas de los soldados que llegaban de las islas, a atenderlos y contenerlos. Fue una tarea de la cual hoy me siento orgullosa, pero al mismo tiempo, a 40 años siento ese dolor y esa sensación de cómo puede ser que se hayan olvidado historias, como las de las enfermeras que estuvimos en el sur del país”.
El sentido reclamo es de esta villamariense, la menor de cinco hermanos, que estudió enfermería en el Instituto del Rosario, luego de pasar por Bellas Artes, y se fue a Buenos Aires a anotarse a la Fuerza Aérea. Al poco tiempo se convirtió en una de las cuatro primeras enfermeras elegidas para ir al sur.
“Fuimos 14 enfermeras profesionales con grado militar de la Fuerza Aérea. Lo más impactante fueron los primeros días que llegaron los heridos, fue un shock para todos. Vivimos momentos de angustia, dolor, en ese momento encontrás el verdadero significado de la guerra”.
Cada 2 de abril, Día del Veterano y de los Caídos en Malvinas es “volver al pasado”. “Quedan heridas abiertas que no se cierran. No solo se vuelve a la guerra, sino también a la posguerra con la violencia que significó el olvido, porque no se reconoció la labor de la mujer enfermera”.

Pasaron muchos años para que pudieran levantar su voz. Junto con dos de las 14 compañeras, Alicia Reynoso y Ana Masitto, comenzaron a hacerse oír. En 2019, incluso, volvieron al lugar donde habían librado su lucha contra el dolor y la muerte. Entonces, nació el documental “Nosotras también estuvimos”, del director Federico Strifezzo.
Allí recordaron anécdotas teñidas por el dolor, la angustia y el espanto. Volvieron a vestir los uniformes verdes y se calzaron los borcegos negros. Incluso encontraron el refugio construido hace cuatro décadas.
“Fuimos ordenadas a no hablar, nos obligaron a callar esta historia. Cuando terminó la guerra volvimos a nuestros lugares de trabajo, en los pasillos no se hablaba, no se hacían comentarios. Esto marcó para siempre nuestras vidas”.
Pero, de a poco, levantaron la bandera por la visibilidad, se reunieron y comenzaron a luchar contra el olvido. “No figurábamos en ningún libro, pero teníamos documentos, podíamos fundamentar nuestro trabajo, teníamos cartas, recortes de diarios, libros escritos por nosotras. Nos dolió mucho este silencio, fue triste y doloroso, pero nos levantamos y sentíamos que teníamos que vencerlo».

Negación de veteranos
Más allá de la tardía decisión del estado por reconocerlas, hay otra falta de reconocimiento que no logran comprender.
“A 40 años, algunos veteranos nos niegan, porque nos dicen que no estuvimos en las Malvinas, que no pisamos la turba malvinera. No importa si estuvimos en el continente o en las islas, si todo es suelo argentino”.
“Es muy triste, porque nosotras nos calzamos los borcegos, pero no nos ensuciamos con la tierra como dicen, nos ensuciamos con la sangre de los soldados que venían de las islas. Eso nos dice que somos veteranas”.
“Igual no necesito un papel para decir que soy veterana, yo me siente veterana desde el momento que empezó la guerra y que comenzamos a curar las heridas de los soldados que venían de las islas”.

Stella se siente esperanzada por el futuro y lo que los jóvenes puedan hacer en relación con Malvinas.
“Lo que me alienta de estos 40 años, es que veo a mucha gente joven que se interesa y está inquieta por la historia, por Malvinas, por toda la verdad. Ellos de alguna manera van a poder lograr la soberanía, pero no con las armas, sí bregando por la paz y luchando con la palabra y el diálogo”, finalizó la veterana de guerra.