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«Obra pública cero», el sueño de Milei casi hecho realidad: El caso de la Circunvalación de Villa María
La Circunvalación de Villa María que debería quedar finalizada en este 2025 es solo una muestra de tantas de la paralización o estancamiento de las obras públicas desarrolladas por la Nación en pueblos, ciudades y provincias.
A la “eliminación” de la obra pública, como le gusta decir al presidente Javier Milei, se sumó ahora la desaparición de Vialidad Nacional y de la Agencia de Seguridad Vial, con nulas precisiones y muchas dudas sobre qué pasará ahora con el mantenimiento de rutas y caminos -ya ni se puede siquiera pensar en crear nuevas trazas o renovarlas por completo- o con la prevención de siniestros de tránsito.
El sueño de la “obra pública cero” se viene haciendo realidad para un presidente que comete graves desatinos no solo desde lo discursivo, también ejecuta actos de una gran irresponsabilidad y con una carencia total de sentido común.
Escribe: Germán Giacchero
“La obra pública es una estafa”.
“Eliminamos la obra pública que era uno de los curros más grandes de la política”.
“Es mentira que la obra pública genera puestos de trabajo, la obra pública genera impuestos».
“Es una de las mayores fuentes de negociados y de corrupción con los amigos del poder”.
Javier Milei va camino a cumplir un nuevo sueño, que va más allá de verla a Cristina Fernández presa. Se le está haciendo realidad el anhelo de alcanzar la meta de la “Obra pública cero”.
Aunque de manera oficial no lleve ese nombre, claro, al pomposo estilo de iniciativas como hambre o pobreza cero (preguntar en este caso por Mauricio Macri como autor intelectual de esa propuesta), el objetivo para nada oculto es acabar con las obras pagadas por el gobierno nacional. Y que se las rebusquen los intendentes y los gobernadores, como dijo en más de una ocasión.

Hasta comienzos de junio último, el gobierno de Milei había suspendido el 71% de las obras bajo su órbita y solo continuaba con casi el 8% de ellas. El restante 21% se las sacó de encima y las transfirió a municipios y provincias.
En números concretos, de un total de 2337 obras que estaban en ejecución al momento de asumir (algunas con retraso, otras casi detenidas desde tiempos de Alberto Fernández como presidente), 1668 se dieron de baja, casi 500 fueron transferidas, y solo continúan 183 proyectos de infraestructura.
Lo curioso es que estos datos no están ocultos, sino que fueron revelados por el secretario de Obras Públicas, Luis Giovine, un viejo conocido en nuestra provincia, ya que se desempeñó entre otros cargos como jefe de EPEC y titular de la ex DIPAS.
Giovine se jactó de esos brutales tijeretazos durante la convención anual de la Cámara Argentina de la Construcción (CAMARCO). “Encontramos 2337 obras, y lo primero fue analizar todo ese stock con varios criterios. Sin dudas, las obras de carácter municipal, como cordones cunetas y techados de pileta, eran lugares donde el Estado nacional no tenía que estar”, dijo el funcionario en ese encuentro con los popes de la construcción.

Ni el organigrama del Gabinete y sus funciones se salvaron del hachazo mileísta. El área de Obras Públicas de la Nación ya no tiene rango ministerial y ha mutado en una Secretaría dependiente del Ministerio de Economía a cargo de Luis Caputo.
En forma curiosa y salvando las distancias, Giovine ocupa a su manera el mismo puesto que durante dos años gestionó el exintendente villamariense Martín Gill durante la presidencia de Fernández.
Y de modo paradójico, Giovine ejecuta la paralización o demora en la construcción de la circunvalación, obra que había sido impulsada por Gill desde su despacho en Buenos Aires y que, quizás, sin su intervención no hubiera visto la luz.
En la web oficial de la Secretaría de Obras Públicas hay un mensaje que encabeza la presentación. “Desde una mirada federal implementamos estrategias para la optimización de los recursos, la planificación y el incentivo de la participación público privada”.
Nada dice sobre que la mayor parte de las obras canceladas se encuentran más allá de los límites del porteñocentrismo activo de este gobierno. Y que la mirada federal una vez más viene quedando en las buenas intenciones discursivas. Tampoco habla de que los nuevos proyectos en materia de infraestructura se cuentan con los dedos de ambas manos.
La obra pública sufrió así el mayor impacto de la motosierra libertaria, con el 23% del ajuste, seguido por las jubilaciones con el 19%, según explicó el economista Hernán Herrera en marzo pasado.
Según datos de la Oficina Nacional de Presupuesto, en 2024 la inversión real directa y las transferencias de capital fue la más baja desde el año 2002, en términos reales.
La inversión pública cayó un 77,3% real (es decir, considerando el efecto de la inflación) con respecto a 2023, según publicó el portal Chequeado.

Y este contexto desfavorable se alinea con la desinversión en Vialidad Nacional, organismo que ha sido borrado de un saque. Según Herrera, la inversión de la Dirección Nacional de Vialidad había caído un 72% en 2024 respecto a 2023.
Y nuestra provincia fue la segunda más afectada por este recorte, detrás de Buenos Aires, con el 80,6% negativo. Luego, le seguían Santa Fe (-77,8%) y Mendoza (-53,9%).
Datos, no relatos.
La incertidumbre y la preocupación en municipios y provincia es total. Y ya se vienen elevando reclamos por el mantenimiento de trazados que dependen de la Nación. Son miles de kilómetros de infraestructura vial que se prevé sean abordados por el sector privado para su explotación, pero no hay precisiones aún.
Por caso, los intendentes de localidades ubicadas a lo largo del tendido de la ruta 158 entre San Francisco y Villa María, ya pusieron el grito en el cielo. No solo que hace agua el proyecto de la autovía, quedan pendientes reparaciones y mejoras que nunca llegaron en algunos tramos de esta carretera de alto tráfico.
El presidente libertario critica el deterioro de las rutas nacionales y utiliza ese argumento para desguazar Vialidad Nacional. Vale preguntarse qué hizo su gestión en un año y medio para revertir esa situación. La respuesta está de más.
Circunvalación fantasma
“En el mismo tiempo que la Nación debería haber terminado el tramo de la circunvalación que le corresponde, la Provincia va a finalizar al arco sudoeste y sudeste para conectar las rutas 2, 4 y 9”, aseguró en una visita reciente el director de Vialidad Provincial Martín Gutiérrez.
Para finales de este 2025, el gobierno de Martín Llaryora prevé tener lista la obra de circunvalación “cordobesa”, que debería conectarse en algún momento con los tramos “nacionales”. Pero, esto no será posible en el corto plazo. Tampoco se puede asegurar que lo será en un periodo más o menos previsible.
La obra se anunció e inició en 2021. Su extensión de casi 14 kilómetros, con varios puentes en su trazado y con dos tramos bien diferenciados (autopista 9 a ruta nacional 9 y desde allí hasta la ruta nacional 158 y luego hacia la provincial 2) debería estar completa según los plazos originales en este 2025.
El puente a sin concluir sobre la ruta nacional 158, a la altura del barrio Poetas Argentinos en Villa Nueva, es una postal del deterioro y la desolación que deja la indiferencia oficial.

Una obra fantasma que muestra en otros puntos de su traza la dejadez de la falta de inversión y la dilapidación de recursos. Porque reanimar ese monstruo de hierro, piedra y cemento costará -si es que eso llegara a ocurrir- mucho más que lo que se dejó de invertir.
Durante más de un año no hubo movimientos. A mediados de 2024, la Nación transfirió varias obras para que las termine la Provincia. Pero, no fue el caso de la circunvalación: el gobierno de Milei, se comprometió a continuarla y finalizarla.
En abril pasado, el municipio anunció que se retomaban algunos trabajos menores. Hoy, desde el gobierno local apuntan que la obra está activa, pero “va muy lenta”.
Así las cosas, la Circunvalación es por ahora solo una muestra más de una inmensa galería de obras públicas que fueron paralizadas en nuestra ciudad y la región.

La proyección de enlace de la circunvalación con la futura autopista o autovía 158 la hacía cobrar una relevancia mayor, pero no hay novedades positivas tampoco de este proyecto largamente reclamado y luchado. No es que se encuentre paralizado o suspendido, ni siquiera hay señales para su concreción. Y todo pareciera ir de mal en peor con las expectativas en baja tras la disolución de Vialidad y un presupuesto incierto para su ejecución.
Es que, para Milei, la obra pública es fuente de corrupción y Vialidad Nacional, el sistema operativo que permitía canalizar esos negociados con los amigos del poder de turno. Los mismos de siempre, claro, con algunos cambios de nombres o cargos, quizás.
Pero, en vez de ponerse a trabajar en serio para depurar la suciedad del sistema, el gobierno de Milei prefirió realizar un frenazo intempestivo a la obra pública en general. Hizo la más fácil. Se lavó las manos.
Si lo que hacía falta era un mayor control de los “negocios”, de los pactos entre funcionarios y empresarios corruptos, o de la cartelización de la obra pública, lo más adecuado hubiera sido disponer de auditorías y abordar los casos de manera específica, antes que cortar de lleno las partidas presupuestarias y abandonar a su mala suerte las inversiones ultramillonarias que el estado argentino venía haciendo desde hace años.
Y contra lo que piensa el mandamás libertario, las obras de infraestructura son una de las mayores usinas generadoras de puestos laborales. Crea empleo directo e indirecto en todos los puntos cardinales de la geografía argentina, además de actuar como dinamizadora de economías locales y regionales.

Además de las reiteradas experiencias en la materia, organismos internacionales y estudios científicos sostienen que la inversión pública tiene un fuerte efecto multiplicador en la economía.
Un informe de la Central de Ideas del Banco Central estimó que cada peso invertido en obra pública genera 2,8 veces su valor en actividad económica adicional en el transcurso de un año, según citó el economista Herrera.
Pero, no solo es un motor para la economía. La falta de inversión en obras debilita la infraestructura de un país e impide su desarrollo. No solo se rompen o no se mantienen rutas, tampoco se construyen escuelas, sistemas de agua, cloacas, gas y pavimento, entre otras obras. Y, lo peor, se destruye un país.
Salvo que esa sea la intención original de este gobierno, tan bien camuflada en el discurso anti déficit y pro ajuste, con medidas que solo beneficiarán a “los argentinos de bien”.
Esos que no somos la mayoría, solo un reducido grupo sujeto a las leyes de un líder autoritario y alejado de la realidad de sus compatriotas.